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el canalizador de extrañeces

poetas internados, poesía libre

Fotografía: Darío Cavacini

Hombre mirando al sudeste rompió moldes. Y al romperlos, inevitablemente, los modificó. Dirigida por Eliseo Subiela y filmada en el Hospital Borda en 1986, fue la primera película de la industria nacional en poner en cuestionamiento ante un público masivo los conceptos de normalidad y locura. En una escena, Rantés (un paciente que afirmaba ser un mensajero de otro planeta que había venido a estudiar la estupidez humana) le mostraba a su psiquiatra la pared de un pabellón derruido desde donde asomaba un árbol, al mismo tiempo que señalaba: “Crecen árboles raros acá”. En ese mismo lugar, donde el Frente de Artistas del Borda (FAB) realizaba sus talleres artísticos, comenzaría la historia de Fernando Aquino con la poesía. Su primera experiencia de internación, a los 24 años, sería el puntapié inicial.

 

“Estar internado es como ser condenado a reclusión perpetua pero sin haber cometido ningún crimen; es perder el sentido hasta volverte dócil y anestesiado. La imposibilidad de decidir sobre las acciones de tu propia vida, te fragilizan, transformándote en cristal.” Su estadía en el hospicio marcó un doloroso quiebre en su vida, esa experiencia le mostró las miserias más bajas que los seres humanos infringen contra otros seres humanos, en nombre del bien común y amparados por la ciencia: “Esto es una basura, es parecido a un campo de concentración; cuando yo estaba había que buscar la comida con un tacho y nadie te explicaba nada”. Agrega con amargura que ingresar al manicomio y observar el estado en que estaban el resto de los pacientes lo llevó a pensar que no iba a salir nunca más, que el encierro sería eterno y aquello que parecía una breve e irreal pesadilla era el principio de un nuevo destino, ni elegido ni deseado.

 

Como suele suceder cada vez que se sale de una internación, hay que empezar a recomponerse de una experiencia que se supone debería mejorar el estado de una persona. Recuperarse de la recuperación. Superar los estigmas y las dificultades que imponen los muros no es fácil; sin embargo él supo cómo: sin pretender descubrir la pólvora, afirma que el arte lo salvó. Esa fuerza vital le permitió conectarse con su mundo enajenado y perderle el miedo. Su proceso implicó una transformación interna muy profunda, sumergiéndose en lo más íntimo de sí mismo. Empezó descifrando el significado de su propia voz en el taller de letras del propio FAB, leyendo, escribiendo, recitando. Un tiempo después intentó reconquistar el dominio de su cuerpo en el taller de mimo, superando el abatimiento que el manicomio le proveía cada día. La prueba final fue en el taller de teatro, donde el cuerpo y la palabra se unifican.

 

Esos primeros escritos eran deformaciones de poemas que leían en el taller, mutilaciones de obras célebres que rearmaba a su manera para resignificarlas y hacerlas estallar en infinitos sentidos. Luego llegarían los días de hacer poesías que narraban las miserias del hospicio, verdaderos escritos de resistencia antipsiquiátrica:

 

Cuando te vuelven dócil, te das cuenta de que eres débil.

 

Ahora llegó el arte del encierro, las leyes nos avalan.

 

Padres que están en casa, no me abandonen como al resto.

 

Esos pequeños fragmentos, que recita con una memoria sin miedo, muestran cómo el arte lo ayudó a liberarse de la perversa lógica manicomial que lo mantuvo cautivo durante algunos años. A través del mismo pudo poner en un lenguaje poético aquello que sufría cotidianamente en sus internaciones como una manera de exorcizar los demonios con los que convivía y la angustia del aislamiento que lo atravesaba.

 

Con la fortaleza propia de quien resurgió desde el fondo de la nada para cuestionar el todo cotidiano, rememora la época en la que escribía sobre el futuro y la tecnología bajo el seudónimo “Axius Xismena de Sagradan”“En 2001 empecé a escribir de forma hermética, todo muy futurista, dándome cuenta del despertar de las cosas, de cómo existe el avance en todos lados y que simplemente no queremos avanzar, estamos dormidos para no avanzar”. Sin veladuras, afirma que los manicomios son los mayores exponentes de ese estancamiento humano donde el tiempo se detiene y las desigualdades se naturalizan sin cuestionamientos. Un verdadero espejo que potencia la realidad social extramuros, mostrando en paralelo lo que hace el gobernante con el pueblo, el poder y sus locos, los psiquiatras y el resto: “Es lo mismo que el afuera en ese sentido, el de arriba pisa al de abajo”.

 

El relato vivido de su viaje interno sería lo siguiente en su creación literaria. Con la decodificación poética de su propio misticismo pretendía convertirse en una mapa para todo aquel que necesitara una guía y mitigar así el dolor que supone enfrentarse a lo desconocido en cada uno: “La vida tiene que ver mucho con la imaginación, ésta con lo mágico y todo a su vez con lo fantástico. Quizás todo sea parte de lo invisible que está pasando exactamente en este momento y no podemos verlo, sólo percibirlo a través de los sentidos e intentar transformarlo en arte”. La búsqueda constante por darle sentido a aquello que nos habita, para lo cual sólo existen la desesperación y los gritos inaudibles, sigue siendo el horizonte que marca el rumbo de su creatividad, autoproclamándose un profesor de la mal llamada locura, un canalizador de extrañeces.

 

Su concepción de los fenómenos que ha vivido y sufrido se asemeja mucho más a la del mundo chamánico que a la de la medicina occidental que considera las alucinaciones, los delirios o el negativismo como síntomas de una enfermedad que tienen que ser erradicados a base de psicofármacos, encierros y tratamientos punitivos. Mientras que para la primera, en cambio, son el reflejo de una emergencia espiritual que permite a quien lo vivencia erigirse como puente comunicacional entre otro nivel de realidad y éste, proveyendo a los vivos la sanación que necesitan. Si esa hipersensibilidad a un flujo de información e imágenes puede integrarse con nuestro mundo cotidiano, se da a luz a un curandero: “El problema se da cuando esa avalancha se obstruye y queda atrapada dentro, convirtiéndose en un laberinto de difícil salida. Sin la ayuda adecuada que permita alinear esas energías de orígenes diferentes, la persona queda presa del pánico que le generan”.

 

Ese miedo a lo extraño de uno mismo, a esas voces ajenas pero propias, a las visiones poco compartibles, a todo aquello que uno nunca vio ni sintió pero que coexiste dentro de cada individuo, esté o no preparado para ello, provocan un pesado aislamiento social y confrontan a esa persona con saberes más allá de lo entendible por nuestra apurada modernidad: “Hay gente que se dedica al esoterismo, que son médiums o chamanes, y ayudan a esas voces a ir hacia la luz, a encontrarles un sentido, pero hay tipos que terminan muy aterrados por no saber qué hacer. Podés tener el mismo viaje que el que está afuera del manicomio, el tema es cuando el miedo a la locura te hace bajar los brazos de la creatividad y te gana. Ese miedo también es el que la gente del afuera tiene hacia el loco”.

 

Transformado en performer y presentador de los espectáculos del FAB, ha recorrido el país con sus shows. En uno de los festivales internacionales de artistas internados y externados de hospitales psiquiátricos organizados por el propio FAB en Córdoba, le entregaron un premio por la exhibición de mimo que realizó. La sola evocación de ese hecho le despierta ambivalencia ya que pasaría de la alegría a la desazón en pocas horas. Al regresar a Buenos Aires, su jefe que había visto la noticia por televisión lo dejó sin trabajo. Otra vez a morir y renacer. Con voz ronca, casi melancólica, afirma: “Afuera del manicomio la cosa es muy distinta, tenés que manejarte como un camaleón, no podés andar diciéndole a todo el mundo que estuviste en el Borda”Los estigmas de haber estado internado, una vez más y como siempre, se le hicieron carne.

 

RECUPERACIÓN CAPILAR

(Una materia que debo)

por Fernando Aquino

 

Una caída como al vacío de mi almohada

Una orina en la inmensa llanura brillosa

Junta de sequias áridas y  casposas

Respuesta de un botiquín, ya sin peine.

Trucos de químicos que nunca sirvieron.

Enfermedad craneal de contracturas y falta de riego

Con afinidad se afina el autoestima

Y a medida que se afina va desapareciendo.

Sin recursos para pedirle a un chamán el secreto

Como no estar presente en un futuro perfecto

Sin belleza  de mujer, realmente sin un vello

Ropero sin ropa, pero lleno de sombreros

Rockerosuperestar en pleno desempleo

Simplemente una alopecia androgénica

Un pelado sin pelo.

(4-6-2010)

Más artículos del trabajo documental #PoetasInternadosPoesíaLibre, que retrata a 15 poetas españoles y argentinos con paso por hospitales psiquiátricos de ambos países.

rastros@lanan.com.ar

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