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Literatura fantástica

UNMILLON_ENTRADA
El libro de Fernando De Leonardis editado por Años Luz trabaja, con un registro entre el ensayo y la poesía, la intertextualidad desde los nombres propios.

Por Juan Ignacio Sapia

Es conocida aquella sentencia de Borges en la que ubica a los textos religiosos y filosóficos como una rama de la literatura fantástica. Las distintas lecturas que se despliegan de un mismo texto van mutando, y a veces se hacen contradictorias: escrita como un libro sagrado que responde la pregunta por el principio y el final del mundo, hoy la Biblia puede leerse como un compendio de ficciones históricas con moraleja y fantasía, algo así como una novela rusa del siglo XIX regada con cataratas de sangre al estilo Game of Thrones. Con El Capital, monumento marxista en forma de texto, sucede lo mismo. Leído hoy, luego de que todo ese aparato teórico que denunciaba el mercado pasara a inspirarlo y alimentarlo, se puede leer como una ficción, un manual de instrucciones ficticio. “La mayoría de los escritores que se reclamaban marxistas edificaron un corpus de literatura ficcional particular, marxiano, mezcla de ciencia ficción, fantasía épica, filosofía de la historia, apelaciones a textos clásicos como argumento de autoridad y citas de citas de citas de citas”, escribe Fernando De Leonardis en Un palito ortega por cada millón de tucumanos hambreados (Años Luz Editora).

Con un estilo que va del ensayo a la poesía, “poemas ensayísticos y ensayos poéticos”, De Leonardis trabaja la intertextualidad desde los nombres propios: al principio con nombres como Cheever, Bukowski, Carver, y luego Lenin, Trotsky, Gramsci. De hecho, podría dividirse el poemario en tres partes. En la primera, De Leonardis trabaja con la literatura, con autores específicamente literarios. “Yo abuso de ellos./ Los cojo.”, escribe, poniendo de manifiesto el trabajo de intertextualidad. De Leonardis cita a Fresán citando a Cheever, los interpela, dialoga con ellos, los remixa. “Pontificando”, otro de los textos de la primera parte, es una guía de estilo o un manual de instrucciones para la crítica literaria y musical. A partir de la segunda parte empieza el tono político, pero todavía mezclado con la literatura. “Marxcianos”, el ensayo que ocupa toda esta parte, es una refutación del discurso marxista pero bajo un signo estrictamente literario: De Leonardis vincula el corpus marxista con la fantasía: “Al mezclar las expresiones ‘marxiana’ y ‘marciana’, jóvenes entusiastas de la ciencia ficción hablan de literatura marxciana”. Hay algo en la minuciosidad, en la especificidad de la teoría marxista que lo asemeja al discurso científico. Eso, sumado al fracaso de todos los intentos de instaurar una dictadura del proletariado, hacen que hoy se pueda calificar a toda la literatura marxista como “ficción especulativa”, el nombre que Ballard le daba a la ciencia ficción.

“La causa no prescribe porque es eterna: revisión del proceso sin sujeto ni fin(es)” es el último texto del libro y la tercera parte, donde el estilo de De Leonardis se hace definitivamente ensayística y repasa los principales tópicos del marxismo: procesos, agentes, fines, proletariado. De Leonardis expone el cientificismo marxista (“Sujeto sujetado a la estructura estructurante”, escribe). Quizás sea este el mejor artificio de Un palito ortega…: subvertir los géneros y, a partir de ahí, mezclar las intencionalidades de un texto. ¿Cómo se lee hoy la literatura de un proceso político agonizante o ya muerto? Como un zombie que se niega a morir, las ideas marxistas persisten aún después de la muerte del comunismo. El libro de De Leonardis es un intento por capturarlas, algo así como una autopsia de algo que se niega a morir del todo.