El nuevo disco de la orquesta de afrobeat Val Veneto es un furioso cuerpo cargado de vientos y persusión, su propio tornado./ Por Eric Olsen
Desde hace más de medio siglo, es regla mundial ponerle nombres femeninos a los huracanes. La costumbre empezó en Estados Unidos a fines de la Segunda Guerra Mundial, una especie de dedicación de parte de los meteorólogos que descubrían las primeras señales de tormenta a sus amadas. Con el surgimiento de movimientos feministas, esta costumbre no pudo no ser blanco de varias críticas, pero la defensa se mantuvo históricamente constante: no se tenía en cuenta (solamente) el carácter destructivo de los huracanes, sino que la asociación más fuerte pasaba por ver a estos gigantes de viento como manifestaciones de la naturaleza en su estado más poderoso, imparable.
Casi dos años después de su debut, Val Veneto vuelve con un nuevo disco, Nancy, su propio tornado. Tan cargado de vientos y percusión como su precedente inmediato, El Paraguayo, este nuevo trabajo muestra a la orquesta de afrobeat afianzarse mucho más con el género, sin perder por completo los atributos comparativos de su sonido. En primer lugar, Nancy abandona gran parte de las distintivas influencias sudamericanas que acechaban los ritmos de canciones como “La yegua” o “El Paraguayo”. Esas melodías festivas quedaron en el espejo retrovisor, y en el camino delante solo hay lugar para vientos furiosos, percusiones insaciables y muy pocas paradas de descanso.
La canción que da nombre al disco se encarga de dejar este aspecto en claro de entrada. En el rol de productor, Gonzalo “Pájaro” Rainoldi se ocupa en hacer que el inmenso sonido (los créditos cuentan diez músicos) alcance un balance perfecto entre una amplia nitidez y una poderosa bola de volumen. La banda también juega con la misma estrategia: cuando aparece el saxo barítono de Nacho Czornogas, los bajos de Lucas Totino tienden a volverse menos pesados; cuando Joaquín Ferrer tiene su solo de batería, las guitarras de Andrés Barlesi y Ezequiel Safatle pasan del constante punteo rítmico a arreglos mucho más relajados. Así logran esquivar el desequilibrio que la composición supondría sin arriesgar ni un poco potencia.
Este juego de contrastes continua en “JJX”, canción de ritmo mucho más relajado para regalar protagonismo a los tambores de Maxi García. Resulta casi imposible que el aire ecléctico del tema y su final estirado no transporten al oyente a un paisaje árido y exótico, con el penetrante clarinete de Jonah Schwartz situado mejor que en ningún otro momento del disco. También es difícil no hablar de contrastes sin mencionar la punzante distorsión en las guitarras de “Suave pero fuerte”, momento final del disco en el que se cede un poco de armonía a cambio de un cierre explosivo y un tempo que no da para más. La perseverancia de los vientos en la construcción de un clímax catártico no podría estar mejor estructurado, empezando y terminando tal como indica el título de la canción.
Nancy puede ser un distanciamiento del aspecto más llamativo de la banda en su comienzo, pero también significa un mayor acercamiento a un verdadero sonido esencial. El gigante Val Veneto es tan poderoso como siempre, solo que ahora se cansó de jugar y prefiere enfocarse en elevarnos por los aires y arrojarnos hasta el cielo.
