/Fuira

yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos

la cancha torcida

Fotografía: Google Maps.

-Seguro que querés hablar de lo de la cancha torcida, ¿no?
-Sí.
-Pero siempre estuvo así.
-Sí, bueno, por eso mismo.

 

En San Justo se ve el otro costado de la sorpresa. Que la cancha está torcida lo saben todos. El asunto ni siquiera es por qué está torcida ni tampoco se pone en discusión que debe ser enderezada, pero la sorpresa en estas calles es otra. De un día para el otro, después de 30 años de torcida normalidad, cayó una notificación a través de la cual prohíben continuar jugando en esas condiciones. Les dan un par de meses para enderezar el campo de juego. Ese que todos sabían que estaba torcido. Así que bueno, muy a pesar de los vecinos, de los dirigentes y de los jugadores, vamos a hablar de la cancha de Liniers, un club de la Primera D que es noticia por algo que para ellos no lo es.

 

Empecemos por el principio: el Club Social y Deportivo Liniers no está ubicado en Liniers. Liniers estaba en Liniers, pero fue desalojado y logró en 1987 comprar poco más de 7 hectáreas en San Justo. Ahí levantó el estadio Juan Antonio Arias. Y desde ese entonces ahí está, como siempre. Con sus 94,87 metros de largo en el costado de los bancos de suplentes y sus 95,45 en el de enfrente. Con un área de 38,8 de ancho y la otra de 37,6. Y con la tranquilidad de que si un día a Adrián Paenza se le ocurre ir apoyando reglas en línea recta desde la punta de un área chica hacia la otra, cuando llegue a enfrente no estará ni cerca del área chica sino más bien a pasitos del banderín del córner.

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Fotografía: @liniersoficial

 

Marcelo Gómez estaba acá, en la cancha, aquella tarde de 1987 frente a Flandria cuando la pelota rodó por primera vez. Tiene 38 años y desde hace dos es el presidente de Liniers. Ahora sigue estando acá y le cuenta a NAN qué fue lo que pasó por su cabeza cuando recibió un llamado para avisarle que había que enderezar la cancha. “Te digo la verdad, pensé que me estaban jodiendo. En medio del campeonato, casi a fin de año, así de la nada… Ni siquiera fue una notificación o una intimación formal de la AFA. Fue un llamado de dirigentes de la categoría. La verdad fue muy raro, pensé que era un chiste”.

 

Recapitulemos: todos saben que la cancha está torcida. Lo saben ahora y lo supieron siempre. Lo saben en San Justo, lo saben en todo el Ascenso, lo saben los rivales y lo usaban a su favor para hacer cargadas, lo saben los jugadores de Liniers, que si ganaban el sorteo inicial elegían atacar del lado más corto en el primer tiempo, y lo sabe la señora que atiende el teléfono del club, que con absoluta naturalidad encuentra en los avances tecnológicos al culpable de esta no novedad. “Ahora se dieron cuenta por el Google Maps”, sentencia.

 

Hay algo de eso. Aunque parezca más un cuento del Negro Fontanarrosa o de Dolina, es verdad lo que dice la señora: la cancha de Liniers apareció como una de las curiosidades que detectó Google Maps en su recorrido aéreo. ¡Qué piolas! En el plano cenital es mucho más sencillo notar que lo que debería ser un rectángulo en realidad es un trapecio o un trapezoide.

 

Y por eso el fastidio en San Justo. El presidente aclara que el problema siempre lo tuvieron presente pero que por las dificultades económicas propias de un club humilde del Ascenso su resolución se iba postergando. “Había que enderezarla. Siempre decíamos, un poco en chiste, un poco en serio: ‘che, esto es una vergüenza, va a haber que arreglarlo’. Pero no es fácil. A fines de la temporada 2010/2011 cuando estábamos peleando por ascender a la B Metropolitana pensamos en encarar las reformas porque era evidente que si llegábamos a subir no nos iban a dejar jugar con la cancha torcida”.

 

Al mismo tiempo, hay cuestiones de política interna en la divisional que parecen haber intercedido para que el conflicto saliera a la luz ahora y nunca antes en casi 30 años de desviación.

 

“Han jugado infinidad de clubes del ascenso en esta cancha y muchos de Primera la han alquilado para sus inferiores. Liniers ha sido solidario con toda aquella institución que buscaba un lugar para jugar. La estructura original del campo de juego se mantuvo por los años, y hasta fue motivo de alguna risueña conjetura: ‘la cancha parece un trapecio’. La obra de regularizar las medidas del terreno no escapó nunca a las autoridades del club y es una obra que jamás se soslayó, pero demanda un costo y tiempo importante”, explicaron desde el club mediante un comunicado que publicó la web liniersenascenso.com.ar.

 

Y remarcan que los modos del pedido no fueron los ideales: “Intempestivamente, llegó desde AFA la novedad que ‘el Juan Antonio Arias está clausurado por falta de encuadre (…) Hidalguía y coraje son las palabras apropiadas para definir al Club Liniers a lo largo de su historia. Nunca de rodillas ante el poder y con la transparencia como valor irrenunciable. Indudablemente estos no parecen ser los principios que cultivan quienes apuntan desde un escritorio dañar a la Institución”.

 

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Fotografía: @liniersoficial

La noticia llegó hasta la BBC

 

Con el tema en primera plana, en “La Topadora” (sí, encima a Liniers lo apodan La Topadora) comenzaron las obras. El club solicitó ante la AFA una prórroga y piensa tener la cancha en condiciones a mediados de diciembre. “Necesitamos entre 120 mil y 150 mil pesos”, advierte el presidente Gómez. Y cuenta que ya juntaron 40 mil y que los socios encabezan una importante movida para recaudar y poder cumplir con los plazos. Un detalle: el presupuesto mensual del club ronda los 80 mil pesos, como para que el reclamo –tan lógico como atemporal- también encaje en su justa medida. “Vamos a hacer rifas y festivales. Estamos viendo de traer grupos musicales…”

 

Y a todo esto, una cuestión importante. ¿Por qué está torcida la cancha?

 

Nadie tiene la respuesta concreta. Pero hay dos versiones que se repiten dentro y fuera del club: la más lógica apunta a que, al ser un terreno escueto, aprovecharon al máximo el área de fértil y pareja, sin priorizar la geometría; la otra teoría, un poco más bizarra, es que el campo de juego tiene cierta inclinación para que el sol no le pegue de lleno a ninguno de los arqueros.

 

A esta historia solo le falta un héroe. Y aquí está Silvio Fuentes. Tiene 32 años, ahora se quedó sin club, pero jugó más de 250 partidos en el fútbol de ascenso. Laferrere, Yupanqui, Riestra, Atlas… Y Liniers, claro, donde le sacó jugo a la cancha. Fuentes metió cinco goles olímpicos en el Juan Antonio Arias. De zurda, con rosca, y desde el lado ángulo chanfleado, en el sector en el que menos distancia hay entre el cuarto de círculo y el palo más cercano. Fuentes cuenta su arte. Dice que cuando le tocaba patear el tiro de esquina desde cualquiera de los otros tres rincones “le pegaba así nomás, como en cualquier cancha, ¡pum! Un centro al área”. Pero cuando un defensor rival despejaba el balón por la línea de fondo chanfleada llegaba su momento. Fuentes envolvía la pelota, la abrazaba con el botín zurdo y la invitaba a una parábola imperfecta hacia la red.

 

fuira@lanan.com.ar
 

Nº de Edición: 1662