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En busca de la identidad no revelada.-

La tercera publicación de la editorial PianoPiano parte de un ejercicio de reconocimiento personal que desafía a los fotógrafos en su relación cotidiana con la cámara: ellos y ellas serán los objetos de la lente o su intimidad.  
Por Laura Bernatené
Fotografía (1) Laura Torres Gandía, (2) Santiago Orti*
Buenos Aires, agosto 17 (Agencia NAN-2012).- El título anticipa su interior. Al decirlo en voz alta se lo escucha capicúa y visualmente la “s” funciona como espejo del “Yo” hacia un lado y el otro: yosoy es un libro de autorretratos, donde 91 yoes/yo se construyen desde sus propias lentes. La máquina de mirar muta a máquina de mirar-se para que los mismos fotógrafos sean los que estén delante de ella. Suena bastante lógico que una persona que pasa sus días fotografiando lo que está por fuera, cada tanto, invierta la relación. A veces para probar la luz de la toma a realizar, otras porque el propio cuerpo es el más cercano para experimentar o porque pueden darse la dedicación con la que los pintores se autorretratan con el pincel, los fotógrafos tienen alguna que otra imagen propia entre sus pilas de negativos y archivos digitales. La mayoría de las que componen este libro surgieron a partir de un ejercicio de reconocimiento entre los participantes del taller virtual que dictaba el fotógrafo Fernando de la Orden. Antes de ser editadas, con una tirada de 2000 ejemplares, y luego de varias convocatorias abiertas, estas fotos se colgaron en el Nano Festival y fueron una maqueta (similar a un prototipo) en la Feria de Libros de Fotos de Autor.

Yosoy es la tercera publicación de la colección PianoPiano –editorial independiente dedicada a la fotografía– creada por De la Orden, su colega Manuel Fernandez y la diseñadora gráfica Mariana Zerman. “Juntamos fotos de bicicletas, y fue ´Bicis´ en 2010”, dicen, sin vueltas, sobre el primer volumen editado, que está a la venta en su usuario de Mercado Libre, igual que el tercero, que se presentó ayer en el Orsai Bar. La segunda entrega fue Fotorragia de Martín Bonetto, a quien ayudaron a editar su material. ¿Cómo enfrentaron los costos de la colección? En el caso de  Bicis fue a través del sponsoreo de una bicicletería, pero para un libro compuesto por autorretratos de fotógrafos el pronóstico no era muy bueno y tuvieron que pensar en otra estrategia. Cada uno de los autorretratados compró diez ejemplares al costo, de forma anticipada, y, sumado a la ganancia que había quedado del anterior libro de la editorial, entraron a la imprenta.

LO INTERIOR

¿Qué es exactamente un autorretrato? Cuando Sol Miraglia, una de las que apuntó sus lentes hacia sí misma, hizo esa pregunta a los alumnos de la escuela primaria donde da clases, le respondieron que era “pintarse a uno mismo”. Y ese “uno mismo” no siempre es la cara. “¿Es tu ropa, tu cara, un cuerpo, un lunar?”, se pregunta Sol y cita como ejemplo la foto de Eduardo Carrera, donde el elemento humano no existe pero sí él a través de un lugar: su baño, el espejo empañado por el vapor de la ducha que acaba de tomar y una serie de elementos de aseo personal.

Sin una técnica requerida ni restricciones en cuanto al dispositivo de toma –hay fotografías con cámara digital, analógica y también con algún que otro celular–, el libro está conformado por dípticos y trípticos que trazan relatos. Hay tantas caras que se construyen delante de la lente –en general con algún componente extra, por ejemplo, un vestido haciendo juego con un fondo, como en la foto de Vivi Abelson-, a manera de pequeños pedacitos de escenas cotidianas como dormir, despertar, salir de la ducha, los viajes en subte, los viajes en avión. Yosoy respira y transpira intimidades.

Muchos de los autorretratados jugaron con la aparición de otros sujetos como construcción de su propio yo, siendo la maternidad-paternidad un tema de gran importancia para algunos de los fotógrafos. Así puede verse a Gerardo Dell´Oro que completa su ser con el de su hijo, ambos sumergidos en la bañera; o a Fernando de la Orden quien, entre la ropa tendida en la terraza, le pone su cara al cuerpo de su hijo, formando una unidad.

La desnudes corporal también tiene su lugar. En su retrato, Martín Castillo Morales cose una prenda, en primer plano, mientras en el fondo de la imagen una mujer desnuda, desparramada en un sillón, se masturba. Liliana Contrera de pie, desnuda contra el rincón de una pared fría y oscura, le da la espalda a la cámara, su rostro no puede ver. 

Los reflejos y los espejos no faltan, siendo estos últimos parte de la composición de la imagen   –como el rostro de Coni Rosman que se compone a través de un reflejo en un espejo de aumento–, o simplemente haciendo que la silueta de quien realiza la toma, se refleje para que la lente pueda capturarlo. Más allá de la manera en que hayan sido compuestas las imágenes, dicen mucho sobre quién es cada uno de los retratados. Individuos que hablan de quiénes son a través de las fotografías que le toman a los demás, esta vez construyen su identidad retratándose a sí mismos. 

EN PRIMERA VOZ
Las fotógrafas Sol Miraglia y Mariana Copello, participan de yosoy. Ambas charlaron con Agencia NAN en la previa de la presentación oficial del libro.
–¿Cómo armaron la escena de sus fotos?
Mariana Copello.:– Fue después de una sesión con el psicoanalista, donde surgió la palabra agua como si hubiese sido la primera palabra que dije. Hice las fotos al otro día. Era un nacimiento, por eso se llama “Darse a luz”, darme a luz a mí misma. Habla de un cambio que tenía que ver conmigo en relación a la fotografía. No la pensé: corte las hojas y me metí abajo del agua sin saber cómo se iba a ver.
Sol Miraglia:– Surgió porque tenía ganas de trabajar con cuerpos de mujeres y medias, y no podía llamar a una amiga o a una mujer que me interesara su cuerpo y experimentar. Si tengo que desnudar a alguien, mejor probar primero conmigo. Con mis fotos sucede que termino siendo el propio objeto de lo que quiero hacer.
–¿Qué diferencia hay entre lo que transmite un autorretrato y un retrato hecho por otra persona?
M.C.:– Si una persona te retrata estás bajo su mirada. Podés posar para el otro, pero el recorte es de él. Vos sabés qué es lo que querés que se vea y no es lo mismo explicárselo a otro. En el autorretrato no hay lenguaje de por medio y uno está en sintonía con lo que quiere.
SM:– Hasta te podés sorprender porque estás tan en sintonía con lo que sentís que sale algo nuevo o diferente a lo que esperabas.
–¿Creen que al fotografiarse a ustedes mismas se conocen un poco más?
M.C.:– Yo lo tomo como un acto performático. Mi cuerpo como materia de la obra. En general, ocurre en un momento en que necesitás hacerlo, no es que decís “voy a hacer esta foto” sino que la hacés en el momento en que se te ocurre. Es una forma de expresarte y a la vez de mirarte desde afuera. El producto final es la imagen exterior que es para los demás, para mostrar, o para verla vos, pero en realidad es del interior al exterior el autorretrato. Me parece que en el autorretrato se unen sí o sí alma y cuerpo. En el retrato a veces hay un cuerpo y el fotógrafo no logra captar la esencia de esa persona. O porque le dice cómo se tiene que poner o porque no hay conexión.
S.M.:– Empezás a investigar tu cuerpo de otra manera. Qué pasa desde atrás, de un costado, en los pies. El fotógrafo ve al modelo de todos los ángulos. Yo no sé cómo es mi espalda. Nunca voy a saberlo salvo por fotos. Quizás es un juego y una sorpresa, y muchas de las fotos no sabía cómo iban a quedar hasta que las hice. No lo veo como algo narcisista. A mí me da mucha vergüenza, quiero que quede ahí y no quiero verlo. Pero fue lo que salió y no es “yo soy divina y me hago fotos.”
 –¿Qué motivos encuentran para que una persona externa al proyecto quiera comprar un Yosoy?
M.C.:– No es un libro de retratos. Hay una diferencia muy grande: es un libro de autorretratos que muestra intimidad de seres humanos, de cada uno de nosotros.
–¿Qué mensaje creen que conserva un autorretrato a lo largo del tiempo?
M.C.:– Es como si autentificaras tu existencia. Decís: “acá estoy”, yo soy en el universo. Ese autorretrato va a quedar, no sabemos cuanto tiempo, pero se relaciona con la muerte. Es un acto de resistencia frente a la muerte.
S.M.:– Es una pulsión constante…
–¿Por qué eligieron fotos en las que están desnudas?
M.C.:– Para mí venía por otro lado. Tenía que ver con que esa foto era un cambio y mostrar lo que soy en relación a mi profesión, era complicado. Fue como un quiebre y a partir de esa etapa donde me autorretraté hubo un cambio en relación a la fotografía para mí. Entonces en “Darse a luz” era darme a luz, salir del blogspot, un lugar más reservado donde tenés tus seguidores, y pasar a estar en una muestra, en Facebook y que tu foto circule sin saber dónde vas a terminar. Me quiero morir… A la primera muestra fui sin nadie: no le avisé a nadie y les pedí que si iban no hicieran comentarios.
S.M.:– Al principio, cuando mandé las fotos, el proyecto del libro no estaba tan fuerte. Quizás estas fotos yo las mostraba y capaz pensaban “qué interesante este cuerpo” y no “es el cuerpo de Sol”. Ahora es la foto y soy yo, y me da un poco de cosa. “¿A ver de quien es esta foto?” (simula la escena de buscar el índice de imágenes en el libro). Me da vergüenza porque está el nombre. Quizás por eso recorto la cara, para que parezca un cuerpo y nada más; pero ya no puedo mentir. Es una foto, una cosa, algo abstracto, y hay que saber desprenderse. Como un hijo. Y la obra, la foto o el hijo van a hacer su camino.
*yosoy se puede conseguir a 75 pesos en la librería del Malba, Librería Prometeo (Honduras y Gurruchaga), La Musaraña (José M. Paz 1530, Florida), Purr libros, Kabinett (Gurruchaga 1744), por correo a coleccionpianopiano@gmail.com o por Facebook.