Por Nahuel Lag
Buenos Aires, mayo 22 (Agencia NAN – 2013).- “Uno les delega el poder y los políticos se toman otras atribuciones.” La mujer lanza la acusación frente a las cámaras que filman cómo la policía reprime, a principios de 2012, a los vecinos que conforman la asamblea ciudadana de Famatina y se manifiestan en contra de la megaminería. La frase se escucha cada vez que la democracia representativa, los “mandatarios” más precisamente, responden con represión o indiferencia ante el reclamo de algún derecho supuestamente asegurado por la Constitución. Sin embargo, el debate no se profundiza. Entonces, ¿Qué democracia?, se preguntan los productores audiovisuales de Artó Cine y, entre ellos, Patricio Escobar, uno de los directores de La Crisis causó 2 nuevas muertes. Y con esa pregunta buscan hacer estallar el sentido común; ése de “el sistema de la democracia representativa es el menos malo”, “cuando votamos elegimos los destinos del país”, “yo cumplo mi deber y, cada cuatro años, voto”, todos sostenidos en aquella promesa europea de la igualdad, la fraternidad y la libertad. Todo escuchado y repetido en la escuela y los medios de comunicación. ¿No se puede participar más?
¿Alguien pensó que en las elecciones de 2007 el 29, 9 por ciento de las personas habilitadas para votar no eligieron a ningún candidato? Aquel año, los que no acudieron a las urnas, votaron en blanco o anularon su sufragio fueron la segunda fuerza, detrás de la electa presidenta Cristina Kirchner. “¿Necesitarían estar representados, no?”, dice Armando Díaz, profesor de matemáticas y protagonista (¿irreal?) del documental, quien después de participar en las experiencias asamblearias de 2001 y hacer una visita guiada por el Congreso, donde le aseguraron que era “la casa” de todos los argentinos, la cabeza le hizo un “click” e investigó los números de la “representatividad”.
Ese chispazo en las ideas de Armando titula el segundo capítulo de los siete que conforman el documental, y en él el espectador disfruta de una breve clase –pizarrón incluído— de matemática democrática con datos duros, carpetas de clasificación de noticias, infografías y gráficos de torta, de barras y demás, todo meticulosamente elaborado a partir de información recolectada de diarios y páginas web del gobierno nacional. Algo así como la recreación de una escena con el Astrólogo de los 7 Locos de Arlt.
Al final del capítulo, un dato queda dando vueltas en la cabeza: desde 1983, la participación de los ciudadanos en las elecciones no hizo más que bajar, y por lo tanto disminuir, la supuesta representatividad en la que se basa la democracia representativa. ¿Y qué quieren estos tipos de Artó Cine, la anarquía?“Observábamos, discutíamos, que la democracia representativa funciona desde la teoría, pero no en la práctica. En el grupo habían quedado debates pendientes sobre los representantes y los gobiernos desde la época en que hicimos La Crisis… y como productores audiovisuales queríamos hacer un documental crítico sobre este sistema representativo pidiendo más democracia sin caer en la dicotomía falsa de ésto o dictadura o comunismo soviético”, apunta Escobar.
–Después de casi 30 años de democracia, con los juicios a los represores en marcha, parece un momento apropiado para dar el debate…
–Entendemos que esta película es posible por eso mismo. En el ´80 hubiese sido difícil hacerla. Las discusiones se van dando por madurez histórica. La idea no sale de un repollo, nosotros que venimos de experiencias asamblearias como las de 2001, de trabajar con organizaciones sociales y movimientos piqueteros, queríamos agregar nuestro granito de arena a partir de lo sabemos hacer: películas. Generar un debate sin cerrarnos en decir: “Hay que ir ya a la democracia directa porque la representativa es una mierda” sino plantear ¿qué podemos hacer para mejorar este sistema?
El documental cuenta con una amplia recolección de testimonios, desde “gente de a pie” hasta especialistas en la materia: políticos como Luis Zamora; funcionarios como el director nacional electoral, Alejandro Tullio, y el jefe de Gabinete, Juan Manuela Abal Medina; sociólogos y asistentes de prensa como el conocido asesor del Pro Jaime Durán Barba o el gurpo Mora y Araujo. Pero la ficcionalización, la animación y la edición que mezcla, casi a modo videoclip, testimonios y material de archivo, rompe con el documental duro.
–El relato que proponen es sencillo y, a la vez, permite varias lecturas a partir de entrevistas, animación, ficción: ¿por qué buscaron esa multiplicidad?
— A pesar de reflejar una postura clara a favor de la democracia directa, la película no muestra experiencias asamblearias como caminos alternativos a la democracia representativa… ¿Por qué?
–La película se cerraba mucho si poníamos experiencias asamblearias u otras que consideráramos superadores de este sistema. Se nos hacía difícil narrativamente plantear la crítica y encima avanzar sobre otras historias. Nos pareció que iba a quedar muy larga, pero podría ser una segunda parte. Lo mismo nos pasó con La Crisis… donde hicimos una crítica a los medios masivos, a las empresas periodísticas, pero tocamos por arriba el trabajo de los medios alternativos. La película es un inicio de debate y que genere curiosidad en la gente es el objetivo.
–El análisis sobre el rol de los medios de comunicación comercial, que proponen que “el sistema no se discute”, vuelve a aparecer en este documental, y se le suma la Escuela, ¿Vieron en esas instituciones la base del sistema democrático representativo?
–Nos encontramos con un discurso de “es lo menos malo”, “es lo que tenemos” y ante eso una discusión nula. Para eso, el primer paso es la escuela, donde desde chiquito te inculcan cómo participar dentro de la democracia representativa y, por si no te olvidaste, cuando sos grande los medios te bombardean con la idea de que “si no participás sos un traidor”. Hay ciertos pilares que mantienen el sistema y nunca lo van a discutir y, entre ellos, las empresas periodísticas son claves para sostenerlo.
–También se pone el foco sobre el papel central del marketing político y las estrategias electorales…
–Una de las críticas que nos hacen a la película es que se detiene mucho en la parte electoral, pero no es más que el reflejo de lo que nos pasa: esta democracia se sostiene sólo por la participación electoral, la participación pasa sólo por ahí. Por eso, mostrábamos el día de las elecciones, la “puesta en escena”, ese día em el que vamos a votar, que somos libres para participar y, por otra parte, lo que es la construcción de los candidatos a partir del marketing político, que es un negocio que se aprovecha del juego democrático. Su negocio es lograr que se elija a una persona, antes, al menos, se elegía a un partido. Es una involución en el sistema democrático representativo la elección de figuras. Por eso, el documental, en el guión inicial el intento era mayor, busca jugar todo el tiempo entre lo real y lo ficcional, porque es un poco lo que pasa con este sistema.
