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Libros: “Vecinos al rescate de la memoria olvidada” (Marcela Bidegain, Marina Marianetti y Paola Quain, 2008).-

Una investigación sobre el teatro comunitario en el país que pone en debate al rol de las artes escénicas como motor de transformación social, en base a un análisis sociológico de las prácticas relacionadas con esta disciplina, que aparecen puestas en la perspectiva de la historia reciente y revelan contrapuntos interesantes entre los talleres y las instituciones.

Por Facundo Gari

Buenos Aires, marzo 14 (Agencia NAN-2009).‑ Vecinos al rescate de la memoria olvidada (Artes Escénicas) es una investigación realizada sobre talleres comunitarios de teatro, su emergencia y funcionamiento, además de un análisis sociológico de las estrategias y vínculos que definen la esencia de estos movimientos. Un recorte del objeto de estudio era obligado, por el constante crecimiento cuantitativo de los espacios de producción colectivos abocados a la dramaturgia. El propio apéndice del libro aporta datos de unas cuarenta organizaciones en territorio argentino, de entre las que Marcela Bidegain, Marina Marianetti y Paola Quain seleccionaron a Catalinas Sur (“El origen, con 25 años de trabajo en el popular barrio porteño de La Boca”), Patricios Unidos de Pie (“grupo rural que se convirtió en una de las muestras más claras de impacto social”), Los Dardos de Rocha (“que trabajan en forma integral en la ciudad de La Plata”) y Los Okupas del Andén (“vecinos del barrio Meridiano V, de la capital bonaerense”).

Al comienzo del libro, las autoras ubican la génesis del teatro comunitario en el ocaso del último gobierno militar, que implicó un sistema de exclusión y desmovilización política de los sectores populares activos, acoplados hasta entonces en formas de asociación autogestivas y democráticas. Iban desde los clubes barriales hasta los comités políticos: lugares en los que los participantes se vinculaban a través de lazos de solidaridad (no confundir con asistencialismo, advierten las escritoras) y empatía. La ola de persecuciones y desapariciones, el estado de sitio y el terror impuesto provocaron el desplazamiento de esos ejes de discusión y cooperación, hacia los que el neoliberalismo de los 90 se ocuparía de consolidar: se pasó del “algo habrán hecho” al “sálvese quien pueda”.

“Pero las transformaciones políticas de la época se materializaban en otros cambios que también resentían la vida comunal de los barrios. Durante el gobierno de facto –dicen en el libro–, la intendencia del brigadier Osvaldo Cacciatore (abril de 1976 a marzo de 1982) produjo grandes cambios en la infraestructura de la Ciudad de Buenos Aires. Se realizaron dos autopistas consideradas como parte de los cambios más visibles. Una de ellas, la 25 de Mayo, implicó la separación de Barracas […] e interrumpió los lugares de encuentro al modificar la identidad del barrio. La gestión de Cacciatore también se preocupó por intentar eliminar del paisaje porteño las villas miseria a fuerza de topadoras, con la clara intención de evitar lo que él consideraba ‘una mala imagen’ del país”. A pesar del paso del tiempo, qué contemporáneas resultan estas líneas.

En ese contexto nació Catalinas Sur, de la mano del director uruguayo Adhemar Bianchi y antecedido por una serie de talleres brindados por la cooperadora de la Escuela N°8 Carlos Della Pena, en La Boca. Catalinas fue, insisten las investigadoras, la semilla que creó la planta madre, de cuyos frutos crecieron otras tantas agrupaciones. Y la primavera de esa germinación fue, anecdóticamente, diciembre de 2001, luego del estallido social que provocó la salida anticipada de Fernando De la Rúa. Según lo afirman los propios vecinos en el libro, por entonces los talleres comunitarios “surgieron de la necesidad de encontrarse, de sentirse partícipes de la propia historia”.

Además de la contextualización histórica, las autoras realizan una serie de contrapuntos interesantes entre los talleres de teatro comunitario y las instituciones, en las que se reproducen las formas hegemónicas. Por ejemplo y sobre todo, la escuela. “Algo sucede entre los seis y los dieciocho años en el proceso de escolarización: ni maestros, ni padres, ni directivos se preocupan por si el chico pierde el hábito de dibujar, cantar o expresarse con el cuerpo. En consonancia, el modelo pedagógico de la educación para el arte fue a través de la palabra. Maestros y profesores que hablan de las artes desde una concepción o modelo teórico-expositivo. Cuando existen intenciones de poner en práctica el trabajo con el cuerpo […] se hace desde un espacio extracurricular y, por tanto, con escasa participación por estar cargado de estigmatización (‘extra’ = ‘afuera de’)”.

El ejemplar trae adjunto un DVD con fragmentos del documental La utopía teatral, de Adolfo Cabanchik, que muestra el trabajo de grupos comunitarios de teatro y pone en debate al arte como transformador social. Y Además, fotografías de puestas en escena de obras surgidas en los talleres de los grupos seleccionados.