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hermano alien

pedro mancini

Fotografía: Franco Quagliardi

¿Quién es Pedro Mancini? ¿El autor de culto de la revista Ultramundo? ¿El Alien triste que nos divierte con su patética vida? ¿El baterista de Öesterhell, la banda de noise rock integrada por dibujantes? ¿El ácido protagonista de la tira diaria y autobiográfica llamada Nerdcomics? Quizás no sea ninguno, o todos ellos juntos. Lo cierto es que este artista no parece tener intenciones de detenerse: si no está dibujando es porque está presentando algún libro, organizando un festival fanzinero o haciendo música con su banda. Lo que se dice un muchacho inquieto.

 

Pedro es uno de los historietistas más talentosos de nuestro país. Nacido y criado en el underground fanzinero, hoy publica en editoriales comerciales pero mantiene su espíritu autogestivo e independiente. En la actualidad se encuentra trabajando en un libro sobre la infancia del escritor William Burroughs que será publicado por una editorial española, mientras compila tiras para el libro recopilatorio Nerdcomics y realiza una historieta de superhéroes marginales llamada Struwwel Patrol, que se publica semanalmente como webcomic a través de la editorial Loco rabia. Y todo esto mientras agita a sus seguidores con la pronta aparición de su nuevo libro  Ultradeformer, una recopilación de historias cortas inéditas en nuestro país, editado por el colectivo editorial Prendefuego.

 

Mancini cuenta que su primer acercamiento al noveno arte se dio cuando aún era un niño, gracias a los libros de cuentos y las historietas que le compraban sus padres. Los minicomics que acompañaban los muñecos de la serie He-Man, Los Súperamigos, Thundercats y Transformers -todas adaptaciones de los dibujos animados que se pasaban en televisión- fueron las primeras historietas que le abrieron la cabeza a un mundo nuevo y excitante, lleno de aventuras y héroes entre viñetas.

 

Más adelante, en plena pre adolescencia, conocería Asterix –la historieta más popular y leída de Francia- y los comics de DC editados en castellano por la editorial Perfil y la española Zinco, con sus venerados tacos, tan buscados hoy por los coleccionistas. Pero aún antes de entrar en esta etapa Pedro ya era un historietista precoz, como si hubiese nacido con ese signo. “Dibujo desde que tengo memoria. Desde muy chico, en el jardín y en la primaria. Hacía historietas cortas que armaba en forma de revistita y se las vendía a mi abuela. Eran como fanzines de una sola copia. En la secundaria dejé un tiempo el dibujo porque me fasciné con la música y eso se llevó toda mi atención. Empecé a tocar la batería y formé algunas bandas. Un tiempo después se unieron las dos cosas, porque volví al dibujo con un fanzine que se llamaba Bizarría, que vendía en los mismos recitales en los que tocaba”, recuerda Pedro.

 

La primera obra de su autoría que vio publicada en papel fue el número 1 de la antología Ultramundo, con el grupo Niños, creado junto a los historietistas Dario Fantacci y Santiago Fredes. Fue un trabajo colectivo y a pulmón: ellos mismos escribieron, dibujaron, diseñaron y maquetaron la revista, luego la imprimieron y se la ofrecieron a distintos editores del país. Pero nadie quería arriesgarse a publicar una antología de autores desconocidos. Fue entonces cuando decidieron autoeditarse. Hoy la antología Ultramundo -7 números en los cuales se publicaron grandes historietas como Hermano o Niños de la basura– es un objeto de culto y una referencia dentro del comic under.

Pedro conoció a Darío Fantacci en un taller de historietas y enseguida pegaron onda. Darío le presentó a Santiago Fredes, y después de un año de conocerse y cranear el proyecto juntos, llegaron al primer número de Ultramundo. Lo interesante de Niños es que el grupo no se confinaba dentro de los límites de la historieta. Los muchachos venían de distintos palos, muy influenciados por la música y el cine. De hecho, llegaron a incursionar en otras artes; tocaron y grabaron música y también hicieron algunos cortos. “Fue una época genial”, asegura Mancini. “Era aprender a hacer todo a cada paso. También había mucha diversión, era juntarnos varios días seguidos en Tigre, en la casa de Santi, a imprimir y armar las revistas mientras tomábamos ginebra y escuchábamos a John Zorn, The Breeders, Yuca Onda o Lou Reed. Hacíamos todo nosotros mismos, distribuíamos, promocionábamos, íbamos a los festivales, además de producir todo el contenido de la revista.”

—¿Qué diferencias encontrás entre la movida del comic under de la época de Ultramundo y la actual?
—Desde aquel momento a ahora, algunas editoriales independientes crecieron un montón. Editoriales que empezaron como un grupo de autores que publicaban sus propios fanzines, dejaron de limitarse a publicar solo a autores propios y comenzaron a publicar por fuera de su grupo, abriendo un montón el juego. Las cosas han cambiado en el sentido de que hubo un gran crecimiento de este tipo de proyectos. Lamentablemente veo cómo justo en esta época terrible que nos toca vivir algunos logros tambalean. Pero tengo fe en que vamos a resistir. Por lo menos esta crisis nos encuentra mejor parados y con las cosas un poco más claras”.

 

—¿Cuán significativos son para vos el fanzine y la historieta underground?
—Para mí es casi todo. No conozco otra forma de hacer las cosas. O por lo menos es de donde vengo. Empecé en la historieta haciendo fanzines, después vino la etapa de Niños en donde nos autoeditabamos y hacíamos todo nosotros. Hoy en día puedo publicar con otras editoriales, pero son editoriales independientes que empezaron casi a la par que nosotros, como por ejemplo Hotel de las ideas. Por otro lado creo que siendo historietista en Argentina no hay muchas más opciones. Salvo algunas excepciones de editoriales un poco más grandes, casi todo es under o independiente. O sea, al ser un mercado tan chico, todos trabajamos un poco de la misma manera. De cualquier forma algunos autores disfrutamos especialmente de esa libertad y ese espíritu que solo ofrece el under. Casi todo lo que me gusta y me influenció viene de ahí. Es una visión de las cosas y una forma de trabajar. Me pone mal ver que hay dando vueltas una idea de que el fanzine es en verdad la única alternativa que le queda a un autor cuando no tiene oportunidades en otros lados. Como si el fanzine fuese lo que le toca a un pibe que quiere publicar en Marvel pero no le dieron bola, cuando en verdad para muchos es un fin en sí mismo.

 

Los relatos de Mancini suelen ser experimentales, de narrativa no-clásica, historietas que retratan mundos fantásticos, oníricos, poblados por personajes extraños y deformes, algo así como cuentos de hada oscuros y lisérgicos. Por eso no es extraño que Pedro confiese que probablemente su mayor influencia sea el director de cine David Lynch. No solo por su obra cinematográfica, sino también por su actitud ante el trabajo creativo. “Igual tengo miles de influencias, y creo que ese es el chiste, nutrirnos de bocha de cosas que andan dando vueltas por ahí y nos atraen. Muchas veces las influencias vienen de amigos o de gente que nos rodea, que no necesariamente se dedica al trabajo artístico”.

 

Su otra faceta es la de historietista de humor negro, con tiras protagonizadas por personajes depresivos, perdedores hermosos con los que el lector se encariña fácilmente. Y aunque en su vida personal sea un ciudadano atento al contexto sociopolítico que atraviesa nuestro país, esa faceta política no suele traducirse en sus historietas. “Creo que mi costado político va más por el lado de la forma en que me muevo. De la gente con la que decido trabajar, y también el modo de hacerlo. Cuando estaba por asumir Macri y la cosa se estaba poniendo cada vez más áspera, surgieron espontáneamente algunas tiras con contenido político más directo. Estaba enojado con la realidad, con la gente que había llegado a esa decisión, y sentía que desde el comic podía decir algo al respecto. O aunque sea descargar esa bronca. Pero enseguida me di cuenta que otra gente maneja ese código mucho mejor que yo, así que de a poco lo abandoné.”

 

—Tus historietas humorísticas parecen tener bastante de autobiográfico. Inclusive tenés una tira que retrata tu cotidianeidad. ¿Qué te lleva a incluir aspectos de tu vida en tu obra?
—Eso se dio solo. Yo en un principio hacía un tipo de historieta experimental, con un toque bastante onírico, pesadillesco. Pero, así y todo, con el tiempo iba notando que estaba hablando de mí. Tal vez a través de algún personaje extraño, alienígena, o lo que sea. Esto fue cada vez más explícito. Alien Triste es muy autobiográfico, aunque conserva un componente fantástico. Nerdcomics son directamente recortes de conversaciones o cosas que me pasan. De cualquier forma yo creo que siempre hay algo de autobiográfico en cualquier cosa que uno haga, sea lo que sea. Y por otro lado uno manipula un poco esa realidad que vive. Si yo contara mi vida tal cual es, sería un terrible embole para todo el mundo. En Alien triste exagero un costado de mi realidad y cierta esencia un toque dramática y derrotista que siempre tuve.

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Ilustración: Pedro Mancini

 

—¿Qué importancia le das a la música a la hora de crear?
—Muchísima importancia. De hecho hay historietas de otras épocas que me llevan directamente a la música que escuchaba en esos momentos. Sobre todo las primeras historietas que hice, que en general eran mudas y tenían impresas el tempo y las formas de cierta música. A esa edad, alrededor de los 20, pasaba del metal y el rock a abrir un poco mi cabeza con algunas cosas de jazz o de música electrónica. Así que hay pasajes que me traen a Masada, Sun Ra, Ornette Coleman, Aphex Twin o Squarepusher. Y cada historia te lleva a una música distinta, con diferentes atmósferas para cada caso. Además hay música que viene mejor para ciertos momentos del proceso. Para el guión o la creación de la historia muchas veces me viene mejor la música instrumental, en cambio para el dibujo o el entintado puedo escuchar bandas quilomberas y ruidosas que tanto me gustan, como por ejemplo Sonic Youth.

 

—¿De qué se trata ese proyecto ultrasecreto y experimental llamado Öesterhell?
—Öesterhell es una banda de algo así como noise rock hecho por dibujantes. Durante mucho tiempo de mi vida toque en bandas, y justamente deje cuando la cosa se puso un poco seria: ensayar tres veces por semana y tocar mucho en vivo. Me tiraba más quedarme dibujando. Pero con el tiempo empecé a extrañar ensayar y crear música. Así que junto a Germán Cufre, Iván Riskin y Federico Gude nos empezamos a juntar esporádicamente a ensayar y a grabar. El chiste está en que ninguno es realmente músico, pero tenemos bastante sentido de la música. O por lo menos de crear climas y ruido. Con el tiempo pasaron varios integrantes más, siempre dibujantes: Ezequiel García, Nacho Flores, Nico Mealla y ahora Ariel Lopez V. Cuesta un poco juntarnos, pero la idea es grabar y hacer un fanzine/disco, además de tener las cosas en alguna plataforma virtual. Lo flashero es que con las pocas veces que pudimos juntarnos y con el poco registro de lo que hacemos que hay para escuchar, el otro día me escribieron de un sello de Colombia para editarnos allá en vinilo. Creo que si me lo hubiera propuesto con alguna de las bandas que tuve, no lo hubiera logrado. Supongo hay algo atractivo con este grupo, que tiene que ver con el concepto y con una estética que manejamos.

 

—En breve se publica Ultradeformer, editado por el colectivo editorial Prendefuego ¿Qué podés adelantarnos de este nuevo libro?
Ultradeformer es una recopilación de historias cortas, en su mayoría inéditas en este país. La historia principal es Misterio de Krang, un comic que hice para una colección de la revista colombiana Larva. Otras cosas que lo integran fueron publicadas en Francia. La idea de Ultradeformer tiene origen en un libro que veníamos charlando con Diego Cortés. Con Llanto de Mudo yo publiqué mi primer libro, Paranoia Normal. La idea que teníamos era hacer una parte 2, o por lo menos una reedición con material nuevo, y al fallecer Diego quedó en la nada. Los chicos de Prendefuego querían editarme algo, yo les presenté varias cosas y se decidieron por este material.

 

pulpa@lanan.com
Nº de Edición: 1649

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