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modelo vivo para armar

horacio petre

Ahora se entiende que Horacio Petre ande con la visera hacia atrás: debe ser por la postura en la silla con la mirada hacia un ascendente “modelo vivo”, mientras dibuja. O acaso sea un link al tiempo en que conoció esta actividad: rastrea su primera vez a los 16 años, cuando asistía a un taller de ilustración para adultos. Historietista, ilustrador, diseñador, editor y docente, hace años que Petre (como firma sus viñetas) le gana el espacio a la hoja en blanco con líneas que emulan a los cuerpos fuera de ella. Es, dicen los que saben, un maestro en eso. Se puede ver en Cuadernos dibujados (Wolkowicz Editores), editado en 2014 con prólogo de Carlos Nine; se puede compartir en sus blogs (de aquí y de allá); y se podrá testificar en el taller con modelo vivo “Poniéndole el cuerpo al dibujo”, a partir del miércoles 29 de marzo en Nivangio (Colombres 946, Ciudad de Buenos Aires).

 

Ese mismo día, brindará una clase abierta y gratuita a modo de presentación (con inscripción previa en el evento de Facebook hasta cubrir cupo): “En una hora y media de dibujo con modelo, mientras los alumnos dibujen, daré pautas de trabajo sobre cómo mirar el modelo y analizar lo que se ve para replantearlo en la hoja, y cómo enfatizar aciertos y miradas propias y a su vez tratar de dejar de lado estereotipos. La media hora final será para mirar los trabajos, analizarlos, ver aciertos y errores, y también conocer a los otros integrantes del grupo y sus propias producciones”, adelanta en diálogo con NAN, medio en el que publica sus obras, así como lo ha hecho en el suple NO de Página/12 y en la revista Orsai, entre otros. “A medida que avance el taller, que tendrá dos modelos femeninos y uno masculino en rotación, en el dibujo clásico iremos incorporando propuestas más creativas y luego armaremos trabajos vinculados a la creatividad o la búsqueda personal, desde el retrato y la caricatura hasta la historieta, el humor gráfico o el planteo de una propuesta plástica.”

 

—¿Cuándo y cómo empezó tu relación con el “modelo vivo”?
—De muy chiquito. De hecho, la primera mujer desnuda que vi en mi vida en vivo y en directo fue la modelo de un taller para adultos en el que me anotaron mis padres. Entre los 16 y los 23 años fui al taller de María Luisa Manassero, mi primer profesora de dibujo y pintura en un taller de adultos, de quien aprendí prácticamente todo. En ese taller el aprendizaje era casi espartano, clasicismo brutal; dibujar de adentro hacia afuera, visualizar la estructura y líneas principales. Algo muy arduo: la “colimba” casi, te diría. Sin embargo fue de lo mejor que me pasó. Me dio una base muy sólida para dibujar cualquier cosa después. A los 24, dejé el taller, pero siempre seguí dibujando. En 2011, unos 22 años después, mi amigo y gran dibujante y pintor Alejandro Agdamus me llevó a “Bacanales”, el evento que organizaba Khalil Llamazares. Allí me encontré con las sesiones de modelo vivo y grupos de jazz tocando. ¡Fue alucinante! Desde esa época hasta hoy, pasando por las “Jam de dibujo” de Maxi Muñoz y los “Dibu Jazz” de Martín Podder, asisto lo más que puedo a las sesiones en que la música en vivo se funde con el o la modelo posando. Un gozo absoluto.

 

Horacio Petre_NAN2017_gentileza

 

—¿Qué diferenciales aporta esta técnica?
—El dibujo de modelo vivo no es una técnica sino una actividad que podés encarar desde el dibujo a lápiz, la acuarela, el óleo o la técnica que quieras. Lo más interesante que te brinda es el entrenamiento del ojo, de la mirada, y el pensar y analizar cómo esas formas que vemos en tres dimensiones las plasmamos en un plano. A diferencia del paisajismo o la naturaleza muerta, el modelo vivo tiene la gracia de la belleza y la organicidad tan peculiar del cuerpo humano. Hay una poesía y una especifidad en el conjunto de formas y contraformas que se dan en la pose de los modelos que lo vuelve muy singular, y entrena enormemente la mirada y la mano. Como te decía antes, dominar el dibujo de la figura humana te permite manejarte con precisión y soltura con cualquier otro tipo de dibujo.

 

—¿Y es para cualquiera o sirve sólo a cierto tipo de búsqueda conceptual y estética?
—Yendo al plano técnico, de oficio, hay algunas personas interesadas en mi taller y me consultan sobre el nivel con el cual concurrir. En principio, cualquiera puede acercarse a la figura humana, como cualquiera puede acercarse al canto o la escritura. El dibujo, al menos desde mi concepción, es algo aprendible, transmisible, pero exige disciplina y esfuerzo como todo estudio. Lo que se requiere es afinidad emocional con el dibujo principalmente. Es decir, tener el entusiasmo para dedicarle tiempo y esfuerzo, para hacer intentos, bancarse quebrantos y errores, y con trabajo empezar a obtener logros. También hay gente que ya tiene un buen nivel y que en el taller podría empezar a desarrollar otras formas y maneras de encarar la figura humana, a partir de la interacción con el docente y los compañeros. Lo bueno del taller es que sobre el mismo modelo puede convivir el trabajo del que recién se inicia junto al del más experimentado. El tema conceptual es independiente de la representación y la técnica. En este taller, no trabajamos tanto en esa esfera. Con respecto a la estética o el tan mentado “estilo personal”, para mí son siempre resultado directo del trabajo y la honestidad con que cada uno instala el mundo del dibujo, la pintura y la ilustración en su propia vida. Como alumno siempre valoré los profesores y talleres en los que los quienes aprendían no se parecían al que enseñaba ni entre sí. Mi trabajo como docente es guiar el proceso de búsqueda en el que cada uno va construyendo su propia manera de armonizar la peculiar danza que se da entre la vista, la mano, el trazo, la hoja y lo que dejamos en ese plano.

 

—La ilustración suele estar más asociada a un acto individual que a uno colectivo. ¿De qué modos enriquece una práctica del dibujo que no se realiza en soledad?
—El trabajo de dibujo, pintura o ilustración es casi siempre muy aislado a diferencia del teatro, la danza, el cine o la música. Pueden haber experiencias colectivas como los murales, la animación, las historietas hechas grupalmente… pero son los trabajos menos frecuentes. A la hora de poner el lápiz o el pincel sobre una tela o un papel, cada uno está muy aislado; es una característica propia de la disciplina, como lo es de la escritura. Sin embargo, en un taller con modelo vivo, en el que se va a dibujar y no a escuchar o mirar a otro, se da un momento mágico que es el estar dibujando a la par de otros. ¡Algo fascinante! Y más interesante aún cuando al final de la clase miramos los trabajos de todos entre todos. Ahí siempre pasan cosas importantes. Parafraseando a Gelman, no es para quedarnos dibujados que dibujamos.

 

pulpa@lanan.com.ar
 
Nº de Edición: 1713