Los chicos crecen, pero no dejan los jueguitos. La webserie Coso lleva al espectador a una aventura costumbrista. Pero nada de clubes de barrio y colas de supermercado: la vida adulta se le impone a los gamers. ¿Respawnearán los protagonistas?
Por Nahuel Lag
Buenos Aires, noviembre 4 (Agencia NaN–2013).- Para las generaciones que disfrutaron de las mieles de la infancia en la era del Family Game y el Sega, aquellos recuerdos de Mario Bros, Contra y Mortal Kombat son el refugio de los buenos momentos vividos, el escape a aquellos días en los que no había más problemas que vencer a Koopa, perseguir al grupo terrorista Red Falcon junto a Bill y Lance –una mezcla nipona entre lo que era Rambo y lo que sería Guile de Street Figther- o aprenderse de memoria la nueva fatality filtrada por la Top Kids. ¿Quién dijo que aquellos héroes no pueden vivir en nosotros para resolver los conflictos de “hacerse hombre y enfrentar la vida real”? El que no lo crea posible, que se convenza disfrutando los 11 capítulos de Coso, una webserie creada, filmada y subida a la red de redes por Andrés Borghi, Ariel Sotomayor y Marcelo Yañez, de Toronja Producciones. Una rapsodia humorística del videogame, con tintes gore y sci-fi, resuelta en tiempos de videoclip: toda la saga en 18 minutos.
La webserie fue cargada capítulo a capítulo durante 2012, intercalada entre los canales de Youtube de Borghi (Otakus, Working Day) y Toronja (en plena producción de Lucho’s Big Adventura) y ya alcanzó las 15 mil visitas. El primer capítulo arranca “En pedo” y plantea el espíritu ¿nostálgico o filósofico? que tendrá la decena siguiente de emisiones, todas resueltas entre los 60 y los 120 segundos, con la habilidad de tejer algo así como: “la solución gamer para los problemas del hombre adulto”. Sí, las mujeres que lleguen a la webserie no se sentirán tan identificadas como los muchachitos que compraban alfajores Dieguito Maradona.
El rostro con corona rulosa del mejor 10 se luce en la camiseta de Sotomayor, que protagoniza –junto al pibito odioso de la plaza- el capítulo “Cabezazo”, en el que es vencido por una de esas cajitas metálicas que se descubren mágicamente al cabecear el aire del Mario Bros, pero resultan una noticia poco feliz para quien salta a buscar conectar con la pelota y se la encuentra en el camino.
La tercera entrega cumple el sueño de cualquier jugador serial del Family –esos que saben que no hacían falta gráficos hiperrealista para quedarse horas calentando el transformador-, el sueño de protagonizar tu propio “Día de furia” cargando el arma de Bill o Lance y despacharte contra todo lo que se te cruce en los próximos cien metros.
Los capítulos se suceden entre las nostalgias de veranos con gaseosa fría y galletitas frente a la pantalla (“El tacho”) y “los problemas de la vida real”, que evolucionan en paralelo a las ficciones más añoradas. En la sexta entrega el personaje interpretado por Borghi espera a su amigo (Yañez) para contarle algo importante: “salgo con tu hermana”, es más o menos lo que espera tener el valor de decirle. En la espera, él teme -río de fondo— que su acción en contra de los códigos no actúe como Cthulhu –-no el de Metallica sino el original, el de H.P. Lovecraft–. La víctima gore no será él.
A lo largo de la serie, Yañez, Sotomayor y Borghi se encargan de dejar la huella del cine independiente amante de lo bizarro, el gore y el sci-fi –con la colaboración de las animaciones 3d de Metalwarrior—y claro la nerdeada: la foto con los ninjas, el fetiche, el cosplay. Por eso, hacia el final de la serie, los paralelos entre la nostalgia de la infancia –el fulbito en la plaza-, la vida gamer – “¡Actualización de qué carajo me pedís! ¡Quiero jugar! ¡Están matando a los videojuegos!”, exclama Sotomayor en “Actualización”— y los problemas de la vida adulta –“¿500 pesos un juego de Playstation 3? Está bien, es el God of War, pero, ¡sabés las facturas que me compro!— ya forman una sola realidad: la del mundo Coso. Ese mundo donde un conflicto se resuelve con una guerra de miradas y las lesiones por accidentes caseros se sufren tanto como golpe de Baraka en Mortal Kombat.