En medio de una pausa a Monoaural, la artista prepara las canciones de lo que será su primer disco solista: Fosfeno, o sensación luminosa.
Por Ana Esperanca
Fotografía Anita Osaba
Buenos Aires, junio 21 (Agencia NAN – 2013).- “Yo escucho tus palabras antes de que las digas vos”, canta la voz aterciopelada de Leticia Carelli, y las notas graves del bajo serpentean en sus dedos abrigando el mensaje. “Yo escucho tus palabras antes de que las digas vos”, canta otra vez. Y es un mantra que se deja transformar por el volumen, los diálogos melódicos y el color. Ahora el texto dice más que antes: un relato que, en esa trama de armonías, se ajusta al compás del bajo y la batería y se hace fuerte entre cánticos gemelos y guitarras eléctricas. La canción se llama “Boca chocolatada” y pertenece a Monoaural, la banda en la que Leticia Carelli cantaba, tocaba el bajo y componía. Pero hace unos meses colgaron los botines. Estaban “yendo a distintas velocidades” y se auto activó el botón de pausa. Ese espacio le dio la posibilidad de ponerle intención a su proyecto solista.
Durante un lapso, buscó hacer pie entre la banda y sus propias canciones. Pero lo que había empezado como plan b, terminó adquiriendo la categoría de un proyecto musical que en breve será editado. Compilará nuevas canciones en un disco que contará con la participación de los músicos que ahora la acompañan: Julio Arque en guitarra, Martín Casado en batería, Guillermina Ballent en acordeón, Mariángeles Betervide en coros y Aldo Vallejos en guitarra.
“Es mi primer trabajo solista. Toco bastante sola con el bajo, que es algo distinto, pero no lo puedo repetir demasiado. Me encanta tocar con otros músicos y tener otras propuestas. Con una banda es lo mismo, lo aprendimos con Monoaural: en un momento tuvimos que parar porque el circuito se acorta”, reflexiona ante el dilema de encarar la música como trabajo. Y agrega: “Espero que esto me devuelva de a poco. Todo el tiempo es una de preguntas: de tu rol, de cómo convertir lo que más te gusta en trabajo, cómo transmitir. Me atraviesan un montón de cosas de tipo existencial con respecto a esto”.
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Llego a destino: el patio de un precioso bar frente a la Facultad de Bellas Artes de La Plata. Espero en una mesa junto a una ventana, una enredadera de hojas rojas cae con gracia adornando delicadamente el cielo vespertino. A los pocos minutos, Leticia se baja de la bici. Ni bien la ata a un palo de luz, dos chicos paran a saludarla. Enseguida, entra, intercambia “holas” y se sienta. Es todavía la tarde pero hay poca luz: el solsticio de invierno se aproxima. Siendo las 5 en punto omitimos sin deliberación las costumbres argentinas y pedimos té. “Tengo que comprarme un bajo nuevo, un auto para trasladar el contrabajo, ver cómo me las arreglo para sostener todo esto”, cuenta en un intercambio polaroid sobre las vicisitudes de la vida ordinaria.
–¿Estás tocando con Monoaural?
–Por ahora no. Dos de los integrantes tuvieron un bebé, pero yo tengo muchas ganas de no parar y me pongo pesada. Entonces, en vez de manijear dije “chau, voy para otro lado”. Soy nociva manija (risas). Hay que aprender a darle tiempo a las cosas. Me preguntan: “¿Monoaural ya fue?” Y, no lo puedo decir así.
–Todo cambia…
–Son procesos por separado, hay que ver cuál es el de la banda y ése es el laburo que por ahora no tengo ganas de hacer. Porque estoy viendo cómo estoy yo, cuál es mi proceso y el de las cosas que me ocupé para no estar ahí rompiendo las bolas con Monoaural. Y me encanta, porque estaba muy “Oh, Monoaural no está más” (onomatopeyas de lamento, seguidas de risa).También estoy tocando el contrabajo con Hermano Perro (ecléctica pocket orquesta de La Plata) que está buenísima, me encanta esa banda. Es tener una función mínima. Me gusta también ese rol, ser funcional a otro: compone otro, hacen las movidas. Yo quería limitarme, entonces me vino muy bien ese ofrecimiento desde un lado más pasivo. Ellos también son unos manija bárbaros, pero yo la miro de costado.
–¿Cómo fue tu paso de lo grupal a lo individual?
–Lo hacía paralelamente. Todavía estando con la banda ya existía el manijazo del que hablábamos. Este proyecto (disco que se empezó a grabar en el estudio El Zumbido) lo arranqué varias veces, la última en noviembre. Algunas cosas me gustan, otras no, así que probablemente lo vuelva a empezar, no tengo apuro. Sí tengo ganas de tener el disco porque cada vez que toco no tengo nada para dar más que eso, que puede ser efímero. Y ya que nunca cobrás un mango, el disco, más allá del documento, es una manera de pagarme esto. Que también obviamente es una diversión. Es pura fe, porque sale carísimo hacerlo. Todo depende, claro, de cómo lo hagas, pero yo quiero hacerlo bien. Además se puede registrar y demás; ahí vos ya no tomás curso del tema. A mí me encanta que pase eso, y está bueno que algo de lo que uno hace vuelva. Por eso, en términos legales al menos, hacerlo bien.
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Caminar de Elefante es la productora independiente mediante la cual Leticia promueve sus canciones. En mayo se celebró en el Parque Saavedra, en La Plata, la primera edición del Festival La Nueva Energía organizado por Tica, la red que nuclea sellos y colectivos artísticos y culturales independientes a la cual pertenece Caminar de Elefante, Tomas del Mar Muerto, Uf Caruf!, Laptra, Concepto Cero y Fuego Amigo Discos, entre otros. Leticia fue convocada para representar a Caminar de elefante y tocó algunos temas sola con el bajo o la guitarra, y otros con los nuevos músicos de su banda. “Yo no esperaba que me elijan a mí, toqué después del Perrodiablo, justo caía la noche, estuvo buenísimo”, reflexionó.
–¿Están ensayando los nuevos temas con los músicos?
–Sí, pero no está completamente cerrado el disco, sigo buscando el sonido. Algunos temas los toco sola, más despojados, y otros con ellos. Y me gustan los dos. Tengo 17 temas, con lo cual tengo que elegir. Tengo temas de un minuto que me gustaría ir metiendo, porque si no siento que pierden vigencia para mí. Igual no me pasa mucho, es algo que me gusta de mis canciones: siempre las puedo cantar y reinterpretar, como si no fueran mías.
–¿A un nivel de desapego?
–Claro, hay pocas canciones que no puedo cantar más porque ya no pienso igual, o me emboló la melodía o me molesta; no me pasa mucho. Creo que mis canciones están como emparentadas.
–Hay un sonido personal en tu música…
–Sí. Muy Monoaural. Sobre algunas cosas me han dicho “es re Leti esa melodía”. Hasta yo me doy cuenta cuando algo suena demasiado “Leti”. Está bueno, pero a veces no sé cómo voy a salir de eso. Lo espero. Seguramente después de este período que estoy viviendo, un momento de crisis en el sentido positivo, voy a salir para algún lado que no sé cuál es todavía.
–¿Hay algo que te resulte difícil de el hecho de estar sola con la guitarra?
–No repetirse es difícil. A veces me parece de mis canciones que todo es un gran tema: pequeñas obritas de una gran obra.
–¿Cuál es el plan con esta nueva formación?
–Hacemos las canciones nuevas y, por ahora, como no tuvimos tanto tiempo de ensayo, algunas de Monoaural. Porque muchas son las que ellos más conocen –una cuestión de practicidad– y porque también hay algunas que me encantan y tienen vigencia. Y en este momento, sobre todo con ellos, no quisiera flaquear en nada. Canciones viejas pero que tienen fuerza, más que por lo que siento, por lo que me vuelve; canciones que suenan solas. Me doy cuenta de que hacen falta, que está bueno tocarlas. Para estar bien, porque es una banda que se está consolidando. Entonces tocando esas canciones ya más “del mundo”, ya no mías ni de Monoaural ni de nada, me da fuerza. Lo otro es una exposición de la búsqueda, y si exponés la búsqueda así abiertamente, es más pudor.
–¿Las canciones “ya del mundo” pueden ser una postura sobre tu producción musical?
–Sí, de una. Una vez que se comparten ya son de todos, me encanta eso.
El proyecto, dice, está en la instancia Mise en place, esto es: todos los ingredientes cortaditos pero aún no se mezcla. Ni siquiera sabe cómo se va a llamar la comida. El disco sí: Fosfeno.
–¿Qué significa?
–Sensación luminosa. Tengo una discusión permanente entre los límites de los conceptos. Y ese pegó en el palo porque es una mezcla de cosas. Lo saqué de una entrevista a Salvador Dalí: significa recuerdo intrauterino. Me gusta porque me resulta ancestral, religioso.
–Hay mucho juego con las palabras…
–Me sale naturalmente. Como que se me van pegando las palabras, termina una y empezó la otra. Y hacen entre las dos algo que no es ni una palabra ni una frase. Es algo infantil, y a la vez una propuesta a la gente: aflojemos un poco, muchachos, que no da tanta seriedad.
El diseño estará a cargo de Diego Oliveras, mismo diseñador del segundo disco de Monoaural y de Rivero y el Mico. La forma de componer de Leticia se pliega en un producto singular: al escuchar esa música las pistas que llevan a su universo son una referencia notable a esa manera de transitar –o ser transitada por- la música: “Este disco le hace espacio a canciones que siempre bordeaban Monoaural y quedaban afuera, pero en términos conceptuales y de estilo, conserva los mismos giros melódicos y poesía. Ahora no estoy teniendo mucho tiempo para la poesía, igual”, advierte.
–¿Qué es lo que ya aprendiste sobradamente acerca de tu forma de crear?
–A veces la música va teniendo una rítmica y es como el scrable, se va armando. Tengo canciones que empezaron a partir de un ejercicio para la escuela, como Extraño ser. Y son juegos, pequeños desafíos, como Cítrico, que la hice a partir de ciclo de quintas. Creo que uno puede romper las estructuras una vez que profundizó bien en ellas: en la música hay cosas con reglas pero también entran muchas otras que no, yo me permito jugar en ese sentido, integrándolas.
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Desde la pausa a Monoaural, la vida de Leticia empezó a funcionar en canales múltiples: un dúo de bajos con Omar Gómez, tocar el contrabajo en Hermano Perro, la puesta en acción de su proyecto solista con músicos y disco incluido. Planeó ponerse como meta concreta publicarlo el próximo verano, antes de salir de viaje hacia Perú con unas amigas, guitarra al hombro, a descubrir cómo vérselas fuera de casa con su música. La última vez que la crucé, en la inauguración de Casa Trópico, un Centro Cultural platense donde fue a tocar, me contó que había solucionado el tema del auto y que existían altas posibilidades de empezar a tocar otra vez con Monoaural. Ley de atracción, fantasía o realidad, todo va llegando a donde debe llegar. Creer o reventar.

