Si bien Por qué las estrellas brillan y después explotan fue escrita antes de la muerte del Flaco, funciona como un homenaje teatral a su poesía, su imaginación y su cosmovisión. Según la dramaturga y directora, la pieza trabaja sobre “los apegos que nos atan a este mundo material y no permiten que el verdadero ser se realice”.
Por Facundo Gari
Fotografía: gentileza de Por qué las estrellas brillan y después explotan
Buenos Aires, abril 26 (Agencia NAN-2013).- En el drama teatral Por qué las estrellas brillan y después explotan, escrita y dirigida por Gabriela Romeo, tres hermanas “de edad avanzada” (Cristina Sallesses, Cristina Sisca y Marta Magaro Silva) se encuentran en su antiquísima academia de corte y confección. El negocio ya no es negocio y la única manera de evitar la ruina parece ser un arreglo matrimonial entre la menor, Amelia, y un viejo adinerado del pueblo (Ariel Levenberg). La estética costumbrista no permite vislumbrar –al menos si se ignora la canción “Atado a tu frontera”– una aparición fantástica que por estos días tiene sabor a homenaje: el que llega en busca de la novia es el mismísimo Capitán Beto (Marcelo Smolovich), el del anillo con signo de alma, el de Luis Alberto Spinetta. “Cuando uno quiere contar un mundo onírico, tiene que estar sustentado, para ser verosímil, en una realidad contundente”, explica Romeo a Agencia NaN sobre su segunda dramaturgia (luego de El jaspeadito, de 2009) y su debut en dirección. A partir de ese romance impensado, afloran rencores y egoísmos entre unos personajes que, sin pretenderlo, ponen en duda algunos prejuicios sobre la vejez.
–¿Qué la motiva a escribir teatro?
–Una imagen muy potente que me lleva a pensar. Así empiezo a crear un universo, a singularizar, a abrir el perímetro. Trabajo mucho conociendo el alma de los personajes, para luego poder correrme y que hablen solos. Por ejemplo, una vez iba en un colectivo y vi a un señor con sobretodo. En el hombro tenía el número del guardarropa. Eso usé en El jaspeadito. En cuanto a Por qué las estrellas brillan…, en una mercería en Salguero y Corrientes vi a tres mujeres metidas entre cajas y puntillas, hilos y lanas. Les miré los rostros y encontré un universo enorme. Así aparecieron los personajes de la academia de corte y confección, tres hermanas mayores.
–¿Y a partir de entonces?
–Me pregunté por qué no crear un gran amor para una de esas mujeres, que son muy secas en ese sentido. Creé entonces un mundo onírico en el que el Capitán Beto va en busca de una de ellas. Me permití la licencia de pensarlo no como un personaje que vive en la Tierra y va al espacio sino que viene de las estrellas, de dimensiones de luz. ¿Cómo hablaría? Mi Capitán Beto comenzó a hacerlo con fragmentos de letras de Spinetta mezclados con frases mías.
–¿Qué le aporta la “manera spinettiana” al decir de su teatro?
–Música y metáforas que colaboran para que el espectador pueda completar. A una función fue un psicólogo de grupos spinetteanos y le pareció increíble cómo están metidos los versos en la historia. No se identifican como de una canción en particular, están mezclados. Eso es resultado de un trabajo de investigación: son instantes de canciones y había que pensar qué sucedía en la obra en determinado momento.
–El uso que le da a esos versos en los diálogos refuerza la impresión de una “gran obra” del Flaco.
–Spinetta era un alma evolucionada: habla de hombres y dimensiones de luz, de otros universos y vidas. Si bien tiene un público amplio, muchos seguidores no comprenden la profundidad de sus canciones. Por ahí les gusta mucho la melodía o llegan a presentir algo de lo que está diciendo. Conocí su obra a través de mi marido, Aman Urim Elim, que compuso la música de Por qué las estrellas…. Sabía que existía Spinetta, pero tuve una adolescencia de termo con respecto a la música. Siempre digo que empecé un camino interno hace siete años que me hizo conectar con otras cosas de manera espiritual. Ahí empecé a leer y a escuchar a Spinetta. Él fue una persona con mucho trabajo espiritual, mucha lectura de lo que tiene que ver con lo esotérico, y eso está plasmado en sus canciones.
–Lo típico de telenovela es que el matrimonio “arreglado” sea entre un horrible anciano rico y una hermosa joven pobre; sin embargo desde el programa se dice que las tres mujeres son también “de avanzada edad”. ¿Tiene que ver con la posibilidad del amor y la fantasía en la tercera edad?
–Sí. La gente se siente muy identificada porque la sociedad tiene prejuicios con el amor de la gente grande. Pero uno se puede enamorar y vivir un sueño siempre. Los egoísmos y las miserias humanas existen en todas las edades.
–El Capitán Beto es un astronauta de aspecto moderno y le hace contrapunto al espacio anacrónico de la academia, de las que cada vez hay menos.
–Es muy rico eso porque él está en dimensiones de luz, ya no tiene cuerpo físico, no necesita ropa. Adopta un cuerpo lo más real posible para completar su objetivo: piensa que es una forma de acercarse a ella, de que lo escuche, de llevarla a las estrellas. Trabajé los apegos que nos atan a este mundo material y que no permiten que nuestro verdadero ser pueda realizarse. Hay que trabajar la luz que tenemos dentro y expandirla.
–¿El Superman de las historietas que el anciano le leía a Amelia de pequeña es contrapunto del héroe local Capitán Beto?
–No, busqué algo que tuviera que ver con la infancia de ella. En aquellas épocas el señor era bastante verdolaga y, mientras le leía a la niña, la miraba. Tiene que ver con un héroe de esa época, pero pensar esa vinculación me parece bárbaro. Hay gente a la que le impacta la cuestión del apego, a otra los piropos de Don Alejandro, a otra el vínculo de las hermanas. El espectador completa y eso es lo más rico.
* Funciones: viernes a las 21.30 en Patio de Actores, Lerma 568, Ciudad de Buenos Aires.
