Ideal para escuchar en un viaje en bondi, el disco debut del cantautor incluye canciones que versan sobre viajes, novias, amigos o cualquier cosa trascendental con la que se cruce. Todo puede ser motivo de unas líneas dentro de este universo onírico que tiene los pies bien clavados en la tierra.
Por Gustavo Obligado
Buenos Aires, abril 24 (Agencia NAN-2013).- “Bienvenidos al Mundo Embalse”. De esta manera comienza el primer disco de Manuel Embalse y los Orientales del Oeste. El cantautor de ciudad al que le llueven los proyectos y las canciones. En febrero, lanzó a través de la página Fuego Amigo Discos su primer trabajo, que ya desde el título sugiere hacer una escucha valiente. Son quince canciones para escuchar en un viaje en bondi o cuando desayunás con cerealitas; o bien un domingo antes de ver a tu equipo de fútbol ¿Por qué? Porque la escucha es ágil: el tiempo de los temas varía entre 55 segundos para la más corta y tres minutos para el más largo. Al principio se encadenan una tras otra, casi sin respiro, pero sobre el final los temas se alargan y dan más espacio entre ellos.
La carrera de Embalse tiene un historial abultado y carga con una mochila repleta de EP’s que siguen colgados en la red, para los fanáticos del low-fi. Todos pertenecen a ex proyectos enterrados con sus propias manos. El paso del tiempo y la evolución de su propia música y de su forma de componer son la excusa para no dejar de esbozar canciones nuevas que van a desplazar del repertorio a aquellas que, según él, quedaron desactualizadas. Esto tiene su razón en que la inspiración sale de sus vivencias, que incluyen: viajes, novias, amigos o cualquier cosa trascendental con la que se cruce. Todo puede ser motivo de unas líneas dentro de este universo onírico que tiene los pies bien clavados en la tierra.
La voz y la guitarra son los instrumentos que maneja Embalse y, como si se tratase de juguetes, los investiga de forma autodidacta para hacerle arreglos. En general, la evolución de las canciones cumple un proceso que muere en el momento en el que pasan a ser registradas: allí se congelan para siempre. En cuanto a las letras, abundan las autorreferenciales. Por ejemplo, en “Himno a la calle de piedra” o “Gato en el tractor”, pero también están las que le hablan a una chica, como en “Algas”, “Desarmadero della Regazza” o “Duna”. De “O mejor dicho” se desprende la piña inicial para empezar el disco y luego noquea al oyente con “El miedo es argentino”, probablemente el punto musical más alto –y también por el contenido de la letra-: “La sed de vencer se esconde en cuerpos desnudos que destierran las semillas que el sol nos dio”, canta sin flaquear sobre una base reggae.
En la foto de tapa se desempolva el ida y vuelta que propone el disco. Allí se ve la figura del barbudo cantautor que se desdobla en dos, pero sin dejar de ser él mismo: dos caras que apuntan hacia el Oriente y hacia al Oeste, un fondo blanco y una lluvia de letras que pueden formar Manuel Embalse o quizás otra cosa (el diseño estuvo a cargo de Charly Cross). El hecho de que se pueda descargar de forma gratuita deja en claro que no hay dobles intenciones. La producción mental, musical y económica pasó siempre por el bolsillo del músico. Es decir, no apareció ningún sponsor, ni mucho menos un representante en traje para financiar nada. Y de esto se trata el día a día que hace que la gota de sudor del under sea bien gorda.
Los Orientales del Oeste son Matías Lerici en guitarra eléctrica, Guido Turdera en bajo y Emiliano Echeverría en batería. Ellos acompañaron todo el proceso de grabación, que fue entre julio y noviembre del año pasado. Lo que habla de un camino largo, de un parto difícil pero feliz. Embalse dixit: “Algo es poco y poco es mucho cuando entiendo que no lucho por lo que quiero, por lo que soy”.
