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hermanado con la humanidad

poetas internados, poesía libre

Fotografía Darío Cavacini, integrante del colectivo fotográfico VeinticuatroTres

A Néstor Enrique Suarez Camps la inspiración poética le llegó a muy temprana edad, producto de un amor que sacudió sus inocencias de niño y lo ayudó a descubrir el amanecer de un nuevo día, el de las palabras. La hermana de un amigo suyo, que estaba enamorada de él, le dedicó un verso que lo conmovió de tal manera que hizo despertar al poeta que llevaba adentro pero que aún ni sabía que existía. Desde ese instante sus noches quedaron atravesadas para siempre por el rayo fulminante de la poesía y los días se transformaron en un interminable preludio para el reencuentro consigo mismo. Tomado por el recuerdo de aquella tierna confesión de primavera, sus primeros escritos se referían a lo que define como “la ilusión del amor”. Sin embargo con el paso del tiempo sus trabajos literarios, al igual que él mismo, realizarían una metamorfosis.

 

Cuando uno se va adentrando en una charla con este multifacético artista, de mirada intensa y reflexiones profundas, la sensación de estar frente a un libro que se va escribiendo a medida que las palabras salen de su boca crece a cada minuto. Todo le enseña, de todo aprende, principalmente de los otros con quienes se relaciona: “Sé que no es por azar con cada persona que me cruzo, pienso mucho en las causas y efectos y como cada encuentro te deja algún aprendizaje. Así como la confianza es ciega, la desconfianza le exige ser un observador más precavido, tomar ciertos recaudos sin perder nunca la firme creencia que detrás del ser humano se esconden verdades imprescindibles que conducen a la libertad del espíritu y la emancipación de los deseos: “Sólo hay que ir con cuidado porque es difícil confrontarse con uno mismo; quien mira para afuera sueña, quien mira para adentro despierta”.

 

Autoproclamado como un poeta socrático, que va al concepto sin dar vueltas innecesarias para expresar lo que siente; ha encontrado en la tarea de escribir la forma de descender hasta las profundidades de su alma: “La poesía me ayuda a mirar para adentro, excretarme lo que soy, para ver los defectos que tengo”. Como resultado de esa conexión empezó a ser habitado por el librepensador en el que se convirtió, dejó de darle la espalda al mundo real, y avanzó hacia la construcción de un mayor autoconocimiento. El método que utiliza para lograr esa simbiosis con su otro metafísico se centra en el diálogo y la dialéctica como instrumentos para acercarse a una definición universal sobre sí mismo, desentrañar el absurdo de la existencia y hacer su aporte a la comprensión de la irracionalidad que invade las calles, marginando a todo aquel que traspasa los límites de la razón y la moral occidentales.

 

Fiel a su filosofía de vida, considera que existen tres clases de personas, las que viven según su pasado, aferradas a él; las que están atrapadas en el presente y las que sólo obedecen a su conciencia: “Entre estas últimas me encuentro yo”. Esa sabiduría, que le permite pensar que el conocimiento que llega desde adentro es el verdadero conocimiento, le da al mismo tiempo la convicción de adentrarse en una búsqueda constante de su propio yo, llenándose de innumerables preguntas y algunas respuestas. Sumergido en los preceptos orientales sobre el amor, la contemplación, el perdón y los silencios trascendentales, transformó su vida en un gran péndulo que alteró su ritmo y quedó oscilando entre las profundidades de una nueva cosmovisión del mundo y las antiguas e indecibles zonas oscuras que tuvo que transitar.

 

Durante su estadía en el manicomio, se volcó a describir la conmoción que le provocaba hablar con otros pacientes y todo lo que esas charlas le generaban internamente. En los tres años que estuvo en el hospicio, escribió mayoritariamente sobre esos diálogos en los que se entremezclaban los sueños de externación con el desconcierto que se sentía del otro lado del muro. La necesidad de comprender la exclusión social que marginó sus pensamientos lo impulsó a intensificar su mirada sobre los otros, esperando que en el reflejo de sus acciones o en la sombra de sus omisiones se encontrase alguna revelación: “Sólo hay que saber mirar a las personas y en qué contexto se desarrollan; si a eso le sumas la carga genética y la impulsividad que tiene cada uno, te da un buen panorama de quién es quién. Ser esquizofrénico es estudiar muy bien a la otra persona para tocarle su talón de Aquiles, agarrarse de él y no separarse más”.

 

Para la mayoría de las víctimas manicomiales haber estado internado resulta devastador, sin embargo él ha podido canalizar esa experiencia y ponerla en palabras para que su más íntimo sufrimiento sea envuelto por una escritura aguda, punzante, casi redentora. La internación lo obligó a afirmar su dignidad de hombre literario como un modo de decodificar sus padecimientos y sus goces, permitiéndole además tomar distancia de los ojos ajenos para ver las diferencias que existen en la sociedad libre del hospicio pero presa de su ignorancia y él. “La gente no se atreve a profundizar sobre determinadas cosas, como las conductas humanas, por ejemplo. Algunos toman, otros fuman, a varios se les da por la gula, cada uno se va a un pecado capital por propia necesidad, por faltantes. El hombre es un hombre de hábitos aunque no los lleve puestos”, afirma. Cuando se dio cuenta que no podía cambiar a quienes lo rodeaban, decidió no molestar a nadie, recluirse en sí mismo y alejarse del mundo con la certeza de que nunca falta alguien que sobra.

 

Con la ayuda del equipo profesional del hospital de día San José de la ciudad de Pergamino, logró reconectarse con el mundo de sus afueras a través de la edición de su poemario gráfico SinTítulo. Su lenguaje desgarrado, a punto de fragmentarse en cada verso, en el que abundan las miradas perdidas, los pensamientos en penumbras y las despedidas fuera de hora, muestran las reminiscencias de recuerdos que se resisten a morir y luchan contra un presente obstinado en olvidarlos. Cada página se complementa con unos dibujos geométricos en los que explotan los colores fuertes, las figuras arremolinadas y las siluetas abstractas, dejando al desnudo la influencia que el pintor ruso Vasili Kandinski tiene sobre su obra. Ese libro firmado bajo el seudónimo Quique Maunaloa (en referencia a uno de los cinco volcanes activos de la isla de Hawái) muestra lo que siente por la poesía, sólo comparable con un volcán en actividad, explosivo, lleno de energía vital: “Esa pasión está viva en mí, es lo que me mantiene de pie, cuando escribo me siento en ebullición permanente.

 

En el último tiempo se ha dedicado con pasión a estudiar los Trigramas de Confucio como un intento de alcanzar su posición en el orden cosmológico y observar con mayor claridad los patrones de comportamiento de las personas. A través de ellos busca descifrar los mensajes de paz provenientes del cielo y de la tierra para hacer su aporte a la fraternidad universal, contrarrestando la epidemia de odio que se ha desparramado por el planeta. El camino filosófico que comenzó hace algunos años le permite percibir las dos caras de cada uno, sin prejuicios y con una gran serenidad. Una quimera únicamente posible en aquellos que tienen una capacidad introspectiva admirable para deconstruir primero sus propios demonios y avanzar luego hacia la comprensión de los misterios ajenos. Este hermano de la humanidad que vive teniendo como base filosófica al amor, la filantropía y la filogenia, se propone lidiar contra la violencia cotidiana y el racismo que tienen de rehén al mundo. La convicción de que la única intolerancia que se debe tolerar es contra la misma intolerancia se trasluce en cada una de las palabras que dice y aún en sus silencios que expresan palabras sin nombrarlas.

 

 

Sin título I
(por Néstor Enrique Suarez Camps)

Una asonancia tuya
Llega en el inhóspito
Recuerdo de tu vuelo
Que me grita en silencio…
Un inmolarme solo
En la cárcel donde albergo
Y un encontrarme
Solo en mi pensamiento
Navegando en la vela
De mi barco
Que me lleva
A imaginarios puertos
Porque solo distancia soy
Que partir es otra forma de regreso

Más artículos del trabajo documental #PoetasInternadosPoesíaLibre, que retrata a 15 poetas españoles y argentinos con paso por hospitales psiquiátricos de ambos países.

rastros@lanan.com.ar

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