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yo me siento, nosotros nos sentimos

black power

Fotografía: Instagram.

Trayvon Martin tenía 17 años, una bolsa con caramelos, un encendedor, una latita de gaseosa, 40 dólares y unos auriculares. Caminaba hacia la casa de su padre cuando George Zimmerman, un vigilante voluntario de la zona, consideró que estaba en una situación sospechosa y lo mató de un disparo. “Si yo tuviera un hijo tendría el aspecto de Trayvon”, dijo el presidente Barack Obama unos días después del asesinato y prometió investigar el caso, cuyo veredicto llegó implacable: Zimmerman, quien aseguró que había disparado en defensa propia, fue declarado inocente.

 

La escena final de la vida de Eric Garner fue registrada por un teléfono celular y reproducida millones de veces. “No puedo respirar, me asfixio”, fueron sus últimas palabras mientras intentaba escapar de las manos salvajes de David Pantaleo. El hecho ocurrió en Staten Island, un pequeño pueblo al que los turistas llegan para tomarse la embarcación desde la que ven la Estatua de la Libertad. De acuerdo a la investigación, Garner fue detenido por dos policías por vender cigarrillos sueltos. No llevaba armas. Discutieron. Forcejearon. Hasta que Pantaleo lo atrapó con una “llave” (lo envolvió con su antebrazo y le apretó el cuello) y lo mató. El agresor, quien argumentó que había aprendido la maniobra en la academia de policías y que su intención no era hacer daño sino neutralizar al hombre que supuestamente había cometido un delito, ni siquiera fue imputado.

 

Trayvon Martin, Eric Garner o Michael Brown, quien se supone que había robado un atado de cigarrillos de un kiosco y fue asesinado a quemarropa por un policía a los 30 metros, tienen algo en común: eran negros. “Black Lives Matter”, es la consigna con la que cientos de manifestantes salen a las calles cada vez más seguido en reclamo por los asesinatos de ciudadanos afroamericanos a manos de policías en Estados Unidos. “Las Vidas Negras Importan”.

 

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Es el único lugar del mundo en el que ocurre: antes de cada competencia deportiva suena el himno. Sea un amistoso o el famoso Súper Bowl. En básquet, en fútbol, en béisbol o en las veladas boxísticas y aunque no pelee un estadounidense. Si hay un evento deportivo en esa tierra, primero suena el himno y después comienza la función. Esa melodía que todos sabemos. Y que entre otras cosas dice que “ningún refugio salvará a los mercenarios y esclavos del terror de la huida o la oscuridad de la tumba”.

 

En 2015, más de mil afroamericanos fueron asesinados por policías. Y mientras Donald Trump flamea la bandera de los estereotipos yanquis para encarar la última curva hacia las urnas presidenciales, hay un hombre que instaló el debate a nivel masivo.

 

Colin Kaepernick es quarterback de los 49ers de San Francisco, equipo de fútbol americano de la National Football League (NFL). Tiene 28 años, hijo de madre blanca y padre negro, nació en Milwaukee y fue dejado en un orfanato porque no podían criarlo. Lo adoptaron Teresa y Rick, una pareja de Wisconsin, que se conocía desde los 14 años y ya había tenido 4 hijos, aunque los dos últimos fallecieron a la semana de haber nacido a causa de problemas cardíacos. En ese momento decidieron adoptar. “No nos importa la raza”, aclararon.

 

Cuando todos se pararon, Kaepernick se quedó sentado. La primera vez fue hace un mes y causó revuelo. «No voy a mantenerme de pie para demostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a la gente negra. Para mí, esto es más grande que el fútbol americano en sí mismo. Y sería egoísta de mi parte mirar hacia otro lado. Hay cadáveres en las calles y gente que apenas recibe una licencia paga y se escapan con un asesinato a cuestas», explicó.

 

Desde ese momento, los partidos de los 49ers de San Francisco adquirieron otro matiz, más allá del deportivo. Importaba más qué pasaba al momento de entonar el himno que la alineación inicial del equipo. Kaepernick repitió el ritual en una semana sensible, a 15 años de los atentados a las Torres Gemelas. Esa vez decidió quedarse en la misma línea que todos sus compañeros pero cuando comenzaron a sonar las estrofas de “La bandera tachonada de estrellas” apoyó una rodilla en el suelo en señal de repudio.

 

 

La imagen de inmediato remitió a Tommy Smith y a John Carlos cuando grabaron para la historia el mítico gesto del “Black Power” en los Juegos Olímpicos de México 68, unos meses después del asesinato de Martin Luther King. O a las luchas constantes que encabezó el enorme Muhhamad Ali. Ahora, con un paraguas mediático un poco más grande pero generando niveles similares de incomodidad, Kaepernick se planta en el centro de la escena.

 

Enseguida aparecieron los críticos y a través de las redes sociales miles de fanáticos pidieron su destitución. Pero de a poco también llegaron las adhesiones, primero en el fútbol americano y después también en otros deportes. Carmelo Anthony, Chris Paul, Dwyane Wade y LeBron James, entre otros deportistas de elite, hicieron público su repudio a la violencia institucional contra los afroamericanos.

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Fotografía: @ShaunKing

 

En tanto Adam Jones, jugador del equipo de béisbol Baltimore Orioles, dijo que en ese deporte no pueden sumarse a las protestas por miedo a perder su trabajo. “El béisbol es un deporte de los blancos. En el fútbol americano, no te van a echar. Ahí necesitan a esos jugadores. En el béisbol, no nos necesitan”, advirtió. Los números lo avalan: apenas un 8 por ciento de jugadores de raza negra juegan en las Grandes Ligas mientras que en la NFL representan casi el 70 por ciento.

 

La protesta tampoco pasó inadvertida en la esfera política, donde Obama decidió jugar una carta políticamente correcta y dijo que “lo que hizo Kaepernick ha generado debate sobre temas que merecen atención”, mientras que el candidato republicano Donald Trump sentenció: “Es una actitud execrable, tal vez debería buscarse un país que funciona mejor para él”. Steve King es miembro de la Cámara de Representantes y fue más allá al deslizar que «la protesta de Kaepernick podría ser una señal de que simpatiza con ISIS». Y hasta el programa South Park satirizó la actitud del jugador en uno de sus últimos capítulos.

 

 

No es para menos: los 25 programas más vistos en televisión en Estados Unidos el último año fueron partidos de la NFL. Ese fue el escenario que eligió Kaepernick para recordar una realidad que se vive a diario en las calles. Y para colmo lo hizo/lo hace en el momento del himno, ese símbolo de patriotismo extremo, esa marca que los estadounidenses hacen bandera.

 

Así instaló el tema en el prime time y cada día aparece un editorial nuevo en los diarios criticando el asunto para bien o para mal. Mientras tanto, la camiseta número 7 de los 49ers de San Francisco pasó a ser la más vendida en las tiendas oficiales de la NFL. Kaepernick ya avisó que el dinero de esas ventas será donado a las comunidades negras más necesitadas.

 

fuira@lanan.com.ar

 

Nº de Edición: 1646