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la celebración

los mutantes del paraná

Fotografías: Verónica Gambini

Es viernes por la noche y tal como lo indicaron los pronósticos en la televisión, la jornada se torna gris y lluviosa. En la entrada del Teatro Margarita Xirgu, sin embargo, el mal clima parece no importarle a nadie. Amigos, familiares, parejas, curiosos y amantes de lo nuevo se toman los últimos minutos de charla en la calle, vacían sus tragos y aceleran los puchos para ingresar a la sala donde Los Mutantes del Paraná darán la mejor presentación de su vida.

 

A modo de introducción, la velada pinta para ser especial. Así lo dispuso desde hace varios meses, este conjunto instrumental que mezcla folk-rock con ritmos latinos y ancestrales cuando decidió que el show en este espacio ubicado en el corazón San Telmo sea utilizado para grabar el primer CD/DVD en vivo de la banda, con la inclusión —modo de bonus track— de algunos temas inéditos de lo que será su próximo álbum de estudio.

 

Sin mucho preámbulo, a eso de las 22.30 —cuando da la impresión de que no había espacio para nadie más— las luces se apagan, el telón se sube y entre el humo que brota del escenario surgen los protagonistas. Mientras un loop que emula el croar de las ranas comienza a sonar de fondo, el toque inicial llega al compás salvaje de “Puño”, una canción que desata la fiesta con su espíritu criollo. Paso siguiente, aparece la primera sorpresa de la noche: “Tatín”. Una chacarera adornada con tintes de electrónica que va dedicada al padre de una amiga del grupo, que continúa con la siempre festiva “Machete”, clásico que pertenece a El Entrerriano (2013), el disco debut con el cual estos muchachos que hoy pisan los 30 años llamaron la atención de la escena musical porteña.

 

“Hay que saltar, hay que salta, son los Mutantes del Paraná”, corean las 500 personas que abarrotan la sala . La acción continúa con “El Rodeo” y “La Huida”, dos temas que parecen sacados de una película antigua de aventuras, para darle paso a una inolvidable versión al estilo peña folklórica de “I want to break free” de Queen, cálidamente acompañada por el cántico de la gente.

La puesta en escena es concreta. El alma de la obra de Los Mutantes del Paraná está depositada pura y exclusivamente sobre la fuerza de los instrumentos, que sólo admiten la compañía de los coros. En este conjunto que se gestó a orillas del Río Paraná, en la ciudad de Zárate, la letra se encuentra abolida como orientadora del panorama sonoro, una doctrina con la cual el oyente tiene la opción de imaginar y sentir libremente lo que le parezca.

 

“Esto es un sueño, gracias por todo. Somos una gran familia”, fueron las palabras de cariño que lanzó en su primera intervención Charly Valerio (guitarra y sintetizadores), que al igual que casi siempre es el encargado de interactuar con el público. Luego de la retribución, se suceden “Zambana”, “Latiendo” y “Harén”, un trío exquisito de dulces baladas que llevan el encuentro a su parte más reflexiva y tranquila.

 

Como no podía ser de otra manera, Los Mutantes apuestan por una danza carnavalera, que hasta entonces no habían tocado nunca, para volver a levantar la temperatura de la noche. El aire toma un aroma más psicodélico con “La Palangana”, continúa en sintonía con el ritmo desinhibido de “Machimbre” y se relaja a través de “Sin Patrón”, un paradisíaco bossa-nova con sabor a playas cariocas.

 

Mientras el campo permanece en modo jolgorio, sobre el escenario se evidencia que la ausencia de un cantante principal también tiene un sentido descentralizador en la agrupación. En vivo, los integrantes –que al poco tiempo de la publicación del segundo disco “Noctámbulo” (2015) se consolidaron como un octeto- demuestran que el protagonismo es una condición que se comparten en todo momento.

 

Tras un nuevo agradecimiento de Charly, el show toma otro giro inesperado con la aparición de más versiones nuevas, tan frescas que casi ninguna tiene un nombre definido aún. Sambas, flamencos y música country se fusionan por un bienvenido rato hasta la llegada de “Camarón”, que retoma el folklore rockero y adorna el ambiente con pinceladas de surf frenético al estilo Dick Dale.

A medida que el cierre se acerca, el fuego de la velada se vuelve indomable. “El Negro Miguel” transforma el Xirgu en un bailongo de bodegón, “Entre dientes” ofrece unas ricas mieles de cumbia tropical y el ritmo galopante de “Como un vendaval” concluye el bloque. Tras amargar con la despedida, interrumpida por el incesante pedido de “una más”, los mutantes regresan a sus puestos y retoman el poder para dar un final demoledor.

 

En una interpretación más extensa que la del disco homónimo, “El Entrerriano” llega al alma y fluye como una oda a la bohemia y la libertad. Luego de más de una hora y media de palo y palo, “Capricho” es la guirnalda que se coloca en lo más alto a puro candombe y exprime las últimas gotas de sudor. Al término, los protagonistas se funden en abrazos, posan sobre el margen del escenario y dan las gracias mientras una intensa ovación del público se extiende por un largo instante. Al ritmo de “Hay que saltar, hay que saltar…”, las gargantas dejan sus últimos alientos. Sobre las calles de San Telmo sigue lloviendo, pero -al igual que el principio- a nadie le interesa. Lo fundamental es que a Los Mutantes del Paraná el presente les sonríe y el futuro los espera con los brazos abiertos.

 

escucha@lanan.com.ar

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