El cordobés Karlo Sosa recorre el país con un taller de fotografía estenopeica, técnica remota que en los últimos años resurgió como práctica artística y que él reconoce como “austera”. El propio armado de la cámara, la clave de este tipo de arte.
Por Nahuel Gomez
Fotografía de Federico Moscoso
Buenos Aires, agosto 24 (Agencia NAN-2012).- En el siglo V antes de Cristo, en la antigua Grecia, Aristóteles ya había escrito acerca de la cámara oscura. En el siglo X, un matemático iraquí inventa un prototipo de lo que sería la primera cámara estenopeica. En un tiempo y espacio más inmediatos –año 1998, Argentina-, un cordobés se queda sin trabajo y decide probar suerte en Buenos Aires. Ama tanto la fotografía (dice “estar vivo por la imagen”) como compartirla, es por eso que, después de trabajar durante años dando clases en la Capital, en 2006 empezó a recorrer el país con su “Taller Nómade de Fotografía Austera”. Ese cordobés es Karlo Sosa. Sosa no da un taller de fotografía tradicional: su herramienta de enseñanza es la cámara estenopeica. La fotografía de este tipo –“pinhole”, para angloparlantes- tiene orígenes remotos, pero resurgió como técnica artística en los últimos años. Se basa en la formación de imágenes a través de una cámara con un interior aislado de la luz casi en su totalidad, con la excepción de un pequeño agujero en uno de sus lados –denominado estenopo- que deja pasar un diminuto haz luminoso, permitiendo la proyección de imágenes invertidas sobre el lado opuesto.
La cámara estenopeica es el mago que te cuenta el truco: el bajo costo de construcción y el tipo de materiales que se utilizan permiten que el tallerista elabore la cámara que quiere utilizar, al mismo tiempo que va aprehendiendo conocimientos de fotografía y de luz. Cartones, latas, papeles, cinta adhesiva, banditas elásticas, incluso tubos de papel higiénico pueden desempeñar el rol de un teleobjetivo; todo sirve a la hora de armar la cámara propia. En contraposición a los artistas tecnófilos, Sosa asevera, en charla con Agencia Nan, que “no se necesita una buena cámara para sacar una buena foto, porque la mejor imagen se crea con un mejor pensamiento”. Y sobre el elogio desmedido del dispositivo fotográfico por sobre el fotógrafo asegura: “es como decirle a un poeta que es buena la lapicera con la que escribe”.
Karlo comenzó su experiencia itinerante en Chajarí, Entre Ríos. Desde entonces pasó por Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Río Negro. Dice que va a donde lo llamen las escuelas y centros culturales de barrio, pero también que se acerca a grupos de personas espontáneamente interesados en conocer el particular método. Los participantes abarcan todas las edades y ocupaciones, aunque existe un especial interés de los niños por el aspecto lúdico que conlleva la tarea: “Ellos lo disfrutan porque la inocencia muchas veces abre las mentes hacia el conocimiento”, remarca.
El tiempo escaso y el pragmatismo son los principales enemigos de esta técnica. Los métodos que el entrevistado promueve fueron dejados de lado por la fotografía tradicional desde hace años. “Son más engorrosos, llevan más tiempo y fueron reemplazados por lo digital, dentro de una lógica de la inmediatez: todo tiene que ser para ya”, dice. Sin embargo, agrega: “En el arte está bueno esto de descubrir de a poco, de ir masticando lo que uno hace, de conocer las cosas paso a paso.
–¿Qué le hizo acercarse a este tipo de fotografía?
–En el ´98, el interior del país ya se había caído, por eso viajé a Buenos Aires. Presenté un proyecto dentro del Ministerio de Cultura de Buenos Aires para empezar a participar en los programas culturales de barrio enseñando fotografía básica. Sucedió que, en ese primer año, la mayoría de la gente no tenía cámara de fotos, por lo que era muy difícil concretar un trabajo práctico. Y la fotografía es praxis, sería difícil impartir conocimiento sin la práctica. Entonces pensé: cómo hacer para armar un taller si la gente no se puede comprar una cámara. Al año siguiente se me ocurrió encarar este proyecto ya que así todos tendrían cámara porque cada uno podría construir la suya. Además, los principios básicos de la fotografía en general se podrían aprender desde la fotografía estenopeica.
–¿Es más fácil comprender la fotografía a través de una cámara estenopeica?
–Sí, totalmente. Al taller vienen fotógrafos que por tener conocimientos muy estructurados no pueden hacer una buena foto, pero lo que me deja más satisfecho es aquella gente que viene por primera vez y no entiende nada de fotografía, y que logra comprender porque está abierta al conocimiento. Esas personas consiguen entender cual es el principio básico de formación de imágenes y hacen fotos increíbles.
–¿Por qué se suele utilizar la técnica de manera artística?
–Porque la fotografía estenopeica funciona al revés de la fotografía tradicional. Pensás la imagen con una determinada estética y en función de la estética te armás la cámara. O sea, estás fuera de cualquier formato, vos creás el tuyo propio.
–¿Por qué denomina al suyo como un taller de “fotografía austera”?
–El taller nace con una necesidad muy grande de seguir haciendo imágenes. De Córdoba no me vine con una mano atrás y otra adelante, si no, como dice mi mujer, “con las dos manos atrás”. Es decir que vinimos con lo mínimo, y con eso quería superar el desafío de hacer imágenes. Mi idea consistía en agarrar cualquier cámara, utilizar películas vencidas, líquidos vencidos, unir todo eso y descubrir una nueva forma de trabajar. La fotografía austera es eso, con mínimos elementos necesarios, poder generar una imagen.
–¿Por qué difunde este tipo de fotografía?
–Me parece que esto es una excusa, mirándolo desde un punto de vista social, para instalar pensamiento crítico. Porque a partir de la fotografía estenopeica uno se empieza a preguntar cómo sucede el fenómeno de la fotografía en general. Ese ejercicio de actitud y pensamiento crítico, si uno logra trasladarlo, puede servir en muchas instancias de la vida.
–¿Participó de algún movimiento social o político relacionado con la fotografía?
–Ahora estoy trabajando con unos colegas en el armado de un libro que retrata las luchas sociales desde 2001 hasta hoy. Hay gente que estuvo fotografiando en relación a la masacre de Puente Pueyrredón, otros estuvieron en las fábricas recuperadas y yo estuve cubriendo el acampe de la comunidad Qom en la 9 de Julio.
–¿Creé que es necesario socializar el arte?
–Hay que socializar el conocimiento en general. Es patrimonio de la humanidad, no pertenece ni a la Universidad del Salvador, ni a la Universidad de Palermo, ni a ningún instituto. Se va construyendo y es para compartir, para que la humanidad sea mucho más sana. No deberían entregar certificados de conocimiento, eso es una mentira para dominar al individuo.
