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“Frío y caliente” en La Mueca

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Adaptación de un texto de Pacho O’Donnell realizada por Nahuel Picone, esta obra teatral plantea interrogantes sobre la construcción del otro y el peso de las ausencias. Fotografía: gentileza de “Frío y caliente”

Por Soledad Arréguez Manozzo

El dolor por la ausencia presente atraviesa la historia de Irma y su hija Gabi. Hace tiempo que Rolando las abandonó para habitar en el olvido. Sin embargo, su recuerdo se pasea entre las cuatro paredes de la casa. El tiempo pesa, la soledad asfixia. Para resistir la ausencia, la realidad se vuelve un juego, un simulacro. La obra Frío y caliente, adaptación de Nahuel Picone sobre los textos homónimos de Pacho O’ Donnell, reflexiona sobre el valor de lo real, la construcción de la otredad, el amor y la locura. Una pieza teatral fuerte y cruda que bucea por los instintos humanos, sus miserias y necesidades.

Sobre el escenario sólo se manifiesta la oscuridad profunda de la ausencia. Lentamente un foco blanco cae sobre la figura de Irma, sentada en su living a la espera de un té que nunca llega. A pesar de los indicios, ella se resiste a aceptar la realidad: Rolando dijo basta y se fue. La acompaña un maniquí que construyó para suplir el vacío. Parece creer que si está presente, es. No siente empatía ni pena por él. El objeto, vestido con la ropa de él, satisface su necesidad de tener la compañía de su marido. Aurora, la mucama, también se marchó.

Madre autoritaria y hostigadora, Irma comparte sus días con su hija Gabi, una joven que trabaja como prostituta para llevar dinero al hogar en tiempo de hiperinflación. Ella es la “nena de papá” que no está. Los recuerdos cobran vida. Las ausencias se vuelven densas. Las horas pesan y el ritmo de la obra por momentos parece detenerse.

Cada noche ella vuelve a su hogar para sostener la ficción que recrea su madre, a pesar de querer escapar de ese lugar que cada vez la asfixia más. Toda su vida parece debatirse entre dos mundos que abruma incluso hasta al público. La incertidumbre molesta, la indecisión desconcierta. La complejidad del vínculo entre esas mujeres alimenta la historia de ausencias hasta que Gabi se encuentra frente a una encrucijada. Felipe, su novio, abre una puerta. Entonces, el simulacro entra en crisis. Se torna necesario elegir, de una vez por todas.

El elenco de Carne Viva Compañía Teatral, integrado por Ayelén Varela (Gabi), Anne Castillon (Irma) y Leandro Miquet (Felipe), es el encargado de llevar al escenario la historia teatral de Lo frío y lo caliente, de Pacho O´Donnell. El juego de luces, con la compañía de las melodías de Miquet y la dulce voz de Varela, dota de sentido a cada una de las escenas. En tanto la escenografía, correcta y sencilla, enmarca el gran trabajo físico de las actuaciones de las mujeres.

Bajo la dirección del joven Picone, la obra presenta interrogantes sobre la construcción del otro y el peso de las ausencias desde lo más intimo del comportamiento humano. Aporta un planteo filosófico sobre los límites entre la ficción producto de la locura y la realidad. Los estereotipos y los estigmas sociales de nuestra sociedad se reproducen en el escenario enfrentándonos al descubrimiento de lo real. La necesidad de un hogar parece poder superar dolores, miedos, amenazas y violencias. La soledad marcará otra historia de fantasmas y despedidas.

Cuando el reflector se apaga, las dudas retumban entre los aplausos. El desenlace brinda otras preguntas para resolver de regreso. Lo inconcluso y lo no dicho llegan a incomodar al espectador. Quizás sea porque uno espera que el drama explote de forma abrupta y que la relación simbiótica entre madre e hija se resquebraje en llantos y lamentos. Queda en uno reflexionar sobre lo frío y caliente de la vida.

* Frío y caliente se presenta los viernes de marzo a las 23 en el Teatro La Mueca (Cabrera 4255).