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A tres cuartos de la ley

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El Movimiento de Espacios de Arte y Cultura (MECA) consiguió las primeras 10 mil firmas de las 40 mil que necesita para que la Legislatura porteña le eche un ojo a su proyecto. Foto: Paula McAllister

Por Lucía Ferro

Este año, el Club Cultural Matienzo dio el gran salto y se fue de la casa que lo vio nacer y lo bautizó como Matienzo, para expandir su propuesta en un espacio mucho más amplio ubicado en Villa Crespo. Con más salas, un bar, patio, terraza y un auditorio, además de un espacio cerrado para presentaciones en vivo, el Matienzo se renovó con una agenda saturada de shows y actividades, para lo que resta del año. Pero esta historia todavía no encuentra su final feliz. Tanto Matienzo, como otros centros y clubes culturales, carecen de un marco legal dentro del cual funcionar como tales, y así terminan clausurados o suspendidos por tiempo indefinido de forma inaudita.

Aquí entra el juego el trabajo que el Movimiento de Espacios de Arte y Cultura, más conocido como MECA, está realizando desde el 2010 en respuesta a las medidas aprobadas por el Gobierno de la Ciudad en el 2006 que los expulsaron de la posibilidad de existir. Es que estos lugares no son posibles de encasillar en clubes de música o teatros independientes. Juntos, los integrantes de MECA crearon un proyecto de ley que propone el reconocimiento de Centros y Clubes Culturales, Casas de Artistas, y Centros Barriales y Sociales, flexibiliza los trámites y tiempos para poder instalar y poner en marcha lugares como esos, facilita la subsistencia de aquellos que funcionan sin fines de lucro mediante trámites gratuitos, los protege a través de la inscripción en un Registro de Usos Culturales y permite la descentralización de los espacios culturales. El nuevo proyecto de ley necesita 40.000 firmas, es decir un 1,5 por ciento de los inscriptos en el padrón electoral, para que se trate en la Legislatura porteña el próximo año.

“MECA es un colectivo de centros culturales que buscan una red de contención y empezar a luchar por cosas que nos vienen bien a todos, no solo a nosotros sino a todos los espacios culturales que existen y a los que vendrán en un futuro y a toda la gente. Creo que hace unos años empezaron a cambiar las salidas. Hay mucha gente que sigue saliendo solamente al bar, pero tener un lugar donde poder tomar algo y escuchar una banda, ver una obra, o tener una exposición, está buenísimo. Nos hace conocer lo que se está haciendo en la ciudad y en otros lados”, asegura Aldana Collini, que trabaja en la parte de prensa y difusión de MECA y además forma parte del centro cultural La Vieja Guarida, donde se encarga de la producción artística. “El intercambio no tiene fronteras, es lo que nos hace ricos, nos hace seguir creciendo y abrir un poco la cabeza a la mirada del otro, a ese juego que se produce cuando uno abre. Uno más uno nunca es dos, siempre es mucho más”, concluye en relación de la puesta en marcha del trabajo colectivo en MECA.

Autoproclamados “los herederos de Cromañón”, denuncian la existencia del vacío legal que se origina con la derogación del Régimen de Clubes de Cultura, creado por el Decreto de Necesidad y Urgencia 03/2005. Aquella norma creaba el rubro “Club de Cultura” y regulaba a los espacios experimentales y multidisciplinarios. Tras el DNU y la aprobación de tres leyes que legislan sobre salas de teatro independiente, club de música en vivo y salón de milonga dejaron encajonado el Régimen y quitaron del marco regulatorio a los espacios no convencionales: “Hace tres años y medio, presentamos dos proyectos de ley, uno habilitatorio y uno de fomento, eran proyectos casi de emergencia. Veíamos que en la ciudad no había habilitaciones para espacios culturales, porque no existe el rubro de centro cultural”, contó Claudio Gorenman, director de Matienzo y referente de la ONG Abogados Culturales, que trabajan codo a codo con MECA. “Presentamos estos proyectos de una manera muy acelerada. Era una ley parche, para salir del tema grave que eran las clausuras, y el problema del financiamiento de los espacios, debido a todas las exigencias legales”, aclaró.

Durante ese tiempo, desde MECA estuvieron trabajando en nuevas formas de hacer gestión y en el efecto que tienen las herramientas de comunicación y redes sociales sobre las propuestas culturales: “La velocidad con que se conectan artistas, productores y gestores, la velocidad con la que nace un proyecto de espacio cultural, es tan acelerada y son espacios tan dinámicos, que nos llevó a hacer una ley pensada no para tapar un agujero, sino para tener que contener un futuro que entendemos va a revolucionar la manera en que se hace cultura en esta ciudad”, afianzó. Esta nueva ley se presenta como una iniciativa popular, sin participación de ningún legislador o partido político, justamente para legitimar a quien la propone. Un trabajo hecho a sangre, sudor y compromiso. “Si bien no es una ley de fomento, muchas veces la pienso como una especie de subsidio habilitatorio, pensando que esta actividad está protegida. Hay que partir de la idea que es una actividad frágil. Si yo quisiera hacer plata, hago otra cosa”, sentenció.

Por su parte, Pablo Vergani, miembro de MECA y del espacio San Nicolás Social y Cultural que aún hoy continúa clausurado, explicó que los lugares más chicos no pueden conseguir una habilitación por la informalidad del proyecto. “Es muy difícil para ellos gestionar ese trámite. Funcionan a puertas cerradas, escondiéndose, intentando no difundir sus eventos y por supuesto los temas de seguridad pasan por cuenta exclusiva de los gestores del espacio. Nosotros en la ley buscamos que estos lugares funcionen igual, pero que puedan darle visibilidad a sus actividades, y pueden estar regulados desde la medida de seguridad”, aclaró.

Casa Presa es un centro cultural que funciona hace un año y medio y, al igual que Matienzo, forma parte de MECA. Nicolás Santos, uno de los integrantes de ese espacio de Villa Urquiza, aseguró que uno de los beneficios de la ley es que va a generar la apertura de más lugares del mismo estilo: “Siempre que viene alguien y nos pregunta por nuestra experiencia, los alentamos porque para nosotros es un golazo que existan más lugares como el nuestro. Lo vemos como algo súper positivo”, y agregó que otro de sus objetivos es que los músicos puedan trabajar en estos espacios y que no tengan que pagar para tocar.

En una casona de Almagro, que antiguamente trabajaba como una imprenta, hoy funciona El Archibrazo. Este año sufrieron una clausura que los hizo cancelar fechas y complicó la programación del espacio. Enrico Santarelli, uno de sus miembros, hizo hincapié en la importancia de que cada espacio sea multidisciplinario. “La ley le da una mano grandísima a cualquier persona que se quiera explayar. Todavía existen lugares que cobran a los músicos por tocar, y que haya centros culturales que te dan el 70 por ciento de las entradas me parece muy digno tanto para el espacio como para los artistas”, resaltó Santarelli y finalmente aseguró: “Somos muchos espacios en una ciudad con mucha gente, donde conviven la cultura y la contracultura. Buenos Aires se caracteriza por eso. Si se le da visibilidad a los centros culturales que no están con el gobierno, creo que estaría más fundamentado el concepto de que buenos aires es una ciudad cultural”.

Abogados Culturales: un oxímoron necesario

Este proyecto nació hace un año y medio como ONG, pero Gorenman lleva trabajando en esta problemática hace más de tres. “Como soy abogado, todo el mundo me hacía preguntas y así empecé a ayudar a muchísimos espacios. De repente se empezó a correr la bola y cada vez que había una clausura me sonaba el celular. Entonces me imagine que muy probablemente podría conseguir a alguien que tuviera la misma inquietud y ganas de ayudar”, recordó. Mediante una convocatoria en Facebook a través de un flyer que anunciaba la iniciativa, Claudio recibió la respuesta de 120 abogados y convocó a varias reuniones. “Finalmente conseguí 30 abogados e hice dos grupos de 15 personas. Armé capacitaciones sobre habilitaciones, personería y derecho de autor. Esa fue la primera camada, después se fueron yendo. Este año hicimos una nueva convocatoria y logramos una segunda camada, ahora tenemos un gran equipo trabajando, ayudamos a distintos espacios, ayudamos a MECA con la ley, y aparte nos escriben de todos lados”, contó. Gorenman resaltó que la movida no sólo tiene mucho potencial, sino que además tiene un componente revolucionario porque une dos términos que normalmente no van de la mano: “Intentamos romper con la idea del abogado que te cita en Tribunales a tomar un café, queremos sentarnos con vos en tu espacio y compartir un Fernet”.

Actualmente se encuentran con muchas consultas de distintos espacios independientes de la ciudad, por eso tratan de que no haya mucha información de la agrupación, porque toma tiempo y esfuerzo, y todavía no tienen la estructura necesaria para poder atender la inmensa demanda de asesoramiento. “Lo que cambia mucho es que los abogados que participan notan que están haciendo algo que vale la pena. Están sumamente motivados y comprometidos, y se sienten parte de algo más grande”.