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experiencia sensorial de sanación

dat garcia presenta maleducada

“A mi hermanito no le salía decirme Nati, me decía Dati”. El apodo, finalmente, mutó a Dat y así la llaman desde siempre la mayoría de sus amigos y familiares. Aunque artista (público) y persona (íntimo) suelen ser dos planos distintos, Dat García no tuvo que construir otro personaje a la hora de bautizar su proyecto artístico. Es que la productora, compositora y cantora de Monte Grande acaba de estrenar Maleducada, su primer disco editado bajo el sello de música electrónica y proyección internacional ZZK Records, que abraza también las propuestas musicales de King Coya (Gaby Kerpel), El Remolón (Andres Schteingart), Chancha Vía Circuito (Pedro Canale),Villa Diamante (Diego Bulacio), La Yegros (Mariana Yegros), Lagartijeando (Mati Zundel), Tremor, Súper Guachín, entre otros. “Dat García soy yo, ando por la vida así, no es un personaje que cree. Cuando empecé con Zizek, le copó muchísimo la estética de mi proyecto. En la expresión no está solo lo que querés decir y hacés escuchar, sino también lo que ves. Por eso, el show del viernes tendrá muchas intervenciones de los sentidos. Va a haber espacios interactivos y una DJ de aromas: ella interpreta de acuerdo a la música y te lleva un viaje de agua, bosques o flores. Está buenísimo que ir a un show te estimule todos los sentidos, que sea una experiencia multisensorial”, adelanta y propone García.“Si voy a un recital y estoy mucho tiempo sentada, me aburro”, lanza. “Mi propuesta es que entremos todos en una misma sintonía”.

 

Uno de sus maestros es Pedro Canale (Chancha Vía Circuito), artista de ZZK que se hizo conocido por aportar un remix de “Quimey Neuquén” (cantada por José Larralde) en la serie Breaking Bad. “La primera vez que fui a una fiesta Zizek estaba tocando Pedro, todavía no lo conocía. De repente estábamos todos bailando, recontra volados, en trance . ‘¿Quién es este chabón que generó esto?’ Se armó una comunión tribal, el origen de la música es ése”, sostiene. De hecho, el sello que la cobija propone un encuentro entre las músicas ancestrales y los instrumentos digitales. Un cóctel que combina folklores latinoamericanos (con la cumbia como centro), instrumentos orgánicos y sintes, samplers y mucha computadora (remix, mashups). “Hice talleres de producción musical con Pedro, que vive en Adrogué, y aprendí a usar muchas de estas herramientas”, cuenta. Grant Dull, uno de los fundadores de ZZK, la vio tocar en Niceto y la convocó para grabar en el sello. “Zizek para mí representa toda la música que me gusta, una mezcla de música tradicional con electrónica. Yo venía re copada con el formato de hacer música por mí misma. En el sello no hay bandas, es música electrónica pero sin ser DJ’s, son productores”, precisa.

 

Dat vive a pocas cuadras de la estación de Monte Grande, en el partido de Esteban Echeverría. A doscientos metros de su casa con calle de tierra hay una tranquera y un poco más allá asoma una tienda de disfraces que tranquilamente se podría encontrar en el centro porteño. Una postal muy conurbana. Vive con su hija Kira, una preciosa bebé cachetona, y varios gatos que se apropian de los sillones. Su estudio de grabación también está en su casa. “Si fuera por mí, retocaría todo el tiempo las canciones”, se ríe. “En general, tengo una idea en la cabeza, con letra y música, y busco los sonidos más parecidos a eso”, cuenta sobre la construcción de las canciones. En el cuarto de trabajo, hay guitarra, charango, flauta y muchos instrumentos de percusión. Y una computadora que siempre está prendida, claro. “Según la estructura y el tamaño del lugar, puedo ir con la compu y un controlador, o con todos los sintes y el set completo. Me adapto al momento y al lugar. Ahora estoy tratando de tocar menos instrumentos, porque no tiene sentido ser la mujer orquesta, y expresar un poco más. No estar tan escondida detrás de la computadora y estar más cerca de la gente, cantar más. Por eso, toco algunos instrumentos en vivo y disparo pistas”, dice sobre la defensa de sus canciones.

Dat se considera sobre todo una cantautora y de eso se nutre Maleducada: de canciones compuestas para la ocasión que retratan desde las letras un profundo proceso personal e íntimo. “Vengo de hacer canciones, ésa es mi raíz. Antes que todo, soy compositora, después vinieron las herramientas. La música es un viaje y para eso hay recursos sonoros. Me di cuenta que la composición no pasaba solo por la expresión de la voz y las letras, sino que pasaba por un montón de capas rítmicas y armónicas. Entonces, en este disco me puse a explorar en eso”, explica. “Si bien toqué en proyectos de metal y jazz, en mi casa siempre hubo bombo legüero, guitarra, caja; entonces el origen de mi música viene de ahí”. Su educación musical se nutrió desde temprano con discos de Teresa Parodi, José Larralde, Mercedes Sosa, las Hermanas Arias. “Era la música que había en mi barrio, en mi casa por mis tíos”, dice. En su primer disco, Ermitaño interior (2014), la influencia folklórica era más fuerte.

 

En Maleducada, se transforma en una especie de coplera pop y propone un recorrido de canciones que toma elementos de la cumbia (“La pincelada”), la música andina (“Feliz cumpleaños”), el hip hop (“Regreso a casa”) pero que no que se da en las formas, sino en el contenido y el concepto. “No me gusta que me encasillen en el folklore electrónico o en un estilo particular. En lo mío lo tradicional no está tan presente, es un sonido más urbano y heterogéneo”, enfatiza. La única composición que no es de su autoría es una versión de “Canción para bañar la luna”, de María Elena Walsh. “Es una de mis grandes musas. Porque recorre un montón de estilos argentinos y latinoamericanos, como la baguala, la chacarera o la zamba, con un lenguaje muy cercano a los chicos y muy profundo. Y cuanto más grande soy más entiendo lo que decía. Su composición era súper rica, desde lo melódico y lo instrumental. Creo que llegué jugando a esa versión”, cuenta, mientras intenta mantener entretenida a Kira, que no para de balbucear.

 

El disco, en general, transita climas calmos y por momentos oscuros y psicodélicos. En esta sintonía, las letras reflejan una etapa de transmutación y sanación en la vida de Dat. “Tuve cáncer y estuve haciendo quimioterapia y rayos durante casi dos años. Me la pasaba internada y estaba conectada todo el día con el suero. Entonces, como no me podía mover ni hacer nada, me llevaba los sintes y la compu, y me armaba un mini estudio en el hospital. No podía llevarme el bombo y la guitarra, tal vez por eso este disco es más electrónico. Casi todo el disco lo compuse en el hospital. Por eso tiene una carga emocional fuerte”, se explaya y en sus palabras se nota que pudo superar espiritual y emocionalmente la enfermedad. “Estoy agradecida de haber pasado por esta situación porque me sirvió para abrir los ojos de alguna manera”, dice la artista de 33 años que estudió canto y saxo en el conservatorio.

 

—¿Por qué?
—Me di cuenta que por tratar de ser buena estudiante, buena música, buena empleada y buena hija, sobre todo, me olvidaba de ser un buen ser conmigo mismo: cuidarme, dormir, alimentarme bien, hacer ejercicio y descansar. Hacía desarreglos hasta que el cuerpo me dijo “pará”’. ¿Viste cuándo decís: “no me puedo enfermar porque tengo que hacer tal cosa”? ¿Cómo no voy a poder parar? El cuerpo es el envase que te tocó y hay que cuidarlo. Nos olvidamos que tenemos un solo cuerpo… hasta que te agarra un cáncer y terminás internado. Es el medio para movernos en el mundo. Fue un aprendizaje. Entendí muchas cosas. Empecé a contemplar otros niveles de felicidad. Me pasaba, incluso, que estaba enferma y débil después de la quimioterapia, y quería seguir el ritmo de antes. Pero el cuerpo me decía: “No, te quedás acá, no vas a ningún lado”. Está bueno bajar un cambio y empezar a sentir desde ahí.

 

—¿Qué cosas aprendiste?
—El primer aprendizaje fue saber que no me podía levantar a las cinco de la mañana si me había acostado a las tres. Aprender a respetar el cuerpo y también ponerles freno a los demás, que también te piden y te exigen. Uno mismo quiere complacer a los otros. Viene de la educación familiar. Mis viejos están separados. Siempre paso Navidad con mi mamá y Año Nuevo con mi papá. Y el primer año, después de la enfermedad, quería estar con Gaby (Kerpel) y le dije a mi mamá que no iba a ir para Navidad y se re enojó. Entonces, aprendí a no hacer cosas que no quiero. La mente lo que hace es decirnos: “mi mamá no me va a querer más”. El ser humano es tan social que hacemos cosas para que los otros nos quieran. Nuestros padres vienen de haber vivido la época del silencio: no te juntes con tus amigos porque te pueden matar. El “no te metas”. Y ser “buen chico” está bien visto. Y no está bien vista la creatividad o hacer cosas nuevas. Me pareció importante en este disco contar eso que aprendí y observé.

 

* Presentará Maleducada este viernes 21 de julio a la medianoche en La Tangente, Honduras 5317, junto a Tremor, Villa Diamante y Axel Krygier.

 
Nº de Edición: 1763

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