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“el cine ahora es más accesible para todos”

andrés borghi

Fotograma de Coso. Andrés Borghi

 

Andrés Borghi es un artista inquieto y arriesgado que entre películas de culto, programas de humor bizarro y arcades terroríficos supo hacerse un nombre en el underground más nerd y cinéfilo. Hoy cualquier persona que frecuente eventos del palo como el Buenos Aires Rojo Sangre (BARS) o el Muere Monstruo Muere con seguridad conoce a Marcelo Riesgo -protagonista de Nacido para morir-, jugó al videogame The black heart o escuchó hablar del cortometraje Alexia. Pero fuera de este ambiente, Borghi es un artista prácticamente desconocido que, a pesar de haber recibido un premio en Nueva Zelanda de manos del mismísimo Peter Jackson, no ha podido traspasar las fronteras del underground y el submundo de la cultura pop, quizá por su humor extravagante o sus ideas osadas que espantan a los inversores y las productoras comerciales que suelen ser más bien conservadoras.

 

Andrés nació en el barrio de Ciudadela, Oeste de la provincia de Buenos Aires, el punto cardinal donde Divididos asegura que está “el agite”. De niño se divertía realizando actividades relacionadas siempre con lo creativo: jugaba a crear revistas, dibujaba historietas o escribía cuentos. “Creo que también tiene que ver que mis viejos son pintores y escultores, y en general mi familia siempre tira para el lado del arte: mi hermano es músico, mi hermana es música también y mi otra hermana es pintora y escultora”, cuenta Andrés.

 

Sus influencias más tempranas como espectador provienen de películas como La historia sin fin (1984), la que asegura haber visto alrededor de 10 veces. “Mis viejos nos llevaban al cine a mí y a mis hermanos y veíamos las películas una y otra vez. De esa época me acuerdo también de Laberinto y ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Después tuvimos videocasetera y recuerdo haber visto Robocop a una edad muy temprana. Fue una película que me traumó bastante porque al protagonista lo matan a tiros. También vi alguna que otra de Freddy Krueger y ya de más grande empecé a alquilar películas elegidas por mí, y ahí se vinieron Martes 13, Evil dead o La noche de los muertos vivos. Creo que ahí arranca mi cinefilia.”

 

Años más tarde se sumarían nuevas influencias a su bagaje cinéfilo. Además de ser un fan incondicional de Sam Raimi (“Como le pasa a todo el mundo que hace terror”) y su Evil dead (1981), película fundacional del cine de terror cómico y bizarro, Borghi también se reconoce admirador del J-horror o cine de terror japonés, ese que supo explotar a mediados de los 2000 en nuestro país con películas aterradoras como la llamada, Dark Water (2002), Ju-on (2003) o Kairo (2001).

 

Acusa a los maestros del terror contemporáneo Stephen King y Clive Barker como influencias literarias y confiesa haber sido un amante del animé más clásico estilo Dragon ball, Caballeros del zodiaco o Akira. En la actualidad disfruta leyendo el manga Berzerk de Kentaro Miura -una historia de fantasía medieval que mezcla varios géneros y ya lleva 38 volúmenes publicados- y las obras del mangaka Junji Ito, autor de Uzumaki y otras historias de terror extrañas y originales: “Me gusta porque tiene un enfoque muy creativo al hacer terror, siempre es inesperado, muy visual, grotesco, y eso está muy bueno.”

 

Su primer acercamiento a la creación cinematográfica llegó gracias a una cámara filmadora que le regalaron sus padres. Tenía 11 años y a partir de ese momento comenzó a hacer cosas creativas desde lo audiovisual.
Junto a su primo, compañero de aquellas tempranas experiencias, jugaban a hacer cine: filmaban cortos caseros que parodiaban algunas de sus películas favoritas como The terminator (1983) o The karate kid (1984). “Con mis amigos inventábamos muchos juegos, yo escribía cuentos, dibujaba un montón de cosas, y en algún punto me interesó también abarcar lo que es el cine y adaptar todo esto al lenguaje cinematográfico. Les hinché a mis viejos hasta que me regalaron una cámara. Mis primeros pasos fueron algunos cortometrajes que hice con mi primo hace mil años, todo a nivel casero, solo lo veían mis hermanos y mis amigos. Hicimos una parodia de Expedientes secretos X, que estaba de moda en esa época y más adelante ya en la secundaria hice un largo llamado Necrópolis, muy casero también. Podría decirse que esa fue mi primer incursión ya más de lleno en el cine.”

 

Empujado por su inquietud y creatividad, Andrés diseño un videogame con un programa llamado M.U.G.E.N que encontró de pura casualidad en Internet. El juego se llama The black heart y es un arcade de lucha en 2D con personajes que van desde espíritus malignos el estilo del cine japonés hasta una diosa araña o un gusano de otra dimensión.
El más conocido de sus cortometrajes es Working Day (2010), ganador de un concurso de cortometrajes organizado por Barrie Osborne -productor de El señor de los anillos– y filmado en Nueva Zelanda. Working day, escrito y dirigido por Borghi, fue elegido entre más de 1000 guiones y compitió contra 5 finalistas quedándose con el ansiado primer puesto. Dijo Peter Jackson sobre este corto: “Working day se destacó como una pieza narrativa fresca y original. Es una obra extremadamente lograda y definitivamente estaré atento a los futuros trabajos de Andrés”.

 

Sin embargo, a pesar de estos galardones, su trabajo más reconocido hasta la fecha es Nacido para morir, el último largometraje de este artista polifacético e hiperactivo, secuela de Bailando con el peligro. A ambas películas las une el director y su protagonista, una parodia extrema de James Bond encarnado por Marcelo Riesgo, agente secreto argento y bizarro. Bailando con el peligro es una comedia de acción de muy bajo presupuesto, un film clase Z de puro humor delirante, tiros y artes marciales, mientras que Nacido para morir, con un nivel técnico, estético y narrativo muy superior a su antecesora, oscila entre el homenaje y la parodia de las películas de acción y policiales de los ’80, con un Marcelo Riesgo interpretado por otro actor y el propio Andrés Borghi desplegando sus dotes de artista marcial como el experto en kung-fu Guadalajara Man.

 

—¿De dónde surge el personaje de Marcelo Riesgo, el protagonista de Bailando con el peligro?

—La idea de Marcelo Riesgo viene de uno de los cortometrajes que había hecho con mi primo cuando era chico, donde hacíamos una especie de parodia de James Bond. 10 años después quise hacer mi segundo largo, pero esta vez que no sea de terror como lo fue Necrópolis. Quería que fuera una comedia. No recuerdo por qué se me ocurrió retomar este personaje, porque tampoco era un personaje al que le habíamos tomado cariño cuando lo hicimos con mi primo. Empecé a escribir una historia alrededor de un agente secreto, básicamente acumulaba chistes que quería contar e imaginaba que quedarían graciosos en una película, y al tener muchos chistes acumulados empecé a tejer una trama alrededor de ellos y eso también me iba generando a los personajes que iban a protagonizar esa historia. Esa fue la fórmula que usé.

—Teniendo en cuenta el casi nulo presupuesto con el que contaban ¿Cuánto tiempo de rodaje les llevó finalizar el largometraje?

—El rodaje fue muy largo, habrá durado un año y medio o dos aproximadamente, y fue parte en época de secundaria y en época de facultad también, cuando empecé a estudiar cine. Iba acumulando gente. Al principio eran amigos de secundaria y después también había amigos de la facultad con más conocimiento, por eso quedó esa cosa medio extraña donde se nota que hay escenas hechas mucho mejor que las otras. Pero fue muy divertido, fue una película hecha con amigos, sin mucho más pretensión que eso. Lo financié con mi plata, muy de a poco, y la saqué adelante poniéndole onda. Como éramos amigos y la pasábamos muy bien haciéndolo, ellos confiaban en que iba a estar bueno, por eso la pudimos hacer. Si no tenés plata, la manera de financiar las cosas es con onda y haciendo que la gente se sienta bien y la pase mejor.

 

—Hay un evidente salto de calidad entre Bailando con el peligro y Nacido para morir, no solo en el tema del prepuesto sino también en cuestiones técnicas y estéticas.

—El salto de calidad de Nacido para morir tiene que ver con que la hice 10 años después de Bailando con el peligro. Ya había mejorado un montón porque en el medio había hecho un montón de cosas como el corto Otakus, Working Day y otro corto que se llama Dedicado a nadie. Ya tenía más experiencia. La escribí de la misma manera que la anterior, acumulando chistes y armando personajes en base a esos chistes, respetando que era la secuela de otra película pero también teniendo en cuenta que se tenía que poder entender sin haber visto la otra. Es algo parecido pero a una escala más grande y más profesional, donde además de amigos participaron profesionales del medio, gente que sabía de fotografía, de sonido, etc. La música la hizo mi hermano que ahora es un profesional de la música para cine. Algunos actores repetían su papel de la película anterior y a otros los tuve que cambiar por un actor más profesional.

 

—¿Cual fue la importancia de reestrenar la película en la popular plataforma Youtube?

—Estrenar la película en Youtube fue algo que hice luego de haberla pasado en festivales de cine, varios centros culturales y muchos lugares de proyección. También la estrenamos en el cine BAMA. En realidad no es que la estrené en Youtube, sino que era el lugar donde me quedaba poner la película. Es una película muy extraña que, más allá de que a la gente le guste, los distribuidores no se interesan mucho en ella porque temen que sea muy rara. Es un género particular, no se trata solo de comedia sino que es comedia de acción, entonces es algo extraño y los distribuidores no se arriesgan a llevarla a Netflix o a las cadenas de cine. Digamos que básicamente llegó un punto donde no me quedó otra que subirla a Youtube. Igualmente lo hice con placer porque ahí está mucho de mi público, y ahora también la puede ver quien quiera, no hace falta que vayan a las proyecciones. Fue darle un cierre al camino de la película que ya tiene como 2 años.

 

—Para las generaciones más jóvenes es normal y cotidiano ver una película en Youtube, reproducida desde una notebook, una tableta e incluso un celular. ¿Qué opinás de estas nuevas formas de ver cine?

—Es parte del progreso. El cine ahora es más accesible para todos, hay mucho más para ver todo el tiempo. Eso es algo que no se puede evitar ni cambiar. Y está bien también que la gente pueda disfrutar del cine en su casa y como quiera. Siempre va a ser mejor verla en el cine, si la película vale la pena, ya que el tamaño de la pantalla no es lo mismo. Vos en un televisor ves todo al mismo tiempo, pero en una pantalla de cine algo que va de izquierda a derecha te obliga a mover la cabeza en esa dirección, y eso genera otra cosa. Siempre va a ser mejor verla en el cine por la calidad del sonido, la oscuridad, el tamaño de todo, pero también entiendo que para ir del cine hay que salir de casa, hay que pagar un montón de plata, hay que bancarse a la gente que hace ruido. Creo que las dos cosas están bien. Siempre va a ser mejor verla en el cine, pero la experiencia de verla en tu casa es otra cosa, y también es válida.

 

—Coso es una serie de cortos realizados junto a Marcelo Yañes y Ariel Sotomayor que saca provecho de estas nuevas plataformas y hoy en día se publicita en redes sociales y se puede ver por Youtube ¿Cómo nace este proyecto que ya lleva 20 capítulos?

Coso surgió como una idea de los chicos de Toronja Producciones. Ellos querían hacer videos cortos de humor que no tuviesen mucho sentido y que fuese un solo gag, rápido y efectivo. Les dije que me copaba la idea, me metí de prepo y lo fuimos armando con ideas que se nos ocurrían cuando nos juntábamos. Son cortitos unitarios de entre 1 y 3 minutos, algunos tienen incluso referencias nerd a videojuegos, comics, películas, anime, etc. Hasta ahora tenemos 20 capítulos y pensamos seguir sacando. Nunca nos impusimos un límite de cantidad.

 

pulpa@lanan.com

Nº de Edición: 1708