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Con el baile a otra parte.-

La dirección del Teatro Nacional San Martín despidió a un tercio de los bailarines que integraban su ballet contemporáneo. Casi todos llevaban entre ocho y nueve años en esa compañía. Los despedidos aducen que tiene que ver con su “organización para reclamar por jubilación, aguinaldo y otros derechos laborales”. En diálogo con Agencia NAN, denunciaron que en el San Martín se «sobre exige» a los artistas y que “no hay respeto por la integridad física”.

Por Ailín Bullentini

Buenos Aires, diciembre 9 (Agencia NAN-2007).- Se enteraron de un día para otro. El jueves 30 de noviembre, cuando fueron a ensayar como todos los días. Por orden explícita de la dirección de la institución, siete bailarines del ballet contemporáneo del Teatro Nacional San Martín fueron desafectados del plantel. “Lo consideramos una traición. Ellos pueden alegar que los contratos son anuales, pero después de tantos años, casi todos los que fuimos separados de nuestros roles llevábamos entre ocho y nueve años en el cuerpo de baile, consideramos que la medida es un despido encubierto porque existía una relación laboral estable”, sentenció una de las bailarinas despedidas y delegada del ballet, Bettina Quintá, en diálogo con Agencia NAN.

Si bien la medida parece arbitraria, la realidad que cuentan los protagonistas revela que los problemas datan de unos meses atrás. En septiembre, y luego de sufrir varios accidentes durante los ensayos, los bailarines decidieron organizarse y comenzar a reclamar por los derechos que desde siempre les tenían vedados. “El ballet se creó hace 30 años, pero sólo de palabra, porque en realidad no existe oficialmente como organismo del estado y por lo tanto los bailarines no tenemos ni aportes de ART, de obra social ni jubilatorios y tampoco percibimos aguinaldo. Estamos contratados totalmente en negro y eso es por lo que estábamos reclamando”, aseguró Quintá.

Asombrada, reprodujo a esta agencia el discurso con el que el director artístico del ballet la despidió: “El teatro necesita gente que se ponga la camiseta del proyecto”. Sin embargo, para Quintá el mensaje fue otro: “Yo lo entendí como que el teatro tiene un proyecto y yo quiero construir otro, por eso no entro y la verdad es que es indignante que te censuren por reclamar por un derecho que es tuyo”, analizó.

Los bailarines que integran el cuerpo tienen que “convivir con una sobre exigencia física y psíquica y no hay respeto por la licencia. Se usa mucho la psicopatía para obligar a la gente a bailar –aseveró la artista– y hay mucho miedo a denunciar lo que pasa”. Como continuación de su protesta, los 23 artistas que integran el ballet decidieron suspender las presentaciones en Uruguay previstas para octubre. Según Quintá, esa fue el origen de la decisión que tomó el director del teatro, Kive Ftaiff, para dar de baja el último programa del ballet en Capital Federal, cuatro días antes de su estreno.

Sin embargo, los despidos no fueron trabas para los artistas. El mismo día que se enteraron, se comunicaron con la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), el gremio que los aúna, y exigieron una reunión con el por entonces jefe de Gobierno porteño, Jorge Telerman, que aún están esperando.

En tanto, también esperan “una respuesta de los directores ya que se echó gente sumamente reconocida en el ambiente artístico nacional”, subrayó Ernesto Chacón Oribe, otro de los bailarines despedidos, que fue distinguido como revelación en los Premios Clarín 2006 y este año está ternado junto a Julio Bocca y otros bailarines para recibir la estatuilla por Figura en Danza.

“Destapamos una olla bastante grande”, opinó el bailarín, también delegado de ATE en el teatro. Según su propio análisis, no alcanza con los acuerdos que mantienen con ciertos empleados del teatro, que concuerdan con los reclamos de los bailarines “sólo de palabra”, porque “las personas que manejan los presupuestos tienen sus negocios ahí adentro prefieren no blanquear nada”.