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“Volumen 4”, La Tolva

TOLVA_ENTRADA

Por Laura Cabrera

Hace un tiempo se conocía la noticia: Metallica iba a tocar en la Antártida, de la mano de una marca de gaseosa y en defensa de los glaciares. Todo un acontecimiento. Antes, mucho antes de eso que se presentó como “el concierto del año”, una banda tocó en el mismo sitio y por una causa colectiva: la difusión de la Ley Nacional de la Música. Se trató de La Tolva, trío de rock compuesto por Diego Boris (guitarra y voz), Alejandro Schanzenbach (bajo y voz) y Paulo Dacal (batería y voz), quienes recientemente lanzaron su nuevo trabajo discográfico, La Tolva volumen 4.

Desde la estética del arte de tapa —un tabloide de los ‘60 ó ‘70 con noticias apócrifas como “Llegaron los Beetles”, datos de la revista Pelo o una encuesta sobre lo mejor del rock nacional por aquellos años—, el trío propone hacer hincapié en la cultura nacional, en lo que fue y es; datos que en esas páginas se mezclan con las letras del propio disco: el pasado como influencia del presente. O como se resume en el texto que oficia de editorial del supuesto diario, “hoy es el mejor tiempo que nos toca vivir”.

La Tolva suena a la época del diario, con un estilo similar al de los grandes del rock nacional, como Almendra y Manal, pero con aires renovados. Suena a rock en lo melódico y a popular en letras de protesta como “Durante años” (tema que abre el disco), “Latinoamericano” o “Nacido para insistir”. También suena a esperanza en “Total qué” o “Amanecer tocando rock and roll”, anhelo de cualquier músico.

El disco, que fue presentado en La Perla del Once el pasado 19 de diciembre, cuenta con artistas invitados entre los que se destacan Cristian Aldana (guitarra en “Juego de dos”), Quike Weimann (armónica en “Amanecer tocando rock and roll”) y Jorge Danfunchio (coros en “La pitonisa”). Todos participan fiel al estilo de una banda que lideró la pelea por que la Ley de la Música suene en cada rincón: nadie se destaca sobre nadie, todo suena colectivo.

Desde la estética hasta la música, Volumen 4 es una muestra de la comunión del rock del pasado con el del presente, una forma de expresar cómo todo puede renovarse o simplemente mantenerse. Suena fuerte, prolijo y con compromiso social en sus letras, ese mismo compromiso que hace un año los llevó a tocar en la Base Marambio.