/Leé

sobre lisergia, máquinas y bondis

reseñas

quemaQUEMA (ARIADNA CASTELLARNAU, GOG & MAGOG)

Es una novela de ciencia ficción post-apocalíptica dividida en ocho relatos que hilvanan través de las voces y los diferentes puntos de vista de sus protagonistas para narrar una historia colectiva de decadencia y  olvido, en la que personajes atomizados conviven con el dolor y se resignan a ser espectadores del ocaso de la civilización. En la novela, ganadora del VI Premio Las Américas, el mundo actual ha dejado de existir para transformarse en un infinito páramo de desolación, delirio y enfermedad, donde el hambre y la mugre se transforman en personajes activos que atormentan a los pocos pero persistentes hombres que insisten en no rendirse ante el dolor.  En Quema no importa que fue lo que llevó a la sociedad a ese estado de caos pesimista, ni como, ni cuándo. Lo que realmente importa son las secuelas que dejó en los supervivientes y las consecuencias a largo plazo con las que debe lidiar una humanidad desesperanzada, que parece destinada a depender de los instintos más básicos, sin sensibilidad, empatía, y todo eso que nos diferencia de los animales. En fin, Ariadna Castellarnau debuta con una notable novela. /Marcelo_Acevedo.doc

 

 

 tapa_la-maquina-de-rezarLA MÁQUINA DE REZAR (BOB CHOW, EDITORIAL MARCIANA)

Un Batman iraquí, marihuana con nombre de tecnología alienígena, una película experimental de superhéroes, prostitutas en venta, teorías conspirativas y paranoicas,  el instituto SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), y un sinfín de delirios posmodernos le dan forma a La máquina de rezar, la tercera novela de Bob Chow, talentosísimo escritor con pseudónimo de pistola china. Chow pasea al lector con su prosa exquisita por la parte más drogona de Europa y la más heavy de Oriente Medio, con una catarata de referencias a la cultura pop, pero también a la academia, entre  párrafos de literatura psicodélica de alto nivel y personajes construidos de manera exquisita. El protagonista de La máquina de rezar —un historietista al que su abuela comechingona-bruja apodó “Ultravisitor” en sueños— se enamora de Valentina, la batichica de una película experimental, interracial y de bajo presupuesto dirigida por (¿Francois?) Ozon. Y es ese amor —y calentura— lo que los lleva a un viaje metaliterario a través de paisajes reales y ficticios, entre delirios y fantasías desaforadas.  En definitiva, se trata de un relato de aventuras y locura controlada en manos de uno de los escritores argentinos más originales y lisérgicos de los últimos tiempos. /Marcelo_Acevedo.doc

 

 

bondiBONDI (DIEGO ARBIT, MILENA CASEROLA)

En tan solo 88 páginas Diego Arbit condensa una nouvelle urgente, cruda y violenta entre párrafos cortos pero contundentes, en el que los viajes en colectivo, sus choferes, los pasajeros, los vendedores ambulantes y todo el desfile de personajes de la vida cotidiana son los protagonistas de las historias narradas por este escritor de la undervida. Arbit parece tener cierto apremio por contar estos relatos sórdidos, trágicos, que sacan a relucir el lado oscuro del “vecino” de a pie, levantando el polvo de la mugre de la calle y exponiendo una entorno artificial que, sin embargo, se nos antoja familiar porque es indistinguible de esa realidad que golpea diariamente, sin piedad, y cuando menos se espera. Ahí están todos esos personajes malditos, difíciles de clasificar, entre fantásticos y cotidianos: el exacerbado vendedor de billeteras, los colectiveros merqueros y violadores, un enano fiestero, un chofer que llora cada vez que baja un pasajero, y los asientos y pasillo del colectivo como escenario de una comedia negra infinita. O como dice Juan Xiet en la contratapa: “Toda esa fauna de seres y sensaciones, verídicas, fantásticas por la mugre de la realidad que somos”.  /Marcelo_Acevedo.doc

 

 

las-carnes-se-asan-al-aire-libre_oscar-tabordaLAS CARNES SE ASAN AL AIRE LIBRE (OSCAR TABORDA, MARDULCE)

La repetición, la ritualización de un viaje de pesca y caza al Delta del Paraná por parte de tres amigos (“uno”, “el pelado” y “el tercero”) es el catalizador de una serie de energías, disposiciones y reacomodos frustrantes que traen el crimen y el delirio a la superficie. Para que esto ocurra, claro está, siempre son bienvenidos el alcohol y las armas de fuego. La escritura de Oscar Taborda es un cazador solitario. Se detiene a brillar de manera personalísima, cáustica, y a la vez pletórica de ecos de ese estilo que ya parece pertenecer a las historias argentinas que ocurren en los ríos del litoral. La tercera persona en que está escrito este libro permite al lector imaginar los hechos como si estuviera debajo del agua. La nitidez, incluso la translucidez, cargadas de materia, sin aire. En el relato de estas cuatro jornadas Taborda pone la lupa, con humor e ironía, tanto en la naturaleza para desbarajustar su solemnidad, como en las existencias de sus protagonistas, desparramadas en lo predecible. El Delta, entonces, es un paisaje onírico, cuando no fantasmal. Y ellos tres son su fauna ciega.

 

Esta novela es como un largo sueño (o pesadilla) etílico de varios niveles, en el que la confirmación de no estar despierto la da la certeza y el aplomo de los hechos bajo algo (el cielo) que no es de este mundo. La sensación de irrealidad y las fantasías extraterrestres tienen su correlato fatal: nada como la muerte para sentirse vivos. Las carnes se asan al aire libre, publicado por primera vez en Rosario en 1996, dice: lo usual, nuestras vidas comunes nos preparan, de forma lenta e imperceptible, sin preavisos, para lo insólito y el embrutecimiento. /Pedro_Spinelli.doc

 

doce-barrancas_martin-wilsonDOCE BARRANCAS (MARTÍN WILSON, NOTANPÜAN)

¿De qué servirán los talismanes, las novelas de Karl Ove Knausgård, si papá está mal, si los asados de egresados terminan en orgías oscuras y el amor no se apersona; si alrededor de la mesa solo se ven caras iluminadas por la pantalla del teléfono? En su primer libro de relatos, Martín Wilson cuenta la historia de un hombre de San Isidro vive mucho. Una caída: los noventa. Un desgarramiento: el paso a la adultez. Una pérdida: su padre. Con tristeza y bronca viaja en el tiempo. La felicidad y los ochenta. Los noventa y la pérdida de conocimiento. Los dos mil, el spleen. Doce barrancas es un recuento del pasado que muestra los costos de vivir y haber y crecido en una porción de tierra costera con reglas y dinámicas particulares: el hedonismo, la ambición, el alpedismo, la falsedad y la culpa. Pero también el amor filial, el conocimiento profundo del terruño y la amistad sin condiciones.

 

El protagonista de estas memorias revisa lo que Philip Roth llama “patrimonio”, en pos de una calma que termina por vislumbrar en la no lucha y la pequeña rutina; un salvoconducto a la dicotomía entre afectación o aislamiento. Wilson escribe, en una prosa desplumada, norteamericanamente hábil en armonizar dureza y sentimentalidad, una larga carta de amor llena de reproches, ternura y crudeza, al lugar que lo vio crecer. Porque mientras narra su numeroso y largo adiós, hay algo a lo que no renuncia y que no lo abandona: las barrancas, el río (y “nuestro mar: la Panamericana”), su sentido de pertenencia. /Pedro_Spinelli.doc

lee@lanan.com
 

Nº de Edición: 1664

/A-
GEN
-DA