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“me gusta la ciencia ficción como disparador”

césar sodero

Fotografía: Giuliana Trucco

¿Cuáles son los cruces entre ficción y realidad, entre lo artificial y lo natural? Cuestiones como éstas atraviesan el cortometraje Una mujer en el bosque, dirigido por César Sodero, que forma parte de la duodécima edición de Historias breves y representó al país en último Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges. Sodero además es escritor, y la editorial Alto Pogo publicó este año Sierra Grande, una antología de cuentos de su autoría. Desde la literatura y el audiovisual, hablamos con él sobre la creación y el hacer artístico.

 

El bosque como espacio de misterio en el que Sofía (Elisa Carricajo) se abre paso, libre, entre los cuidados que le brinda Jorge (Marcelo Subiotto), su pareja. Entre la vegetación y una casa en el medio de ese paisaje se desarrolla el cortometraje de César.

 

—¿Cómo y cuándo surge la idea de Una mujer en el bosque?

—Fue hace bastante. La otra vez me pasó algo muy loco, encontré fotos de mi casa antigua, de la que me mudé en 2010, y no sé por qué tenía algunas de una habitación donde había un pizarrón y ahí decía “una mujer en el bosque”. Ya en 2010 había una idea de lo que se iba a hacer en el corto, que lo escribí en el 2011, en 2012 gané Historias Breves, y lo terminé en el 2015. Surgió como me surgen la mayoría de las historias y los cuentos, con imágenes, siempre pienso con imágenes, me acuerdo que me imaginé una mujer robot en un bosque con su marido y a partir de ahí inventé el resto. Me vino una cosa más agreste y después en unas primeras versiones del guión había una cosa más urbana, y tiempo antes de filmar me di cuenta que quería sacar el futuro, que siempre está más relacionado con los colores blancos, azules, y lo llevé hacia otros colores, lo transformé en algo mas atemporal y me centré en el vínculo de ellos dos. La ciencia ficción es una excusa para contar otra cosa.

 

—¿Cómo elegiste a los actores para los personajes de Jorge y Sofía?

—A Marcelo Subiotto lo encontré, había ido a ver una obra de teatro que se llama Cineastas y lo vi ahí y me encantó, y después lo vi en La luz incidente, película en la que trabajé con el director Ariel Rotter, y me pareció un tipo con muy buena onda, eso era fundamental, necesitaba gente con confianza. Para mí fue genial trabajar con él porque fue muy generoso y dedicó mucho tiempo también. Y a Elisa, cuando lo encontré a Marcelo pensé en ella, necesitaba alguien así, que cuente mucho con la mirada, y fue perfecta, tiene una cosa muy intensa, y es muy profesional.

 

—¿Cuál es el lugar del género en el corto?

—A mí me gusta la ciencia ficción pero como disparador de otras cosas, no me interesa el género en sí mismo, si no como generador de preguntas.

 

—¿Quiénes son tus referentes al momento de pensar en contar historias con la ciencia ficción como excusa?

—Me gusta mucho Philip Dick, de hecho creo que tiene mucho de él. También me gusta mucho Stanislaw Lem, el polaco que escribió Solaris y que tiene una novela que se llama Retorno a las estrellas que es una historia de dos astronautas que vuelven del espacio cien años después y por estas cuestiones de la teoría de la relatividad, no queda nadie de toda su familia. Es la historia de esos dos tipos solos en un mundo que no les pertenece, desolado, tratando de encontrar su lugar y nadie los reconoce. Lem es un tipo que escribe sobre ciencia ficción pero no se basa tanto en la parte tecnológica si no que a partir de estos pequeños incidentes narra dramas humanos tremendos, no importa tanto el contexto en el que están los tipos, sino todo lo que les pasa.

 

—¿Cómo y por qué llegaste a hacer cine?

—Estudié cine, pasé a filosofía, después volví al cine y trabajé -y trabajo- mucho en la parte de producción audiovisual. Siempre me interesaron las imágenes y creo que la forma que tengo de escribir es muy visual. Siempre quise hacer cine, pero por esas cosas del trabajo y demás fui postergándolo, hasta que me dije “bueno, es ahora”. La verdad es que siempre quise hacer películas.

 

De Historias Breves a la pantalla internacional. Una mujer en el bosque formó parte de la última selección oficial del Festival de Sitges, dedicado al cine fantástico, y estuvo acompañado por otros títulos argentinos como los largometrajes La Valija de Benavidez, de Laura Casabé, Kryptonita de Nicanor Loreti y Terror 5 de Federico y Sebastián Rotstein.

 

—¿Qué significó para vos llegar al festival de Sitges?

—Yo quería entrar al festival y dije “bueno, me la juego”. De hecho tenía un listado de festivales adonde lo quería mandar, y Sitges fue el primero. Cuando salió la programación y vi que estaba con quince cortos más en la competencia oficial y que me eligieron entre más de cuatro mil cortos, no lo podía creer. Estuve hablando con Eduardo Calcagno que está dentro del comité de Historias Breves y ellos están muy contentos que el corto esté participando. Estoy teniendo un año muy bueno.

 

Pensar y crear a partir de las imágenes. En formato de cortometraje y de cuento, César Sodero cuenta historias que sorprenden y que forman parte de la vida cotidiana. En la antología Sierra Grande, publicada este año por la editorial Alto Pogo, nos pinta un mundo y muchas vidas.

—¿Por qué una serie de cuentos en ese lugar?

—Yo nací en Sierra Grande y desde hace un tiempo tenía ganas de escribir un libro que se llame así y que dé cuenta de alguna manera de mi vida con mis amigos en los años noventa en ese pueblo. No como una biografía, sino que dé cuenta de esas sensaciones, ese imaginario, esas cosas que estaban en el aire en esa época. Después me empecé a dar cuenta que por ahí el libro era mucho más que eso y también que estaba inventando un lugar, partía de un lugar real pero para inventar otra cosa y a partir de ahí empezaron a surgir las historias, tenía ideas y sensaciones más que cuentos, y empecé a escribirlas.

 

—¿En Sierra Grande se construye un mundo entre amigos y el descubrimiento de la pre adolescencia. ¿Pensaste el libro como totalidad o los cuentos fueron uniéndose?

—La literatura es una búsqueda siempre, de un tono, de un ritmo. A veces uno quiere contar algo y no sabé bien cómo, y aunque lo escribas sentís que falta. El último cuento es el que más me gusta, es como un resumen de todo el libro. Hay momentos en  los que hacés como un quiebre y pasas a otra etapa. Con ese cuento sentí que había encontrado algo con lo que me sentía muy identificado, entonces es el que más me gusta porque aparte es como un cierre del libro y siento que a partir de ahí empecé a escribir otra cosa. Siento que encontré una técnica.

 

—¿Hay una relación directa entre la literatura y el cine cuando escribís?

—Me pasa una cosa muy loca que es que las cosas que escribo como literatura no me las imagino como películas, me cuesta ver ese salto. Es verdad que pienso mucho en imágenes en los dos casos, pero cuando algo surgió como un cuento es un cuento, me cuesta imaginármelo como otra cosa. Y el cine tiene esa cosa muy adrenalítica, muy física, que tal vez la literatura no tiene. Sobre todo cuando le vas encontrando el ritmo, es increíble. En la literatura siento que puedo tener más libertad de hacer cualquier cosa y en cine escribo pensando en cómo se realizaría eso, y quizás eso me limita un poco. Estoy pensando todo el tiempo cómo se produciría, si es posible o si no lo podés realizar. Esas condiciones de producción me hacen pensar distinto.

 

—¿Por qué vale la pena hacer cine?

—Yo creo que el gran triunfo del cine es hacer una película por todo lo que genera. Yo respeto mucho a los tipos que logran hacer una película porque es una cosa muy excepcional para la dinámica cotidiana en la que vivimos, vas contra la corriente. También hay muchas formas, podés hacer una película como las filma Perrone, que filma mucho, seguido y no necesitás tanta estructura. Cada director que hace una película responde a esa pregunta, qué es el cine para cada uno.

 

—¿Cuál es la importancia de contar historias?

—Me parece que la literatura si está buena siempre despierta en el lector lo que uno estuvo escribiendo, eso y mucho más también. Ahora, por ejemplo, estoy leyendo a Cormac McCarthy que me encanta y es un escritor que trabaja sobre cosas que uno siente A veces hay gente que lee y me llama y me cuenta cosas que yo no había pensado. Lo mismo con el corto, hay gente que hace lecturas que te la dicen con mucha certeza. Por ejemplo la gente de Sitges me decía que le había gustado mucho porque el corto hablaba de violencia de género, del rol de la mujer, y la verdad es que yo nunca había pensado en el corto así, y puede ser que sea eso también. Siempre es el lector, el espectador el que completa, el que da su aporte, y a veces es mucho más interesante que lo que uno puede decir.

 

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Nº de Edición: 1665