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sobre tormentas variables y crías de huestes de luz

reseñas

Imagen: Sukermercado

VACÍOS Y VARIABLES – PYRÁMIDES

“Siempre hubo un después”. La máxima se hace objeto de cultura en el debut oficial de  Pyrámides y encierra tal vez el cenit de todo el tracklist, continuidad de aquel primer EP. Vacíos y Variables es una obra new wave 2.0 con matices de pop oscuro que se sustenta virando en tracciones noise-sintéticas, en un deseo de pasado mañana, bucólica percusión donde el flujo de guitarras multimediales se dirimen ansiosas y correspondidas.

 

Producido por Ignacio Castillo (Temporada de Tormentas), el flamante álbum de la banda de los Romeo y compañía concentra un sonido opaco y catódico, mezcla rara de penúltimo Joy Division y Héroes del Silencio en tiempos de mares que no cesan junto a un infiltrado hardcore límpido de noventosas masacres palestinas.

 

El disco arranca con la armónica “Afuera”, una canción de guitarras llanas y gritos desgarrados. “Mía” enhebra mas vértigo y “Caoscalma” sobre sale tenue “en la posta de la nueva era”. Continua “Sol de invierno” como una oda post-apocalíptica propia de los días derivados de las fisuras y distancias. En el drenaje de los nervios siempre estará el fuego para empezar de nuevo.

 

En “Ecos”, Mora Riel brinda su voz al tandem espacial de ahogos y visiones nubladas. “Mitades” se abre sugestiva a la posibilidad cuando la soledad es verbo y “Santuario” se relame casi instrumental en la intención de empezar otra vez. “Contraluz” expresa más incertezas y “Cuadros en blanco” jadea post-punk de TDK grabado a la madrugada. Cierra mucho más armónica “Desaparecer en gris”, un resabio hermoso, un espejo de Lacan. Destello de la autosuperación. “Sumergí el todo, pensando en mi, pensando en más”./Walter Sosa.doc

 

 

 

CRÍA –DURATIERRA

En lo que va del siglo XXI en materia musical, prevaleció la necesidad de desdibujar las fronteras entre los géneros. Un ejemplo claro fue la experiencia de Arbolito, una banda de transición que propuso cruzar lo folklórico de estas tierras y la urbanidad del rock. Pero se podía distinguir en dónde empezaba el “folklore” (en lo rítmico, por ejemplo) y en dónde el rock (en la instrumentación eléctrica, en el abordaje, en la postura, en el perfil biográfico de los músicos). Pero en la actualidad la cosa no parece ser tan clara de definir, porque en muchos casos los elementos están tan integrados que no se pueden desmenuzar. Algo de esto pasa cuando suena el tercer disco de Duratierra, Cría, un trabajo expansivo que consolida la propuesta musical del grupo comandado por la cantante Micaela Vita y el guitarrista Juan Pablo Saraco.

 

En este disco, la banda de Buenos Aires—que se completa con Nicolás Arroyo (percusión), Exequiel Mantega (teclados), Tomás Pagano (bajo)— se mete de lleno en un terreno de exploración con los instrumentos (mandolinas, acordeón, cuatro), los climas y la paleta de ritmos. Sobresalen los colores latinoamericanos, pero también llegan hasta las músicas populares de Europa, como el vals-tarantela “Pascual” (sobre las múltiples raíces que nos construyen). Lo realmente interesante es que nada suena forzado y Duratierra le pone su sello a cada canción, con absoluta libertad. Canción, en mayúsculas.

 

Porque de eso se trata: las canciones están por delante y aunque haya un equilibrio para arriba, se destacan “Saravá” (una media rapeada que habla sobre los nuevos y viejos cantores), “Marzo” (sobre la infancia, con el aporte de dos voces nuevas y prometedoras, Nadia Larcher y Noelia Recalde de Valbé), el “Joropo del Toro”, la chacarera eléctrica “La de un quizás” (con Raly Barrionuevo), la experimental “El azul de la luz”, la cueca “Cuécala”, la cumbia “Tres fronteras” y la sublime versión de “La llorona” (anónimo mexicano), en donde Vita la rompe con las posibilidades de su voz, que son muchas y variadas. Duratierra, en este disco, se proyecta como una de las propuestas urbanas más interesantes de Buenos Aires./Sergio Sánchez.doc

 

 

HUESTES – WESTE

Huestes, el nuevo disco de Weste, ataca por dos flancos. Su sonido busca las raíces autóctonas en la música pop, al mismo tiempo en que explora la sensibilidad pop de la música andina. “Vamos ahí donde la raíz enraíza”, propone la voz de Clara Trucco, como la misión creativa del dúo que compone junto al productor uruguayo Ignacio Perez. Pero la fusión de Weste va más allá de una mezcla de géneros viejos. Trata de dar con un lenguaje nuevo, de encontrar algo original en una panorama actual tan obsesionado con lo retro.

 

Esta búsqueda emprendida desde el sonido también tiene su reflejo en las letras. “Chau chau chau / Me despido de lo añejo”, describe Trucco en “Somos nuevos”, sobre un beat esquelético y una guitarra escurridiza. Con solo estos dos recursos la canción se mantiene lijera y fresca, armando y desarmándose de manera hipnótica. La filosofía de Perez es “menos es más”, y la economía de instrumentos y recursos es lo que le da a Weste su constante flexibilidad para moverse de estilos en estilos.

 

Vísceras, su disco anterior, era un debut un poco desprolijo pero también más arriesgado. En Huestes, el dúo se presenta cómodo y confiado, con la experiencia de una larga lista de presentaciones en vivo detrás de ellos. La coproducción junto a Pedro Canale también parece haber ayudado a estructurar el sonido de la banda. El disco avanza lento, con un especial cuidado por los detalles y los sonidos limpios. Para la segunda mitad los ritmos toman el control y en temas como “Puelche” o “Noche cálida” Weste demuestra la fuerza de su ambición. ¿Cuál es el camino nuevo al que apunta Weste? El destino final puede no estar tan claro pero no van a faltar oportunidades para continuar sorprendiendo./Eric Olsen.doc

CON LOS CHARMANDERS – LOS CHARMANDERS  

“Sabes/ confundo nostalgia con estupidez /recuerdos dorados que decoré/ con la libertad y la ingenuidad/ y ahora, busco respuestas en una canción”, canta Santiago Barbeito en “Nostálgebra”, el séptimo tema de Con Los Charmanders, quinto disco del quinteto porteño. Son varios los fragmentos a lo largo de los 8 temas del disco que podrían resumir ese espíritu que la banda trae desde su debut con Minería (2013): amigos, amor, desamor, bares, borracheras de olvido y resacas de alegría. Pero a diferencia de los discos anteriores, Los Charmanders eligieron bajar el tono, construir un registro más oscuro, más sentido: nostálgico. El arte de tapa de violetas y fluoroscentes que construyen una ciudad apocalíptica, ilustrada por Sukermercado, es una síntesis acabada de las sensaciones que transmiten en este último disco.

 

No faltan los desamores y desencuentros curados entre ataques de punkhardcore, que trae ecos de Boom Boom Kid; pero tampoco están aquellos registros de escupidas como “Mil Porquerías”, del disco hómonimo de 2014. En este disco, Barbeito (voz), Francisco Polosecki (guitarra y voz), Santiago Barbeito (guitarra y voz), Patricio López (batería y coros) y Federico Santa Ana (bajo) eligieron bajar los decibeles para apoyarse más en el pop. “Y no vi el final /esa calle abandoné / brindé y lloré / y ahora sonrío aunque desafine”, lamentan en “Cuchillitos”.

 

Para lograr ese clima de tonos violetas fogoneros, Los Charmanders se valieron de los aportes de Nicolás Miranda (Las Edades) en guitarra para “Las Flores”, Bad Manu en coros para “Computadoras, calcuradoras” y “Endings”; Rodrigo Ottonello (Las Edades) en coros para “Diagonal Sur”; Dante Chianetta en piano para “Cuchillitos”; y Juan Valente (Bichos) en coros para “Endings” y también en las consolas del Estudio Boyacá, donde fue grabado el disco.

 

“No quiero vivir mi vida/esperando el fin de semana/si hace falta voy a repetir/ así tal vez me vuelvas a elegir”, resisten en “Endings”./Nahuel Lag.doc

 

 

SOBRE PREMIOS Y TORMENTAS – LA OTRA CARA DE LA NADA

Sobre premios y tormentas es el apogeo de la maduración de La Otra Cara de la Nada. Su segundo disco se siente como un debut simbólico, una reescritura de la identidad de la banda de Misiones. Dedicado a la transición de la adolescencia a la adultez, sus canciones centran en las decepciones que se tragaron y toda la confusión emocional que los llevó a donde están ahora. El pasado parece la foto de un atardecer, un ocaso congelado en el recuerdo que la banda revisita desde la paciencia del presente.

 

“Suceso emoción” y “Domingo”, los singles, presentan este enfoque retrospectivo que tienen las letras del disco. “No tengo relación para encontrarte en el mismo lugar / Mi mente congeló el ocaso que vos y yo solíamos mirar”, cantan juntos Ignacio del Pórtico y Germán Vazquez. Lo que se quedó se estancó, y lo que creció permanece. Vazquez y Pórtico mantienen su letras al borde del lenguaje pop y lo onírico. En la misma canción que dicen “quiero dormir en tu cama”, pueden tirar “en la corriente del pensar / efímera imaginación”, con la misma honestidad personal.

 

La ansiedad juvenil del primer disco también fue reemplazada por un pop calmado de guitarras envolventes. Todo suena pulido en la producción de Diego Acosta e Ignacio Castillo (Temporada de Tormentas). La paciencia de las baterías, la calma con la que los detalles se suman, poco tienen que ver con el indie rock de otras bandas de la escena. Las tres guitarras se reparten su espacio y todo tiene aire para respirar. Esta claridad no solo aprovecha la oportunidad de tener un registro preciso del sonido de una banda en crecimiento. También logra expresar emociones claras sobre una época de la vida llena de confusiones. La tormenta ya pasó y ahora los chicos van por el premio./Eric Olsen.doc

 

 


UN ÍNFIMO HILO DE LUZ – JUAN ARABEL

La “riojaneidad” es una identidad musical que está aflorando en festivales nacionales y en el circuito off folklórico –sobre todo en Córdoba–. Un caso es Juan Arabel, joven compositor, arreglador, cantor y guitarrista riojano que en su segundo disco da muestras de creatividad y riesgo artístico. El músico parte desde la raíz musical de su región y se expande hacia el terreno del jazz y la improvisación con un anclaje orquestal. Hay, principalmente, un delicado y pronunciado trabajo puesto en los arreglos de cuerdas. Con producción y arreglos a cargo de Arabel y el guitarrista Federico Lucero, el disco está integrado por nueve canciones que transitan un clima apacible y nostálgico: desde la chaya “Carnaval del amigo” hasta la chacarera “De la noche a la mañana”, pasando por la sentida “Viene zambita” o la esperanzada “Para renovar los días”. Lo acompañan en este proyecto también Luciano Maro en contrabajo y coros, y Amaro Ferraris en batería, bombo legüero y coros.

 

Entre los invitados, no falta nombre clave de la música riojana: Ramón Navarro recita en “Un ínfimo hilo de luz” unas coplas sobre la relación entre las maravillas de la naturaleza y la existencia humana, y el coplero Negro Cortez hace lo suyo en “Cantor vidalero”. En suma, el disco se escucha con cierta precisión de la música académica, pero no deja de sonar popular; lo que lo convierte en un disco que puede adaptarse tanto a una sala teatral como a un escenario peñero abierto a la escucha./Sergio Sánchez.doc

 
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