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En busca de norma

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El nuevo colectivo de centros culturales del conurbano sur realizará un festival en Temperley como parte de su ambiciosa lucha por una legislación que los contemple.    Imagen: gentileza de Cardumen

Por Ailín Bullentini

Un centro cultural es un punto de confluencia, uno de los epicentros del intercambio social entre los vecinos de un barrio cualquiera. Un conjunto de ellos, ¿qué es? Pues, algunos de los integrantes de estos espacios emplazados en la zona sur del Conurbano bonaerense decidieron llamarlo Cardumen, como esos mundos de peces de la misma especie que comparten aventuras y avanzan juntos. En este caso, los espacios culturales eligieron bucear el océano de su propia subsistencia y hacer causa común contra la depredación casi mortal que representa la legislación actual de los municipios en donde funcionan. A poco más de un mes de su nacimiento, el colectivo de colectivos realizará un festival multiartístico para abrir el encuentro, conocer y sumar aletas. La meta de máxima es ambiciosa: lograr una ley que los ampare, reconozca su funcionamiento, “acompañe los procesos de transformación de la sociedad”, evaluó Federico Pompozzi, uno de los impulsores de Cardumen.

“Lo importante es encontrarnos, conocernos, saber qué sucede en otros espacios similares a los nuestros y que la construcción colectiva inspire a que esa manera de construir se reproduzca, con la posibilidad de sostenerse en el tiempo”, insiste Pompozzi, que integra una experiencia que sabe de resistir la historia, las crisis y los procesos sociales, y que hoy se entusiasma con la “efervescencia, el brote de experiencias culturales, comunitarias y autogestivas”. El Centro Cultural El Refugio, ubicado actualmente en Burzaco, partido de Almirante Brown, existe desde 1995 y hace poco menos de un mes se sumó a Cardumen, un colectivo que intenta reunir esas experiencias con artistas y vecinos, y que avanza hacia un futuro prometedor: lograr que las legislaciones locales acompañen esa efervescencia.

El empuje lo dio una gota que rebalsó un vaso. Un nuevo “tropezón con las normas municipales” sufrido por un espacio hermano de Adrogué. Estudio Quinto y El Árbol Caído, en esa localidad que comparte partido con El Refugio; más Espacio Asterisco, en Lomas de Zamora, y muchos artistas sueltos lanzaron Cardumen, que el sábado se presenta en sociedad con un festival multiartístico en el parque Finky, de la localidad de Temperley, desde las 16.

Existe un problema que no es actual, sino contemporáneo a la última época: la falta de legislación que contemple la existencia y el funcionamiento de centros culturales. Lo más parecido en Almirante Brown es la figura de asociación civil o entidad de bien público, pero nada tiene que ver con la habilitación de espacios físicos, cuestión que corre por otro carril legal. En Lomas de Zamora, algunas ordenanzas se asemejan al objetivo, pero entre la burocracia y el cambio en las condiciones de negociación que llegó luego de la masacre de Cromañón en la Ciudad de Buenos Aires volvieron esos caminos prácticamente intransitables.

Lo que les quedó y les queda a esas experiencias es, en realidad, lo que puedan hacer. “Uno empieza a encontrar parches para poder mantenerse en pie. Muchos espacios están en la clandestinidad y por miedo a promocionar sus eventos y que descubran su localización les cuesta más subsistir. Nosotros existimos gracias al movimiento que en nosotros se genere. Si la comunidad no nos conoce, no podemos vivir”, reflexiona Pompozzi. En el espíritu de Cardumen figura una necesidad: la de volver esas experiencias algo perdurable en el tiempo, asegurar su existencia en el marco de la filosofía de vida en la que surgieron: la autogestión, el funcionamiento comunitario. En ese sentido, el fin de lucro que ofrecen las normas –figuras que habilitan boliches y bares, locales nocturnos—los obliga a cambiar de piel.

“Está bueno que las leyes vayan acompañando los procesos sociales. En estos últimos años se dio una explosión de espacios culturales, que no son más que el reflejo de lo que necesita la sociedad, de sus ganas de expresarse”, entiende el integrante de El Refugio en referencia a los huecos que persisten en las normas y que, tarde o temprano, frenan la ebullición popular. En esos espacios confluyen un montón de actores sociales, como artistas, comunicadores, educadores que, según el joven, “vislumbran el momento social que transita la sociedad”.

Cardumen recién está naciendo, es parte y producto de esa ebullición que, como todo fenómeno de esas características, cuenta con una gran cuota de caos. La intención es, en ese sentido, comenzar a registrar la situación general y particular de cada espacio: comenzarán una especie de censo para saber cuántos son, en qué condiciones funcionan, cuáles son los estados específicos de cada uno.

En las reuniones que se suceden martes a martes, el debate sobre la elaboración de un proyecto de ley dedicado a abrazar en la norma a los centros culturales es la discusión principal. La iniciativa que desde hace rato viene creciendo en la Ciudad de Buenos Aires, a sangre y fuego del Movimiento de Espacios Culturales (MECA) es la base sobre la que Cardumen planifica no sólo la redacción de su proyecto sino el camino hacia su reconocimiento en tanto ley. “Buscamos que la norma contemple la figura del centro cultural desde la confluencia de experiencias que allí suceden: no somos espacios dedicados exclusivamente a la música, no sólo somos salas de teatro. Somos casas, construcciones, habitaciones dedicadas a albergar, a producir y a acompañar todas las manifestaciones artísticas y a combinarlas con experiencias de salud y de educación”, determinó Pompozzi.

Una vez que cuenten con el proyecto de ley terminado, querrán presentarlo en el concejo deliberante de cada municipio mediante la vía de la iniciativa popular. “Consideramos que son espacios en los que confluye toda la comunidad así que en el nacimiento de la norma que nos abrace está bueno reflejar eso: el sostén y el empuje de todos no sólo para poder seguir existiendo sino para que surjan muchos más”, justifica Pompozzi. Al igual que la ley de la Ciudad de Buenos Aires, deberán reunir las firmas del 1.5 del padrón electoral de cada distrito para lograr que la iniciativa ingrese a través de ese mecanismo a los centros legislativos.