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Cosa ‘e locos

LOCO_ENTRADA
Pablo Eduardo Morales, músico, pintor, poeta, fotógrafo, cineasta y actor del Frente de Artistas del Borda. Una historia entre tantas de las que le hacen frente al encierro.   Ilustración: Florencia Cibeira

Por María Daniela Yaccar y Nahuel Gomez

A Pablo Eduardo Morales lo internaron en el Hospital José Tiburcio Borda en 1978 “por padecimiento sentimental por una chica”. A ella le dedicó un tema musical, “La chica de quince”. Pablo Eduardo Morales también pinta, hace circo, escribe poemas, saca fotos con la técnica estenopeica y, dice, está filmando películas. “Hice La asamblea, De artistas y de locos, Amigos hasta que la muerte nos separe y Cigarrillos sin filtro. Actúo de protagonista principal”. Pablo Eduardo Morales es uno de los participantes más activos del Frente de Artistas del Borda.

“El arte es lucha contra la represión antihumana y humana. Te encontrás con el adentro y afuera, con la vida exterior, y te parece diferente porque estás encerrado en tu mundo”, define Pablito. Desde 1984, el FAB coordina talleres abiertos a la comunidad para la “desmanicomialización” de los internos. Así, resiste la idea del manicomio como institución vinculada al encierro, el maltrato, la segregación, la violencia y el olvido hacia quienes lo habitan. Entre mates, mientras la pava que pierde va armando un charco cada vez más grande cerca de sus pies, y siempre con un Red Point en la boca, cuyas cenizas caen en su ropa gastada, Pablo define esa palabra difícil de pronunciar: “La locura no existe. Uno puede estar encerrado y estar más sano que nosotros. Desmanicomializar es ayudar a la gente que no puede efectuar un trámite en su encierro. Por ejemplo: en tu casa te sentís encerrada, y salís y también te sentís encerrada. Es tratar de sacar de su encierro a esa persona”.

Morales está alojado en el servicio 18. Su sonrisa, aunque desdentada, contrasta con las paredes grises y beiges, ventanales enrejados, puertas con candado, la luz de tubo y la música de la lluvia. Pablo está sentado en un banco largo, con muchas ganas de seguir comunicado con quienes lo visitan esta tarde. “Denme su numeración”, pide y entrega su celular. “Él es muy sociable, extrovertido y alegre. Estoy contenta de que lo vengan a visitar”, acota una enfermera que pasa.

“Estoy siempre presente en todos los lugares que me piden: una cárcel, un hospital, un colegio, una facultad”, cuenta. “Cuando salgo a la calle me siento contento, acompañado por mis propios amigos y amigas. Me gustan las chicas, pero no para enloquecerlas sino para ser amigos.” Está triplemente enamorado: de dos enfermeras y de una policía. Hace unos meses lo invitaron a participar de un festival cultural en la unidad 46 de José León Suárez en donde cantó, bailó y secundó a un clown. Va a pintar un mural con los internos de esa prisión, en una de las paredes del inmenso complejo que está construido sobre el célebre basural de Operación masacre.

¿Qué te gusta de ir a la cárcel?
La comunión que hay con los amigos. La pasé bastante bien. Cuando nos llevaron al pabellón de los chicos me puse a pensar qué será de ellos que están encerrados. Y me puse a pensar que estaba en el Borda por una notificación, por padecimiento sentimental. Yo soy perito mercantil y bachiller recibido, y cadete recibido del Instituto Militar Tandil. Lo que quiero es triunfar como artista y tener millones de amigos en la vida, también en “Leonor” Suárez (así llama a la cárcel que visita). No como un Sandro ni un Favio, sino amigos de veras. Sandro cuando fue famoso se dedicó a las mujeres y al alcohol; Favio, a Carola, su mujer. Después se separó, tuvo hijos y problemas. Yo, aunque tuve un problema sentimental, quiero enfrentar la realidad de la vida. Si llegan a escuchar esta grabación el oficial Alfredo, el director de la cárcel de Suárez, los chicos y las femeninas, quiero decirles que los quiero un montón. Y sobre todo a los médicos de acá, que me atienden de maravillas. Duermo en una habitación particular, qué sé yo, duermo con pesadillas, sueños, pesadillas, sueños… pesadillas grandes que tengo, pero eso es llevar todo arriba y enfrentar la vida real.

¿Te pareció distinto el encierro de la cárcel a éste?
Me pareció que esos chicos me deben extrañar a mí, mucho. Había fotografías mías en el pabellón. Me da pena entrar y salir de ahí, me dan ganas de quedarme a ser más que un actor. Quisiera ser un protagonista de lo que les está pasando.

“Hacer amigos.” A Pablo le interesa eso. A los pocos días llamará por teléfono e invitará a una función de Circo Manija (FAB). Hace 24 años que está internado. Sus familiares no vienen a visitarlo. Es su drama. Lo primero que impacta al ingresar al Borda es la soledad. Hoy 600 vidas transcurren allí, de hombres y de unas pocas mujeres. “No sé si es adopción o no sé qué es. Tengo sueños de monstruos pero no sé por qué. La doctora no me lo dijo todavía, por eso el juzgado no me deja ver a mi familia.” Sus compañeros de servicio merodean el lugar de la entrevista. Algunos saludan con la mano, otros con un beso. Uno ofrece una golosina. Un señor grande mira fijo y con el ceño fruncido, cara de enojo. Y otro pregunta si alguien sabe hablar italiano. “A ellos les gusta el sistema de mi opinión. Yo soy una eminencia. Sé el sufrimiento de las personas. Me doy cuenta mirándolas a los ojos, la cara, el físico, la forma de caminar.”

Pablo no tiene drama en hablar de nada. Bah, de casi nada. En el Borda, “Macri” es casi una mala palabra. La última jugarreta del gobierno porteño fue la decisión de instalar un centro cívico justo en terrenos del hospital, donde funcionan talleres de rehabilitación en los que los internos aprenden oficios. Le pedimos su opinión, pero Pablo no quiere hablar de política. Sin embargo, días más tarde, en la jornada Cuerpos de-mentes en lucha, en la que el FAB marcó su postura al respecto, Pablo se largó a opinar. “Me asusta que cierren el Borda. Es tremendo. Estuvo la Metropolitana, salió en el diario. Siento temor de que pase algún movimiento, algún desastre.”

“El artista, tarde o temprano, se vuelve famoso. Le dicen ‘uh, a vos te vi en el cine, en la televisión…’, pero es una persona común y corriente. Nada más le hicieron un reportaje. Yo puedo llegar a ser famoso pero soy un chico que está llegando a la fama mediante esto de ir a una cárcel, salir de ese encierro, pensar en esos chicos.”

¿Qué significa el arte para vos?
Tratar de enfrentar la realidad de la vida. Dice la doctora que no me haga problema por los documentos, porque no tengo fecha de cumpleaños. Lo que vieron los cadetes o la autoridad principal o los de arriba es que soy un pibe en crecimiento. Soy jovencito, en realidad soy joven. Dice que no me haga problema por lo que dice el documento. Me tranquiliza. Dice que el día de mañana cuando crezca y sea adulto, o piense como adulto, voy a pensar más sobre la niñez mía que llevo adentro. Lo que más me gusta es actuar, divertirme, conversar, tomar mate. El artista, tarde o temprano, se vuelve famoso. Le dicen “uh, a vos te vi en el cine, en la televisión…”, pero es una persona común y corriente. Nada más le hicieron un reportaje. Yo puedo llegar a ser famoso pero soy un chico que está llegando a la fama mediante esto de ir a una cárcel, salir de ese encierro, pensar en esos chicos.

El documento que nos muestra Pablo Eduardo Morales dice que nació en 1958. Es cierto que no dice nada sobre su día y mes de nacimiento. Él tiene su propia carta de presentación. “Nací en El Tigre, me eduqué en Quilmes, en el colegio 29. Soy el famoso alumno del colegio 29. Me eduqué en Tres Arroyos, hice la facultad, hice perito mercantil y estudié Gendarmería en un colegio privado que es el Ejército de Salvación. Fui abanderado del colegio 29, tengo fotos de eso. También fui abanderado del Nacional.” Además del arte, su otra pasión es el deporte. Lleva puesta una casaca de Chacarita, pero le cuelga del cuello un llavero de Boca Juniors. “Fui el tercer goleador de Defensores de Tres Arroyos (luego dirá que es verdaderamente hincha de ese club). Después jugué para el Nacional y Huracán de Tres Arroyos. Me quise fichar en la tercera de Boca, pero no quisieron porque estaba interno.” “¡La comida!”, grita un interno por los pasillos. A Pablito le interesa más la charla que el sánguche de milanesa y pan francés de la cena, que llega a las ocho. Antes que eso, una larga fila de hombres se armaba frente a una puerta. Era la hora de la medicación.

¿Y la inquietud por el arte cuándo te surgió?
Desde muy chiquito. Hacía dibujos tontos que fueron premiados en el colegio 29. Como primer dibujante premiado me empecé a dedicar al dibujo. Las poesías mías fueron premiadas también.

¿Qué contás en las poesías?
De deambular en un lugar, de cadáveres. Según mis sueños. En grabación no sé si animarme. Sueño cosas de monstruos. Pesadillas monstruosas, algo que te va a clavar, te despertás, gritás, viene el médico, “¿qué pasa?” y al final no te sucede nada. Eso lo plasmo en canciones y poesías, como “Rebelde”, la que canté una vez. “Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así”, dice.

¿Qué arte te gusta más de todos los que hacés?
Lo que me gusta es tratar de pensar en mi persona particular, en lo que voy a hacer el día de mañana. Qué es lo que voy a hacer el día de mañana. Voy a triunfar como artista y protagonista de la escena. Me encanta el conocimiento que podría tener la gente de afuera sobre mí. Querrán saber si el triunfo que voy a hacer es totalmente el objetivo que yo quería. Pensarán: “¿Esto habrá querido Pablo y no ser un drogadicto?”.

¿Cuánto tiempo le dedicás al arte?
Mi manera de pensar es que el día de mañana veré a papá y mamá o conoceré a gente importante.

¿A quién te gustaría conocer?
A Tormenta.

¿Qué música te gusta?
Romántica. Mi canción favorita es “Soy rebelde”, que es un tema mío. Ustedes que me están grabando ahora, quiero que el día de mañana me vean como la misma persona que están viendo ahora, que no mentí. Porque esta grabación va a estar hasta el tiempo de mi vida. Quiero que me vean en el otro mundo con las mismas ideas con las que me vieron en vivo. De la misma forma conversando en el día del futuro. Ahora una pregunta les voy a hacer a ustedes, que me están reporteando y fotografiando. El día que me vean en la pantalla mayor del cine, ¿qué van a hacer?

Le decimos que volveríamos a entrevistarlo. Apagamos el grabador y Pablo nos invita a otros mates. Va en busca de su sánguche de milanesa. En el fervoroso saludo con la fotógrafa se le cae al piso, lo vuelve a agarrar y promete que no lo devorará. Nos acompaña hasta la salida, por un largo camino de pasillos larguísimos y silenciosos. En el medio encuentra a un médico, le cuenta que le hicimos una nota y pide una foto con él. Sonríe. Sonreír y fumar es lo que hace Pablo constantemente. Sonreír, fumar, hacer amigos. Y a lo mejor da un abrazo que dure para siempre.

Fuente: NaN #9 (septiembre-octubre 2012)