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¿quién es ese pibe?

criminalización vs derechos

Fotograma del documental "Pibe Chorro" de Andrea Testa

 

En la tele lo muestran solo, sin su mamá. Exponen su imagen y lo exponen jugando a que es el más malo del barrio. Él entiende poco de la gravedad de lo que está pasando. El pibe queda servido en bandeja para ser consumido en este banquete de serpientes y chacales como dice la canción. El efecto es eficaz: esta sociedad que supo proclamar que los únicos privilegiados eran los niños, mira al pibe y siente miedo. La pedagogía de la crueldad ha hecho lo suyo y ya nadie es tan ingenuo como para no entender que el “Polaquito” no es un niño de esos que merecen el privilegio.

 

Dice la ley que cuando se trata de la difusión de imágenes de niños/as y adolescente deben autorizar sus familias. Nunca pueden publicarse imágenes que los dañen. En las escuelas se pide autorización para tomar y usar imágenes de actividades pedagógicas para evitar denuncias. Pero un programa de TV pasa por alto todas las normas y difunde, con la complicidad del Estado, la imagen de un pibe que lo degrada y lo expone a violencias. Esta exposición mediática viola las leyes de infancia, la Convención de los Derechos del Niño que tiene rango constitucional y causa una violencia que no cesa porque la imagen del pibe recorre una red infinita de sitios y medios. ¿A cualquier pibe le hubiera pasado? No. Hay chicos y chicas sujetos de derechos y están los otros.

 

Vive en Lanús y tiene 11 años. En segundo grado (a los 7 años) se quedó afuera de la escuela luego de unas cuantas intervenciones de servicios sociales y de gabinetes psicológicos que finalmente fueron antesalas de la exclusión definitiva del sistema educativo. Tiene dificultades que requerían sostener tratamientos de esos que requieren recursos que él nunca tuvo.

 

Su mamá es jefa de hogar y sí, existe y se ocupa con las dificultades que deben afrontar las familias que han sido despojadas de todo. Una mamá que trabaja de cartonera para mantenerlo a él y a su hermano. Las estadísticas recientes que publica Unicef muestran que las mamás jefas de hogar con hijos/as cercanos a la adolescencia son el sector más vulnerable en nuestro país donde, hoy, más de la mitad de los niños/as y adolescentes son pobres. Este sector debería ser prioridad en las políticas públicas. Pero esto no pasó.

 

Ilustración: Joshua

Es cierto que la Policía lo conoce (siempre conoce a los pibes en territorios donde las políticas públicas son tan precarias que no hacen más que reproducir violencia). A veces los persigue, los extorsiona, los verduguea, los tortura, les cobran peaje. Siempre los controla. Consta en las actas que tuvo conflictos con la ley, pero en ningún caso ha portado armas. Sus dichos son los de cualquier pibe que juega a actuar esa identidad estigma y la asume propia, la internaliza. Quienes escuchamos a los chicos y chicas sabemos que ese relato no es. Escuchar para que los pibes hablen, en el sentido profundo de expresar lo que sienten, sufren, necesitan y sueñan es un oficio que requiere de respeto y ternura. Nada más lejos de la entrevista en cuestión.

 

 

 

 

ETIQUETADOS

 

Para crear un otro antagónico hace falta un proceso de exclusión al que se le añada una representación negativa como marca de identidad. Totalizante. No importa quién es “el Polaquito” porque su identidad es la de pibe peligroso, no importa su individualidad porque lo que funciona como identidad para este pibe es su estigma, su etiqueta (y es igual para otros como él).

 

La nota del programa Periodismo Para Todos (PPT) para cuya producción fue necesaria la participación de personal de la policía local y personal de civil que dependen del Secretario de Seguridad de Lanús Diego Kravetz, quien admitió haber estado presente en parte de la producción del programa, hace del pibe un personaje más parecido a los que aparecen en alguna serie tumbera que a la experiencia de vida de un niño vulnerado en sus derechos por un Estado que lo abandona.

 

El montaje (procedimiento), que construye a un pibe deshumanizado, ni siquiera apela a la sensibilidad de los televidentes porque se lo despojó de toda referencia de niñez capaz de provocar empatía o que apele al cuidado. Lo muestra como un otro al que tenerle miedo porque es peligroso.

 

Estamos ante una representación que expone a un sujeto barbarizado, expulsado fuera del espacio social. Bárbaros sin ley, ni respeto a nada. Infrahumanos que ponen en riesgo el orden, que ponen en peligro a la gente. Representaciones que habilitan discursos de segregación y mano dura. En este contexto una panelista de otro programa puede decir sin pudor ni sanción: “Si tengo que elegir entre mi hijo y este chico no dudaría”.

 

Ilustración: gentileza LID/La Caja Roja

Etiquetas peyorativas con las que cargan los pibes pobres, que los medios construyen y ponen a circular amplificándola, desde el poder de efecto de verdad que conservan. Así cristalizan imaginarios colectivos que autorizan y justifican la violencia (represión) del Estado como respuesta a la demanda de control social. “Esa pedagogía es muy precisa: es el papel de los medios y personas que se instalan como pedagogos de la crueldad para enseñar que ese horizonte de sufrimiento es la normalidad”, dice la antropóloga Rita Segato. El resultado es la indiferencia social que atrofia la empatía con ese otro que sufre, habiendo logrado esto esa vida está devaluada.

 

Lanata en su programa y otros, en las múltiples repeticiones y desde los noticieros, generan las condiciones de posibilidad para que avance un Estado represivo con un gobierno que promueve la baja de edad de imputabilidad de los adolescentes y que promueve la violencia sobre los pibes vueltos chivos expiatorios en un contexto de crisis social.

 

Construir a los pibes como otro antagónico promueve su aniquilamiento. Por eso el sábado un policía asesinó a Cristián Toledo en la Villa 21-24 sin motivos y, como en el barrio protestaron y el Padre Toto de la Parroquia abrazó la foto del pibe para contar quién era y exigir justicia, nos enteramos.

 

El domingo por la noche, asistimos al espectáculo del “Polaquito” por Canal 13. Manipulación y exposición mediática de un chico vulnerando todas las normas de Protección de Derechos que logra ser confrontada cuando la organización popular (en este caso el MTE) rodea a esa familia contrapesando el poder de los medios y de un periodista como Lanata para poder denunciar el atropello y desnudar la operación mediática que busca justificar el accionar violento, legal o ilegal del Estado con los pibes.

 

Es miércoles y en San Martín otro policía dispara dieciséis tiros a un chico de 14 años y lo mata. Rodrigo Correa era el pibe. Se hizo referencia a un intento de robo con armas pero en la escena no había ninguna. Su mamá con una foto de su hijo chiquito con delantal del jardín -disputando sentido en esa acción tan primaria- llora frente a las cámaras preguntándose por qué dejaron su cuerpo ahí tirado como un perro tantas horas.

 

Los pibes no son peligrosos, están en peligro.

 

¿Qué hacemos con esto? Frente a la crueldad que insensibiliza no queda otra que construir identidades alternativas a las barbarizadas y construir comunidad para no permitir que nuestros pibes sean muertos de nadie y sacarlos de la indiferencia social. ¿Cómo? Desde las organizaciones que cada barrio fue construyendo. Nos toca confluir en espacios comunes para que nos vean y avanzar con nuestras pedagogías para disputar sentidos, territorios y la agenda pública para que irrumpan nuestras representaciones y demandas.

 

(*) Clarisa Gambera es trabajadora de niñez e integrante del Encuentro Niñez y Territorio
barro@lanan.com.ar
 
Nº de Edición: 1765

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