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El hombre caja: del Conurbano al mundo

El corto fue filmado por jóvenes realizadores en Zona Sur y brilló en festivales internacionales. “Nos parece importante no separarnos del sur, sino incorporarlo y conformar una identidad”, remarcan. 

Por Natalia Arenas

Buenos Aires, agosto 22 (Agencia NAN-2012).– Los ojos de Bette Davis miran un enorme cielo estrellado, como corolario de la frase final de La extraña pasajera: “No pidamos la luna, tenemos las estrellas”. De este lado de la pantalla, el hombre caja inclina la cabeza (bueno, la caja) hacia su hombro derecho y con ese gesto expresa, tal vez, las ansias de estar debajo de ese cielo y así poder observar aquellas estrellas. La descripción es una de las escenas iniciales de El hombre caja, un corto de 14 minutos de la joven Florencia Calcagno. 
Desde su estreno, el film ―producido por Zoetropo Producciones en 2011― cosechó varios galardones en Estados Unidos. En el Festival Internacional de Cine de Virginia (allí se estrenaron las reconocidas Los descendientes y El artista) recibió el Premio del Jurado al Mejor Cortometraje de Ficción; mientras en el Festival Internacional de Cine de Litchfield Hills obtuvo dos premios: a Mejor Cortometraje Extranjero y Mejor Musicalización. En septiembre, El hombre caja competirá en el festival de niños Kolibrí, de Bolivia, y en octubre respirará aires europeos, cuando compita en el Festival Internacional de Cine de Patras, en Grecia. 
Sin embargo, los premios no eran algo en lo que, a priori, el equipo de Zoetropo haya pensado. “Lo que a nosotros nos interesaba del corto era que el resultado final sea lo más parecido posible a lo que nos habíamos imaginado”, revela Gerardo Suanez Vivian, productor ejecutivo de Zoetropo. “Y pasó”, agrega. Suanez Vivian es realizador de cine, televisión y video y junto a Florencia Calcagno (también guionista de El hombre caja) encabezan Zoetropo, esa productora que, desde su denominación, evoca el gusto por el cine clásico que, dicen, los caracteriza. 
Zoetropo es una lámpara creada en el siglo 18 con imágenes que, al reflejarse en las paredes, dan la sensación de movimiento. En El hombre caja la referencia inmediata al cine clásico es ese breve fragmento de La extraña pasajera, escena que fue filmada en el Cine Monte Grande. Las locaciones también son sureñas: Adrogué y Banfield son algunos de los escenarios por los que Leandro Calcagno (el protagonista) camina y toma helados como todo el mundo, pero con una caja en su cabeza. Este hombrecito anhela ver las estrellas y, sin embargo, no atina, en ningún momento, a desprenderse del objeto que se lo impide. 
Pero, ¿por qué tiene una caja en su cabeza? “¿Por qué no?”, repregunta Suanez Vivian. “Quizá no quiere sacarse su caja, precisamente porque es algo suyo”, arriesga y redobla la apuesta: “¿Por qué vos te sacarías algo que es tuyo?”. Y concluye: “Lo interesante es que vos aprendas a hacer las cosas que querés hacer sin tenerte que desvincularte de algo que ya es parte de tu persona.” Acaso ese sea el mensaje que el corto quiere dejar en el espectador. Uno de entre tantos otros, claro. 
Con su primer corto cocinado, y después de haber trabajado en video clips y publicidades, el equipo de Zoetropo puso el ojo en la distribución. “Necesitábamos empezar a profesionalizar el laburo”, cuentan. Ese detalle incluyó no sólo el “mover” el material y enviarlo a festivales, sino cuestiones más técnicas como pensar en tener siempre una copia subtitulada, por ejemplo. 
Y todo eso, aunque parezca poco creíble para quienes tienen la mirada enfocada hacia la movida cultural porteña, desde el sur del conurbano bonaerense. “Nos parece importante no separarnos del sur, sino incorporarlo y conformar una identidad”, expresan. No por casualidad la primera presentación del corto fue en el Banfield Teatro Ensamble. “Nos parece que el sur es un poco el futuro, también, donde hay un montón de cosas por descubrir”. 
El hombre caja se caracteriza, además, por contar una historia sencilla, con el agregado de “fictorealidad”, esa pizca de ficción en una aparente realidad. Claro que, desde el vamos, lo surreal está en ese objeto protagónico. 
“Cuando escribimos guiones, no podemos dejar de pensar en la gente. Hacemos películas que cuentan historias”, define Suanez Vivian. En ese “pensar en la gente” es importante, para Zoetropo, “incorporar las cosas que son nuestras y que tienen que estar, como lo que hablábamos de la zona sur o el tipo de cine que nos gusta”. Para el productor, El hombre caja es una historia muy positiva, “que habla de las diferencias y de aceptarlas”. “Es un buen mensaje”, apunta. 
Mientras esperan por la participación en los próximos festivales, los realizadores calman la ansiedad con el guión de un largometraje, que ya tiene nombre: Margarita. 
“Para sacar adelante una productora, es necesario tener un buen equipo de trabajo”, afirma Suanez Vivian, y esboza un último consejo: “No es necesario irse a París para filmar algo estético y bueno”. En la zona sur del Conurbano, acaso un insignificante punto en el planeta, también hay calles, recovecos, bancos de plaza y cielos dignos de ser mostrados.