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Cuando el teatro borra fronteras.-

La compañía La Petisa Babilonia intenta indagar en las soledades a través de su nueva obra en escena, pero lejos de ese sentir este colectivo «multiétnico e intinerante» une a actores de distintas nacionalidades, recorre escenarios de todo el sur del continente y cuando no alcanzan los recursos, a ellos o a los espectadores, utilizan las redes para crear o difundir su arte.
Por Adrián Sotelo
Fotografía Adrián Sotelo
Buenos Aires, julio 25 (Agencia NAN-2012).- “Nunca lo he considerado un grupo de teatro. Para mi es un equipo y los equipos varían como en el fútbol, ¿no? Lo hacen de acuerdo al campeonato”, figura el director teatral y dramaturgo Jeremy Vagabundo. Su equipo se originó en Bogotá, Colombia, en 2000, y tuvo una serie de cambios de nombre hasta 2007, cuando Jeremy viajó a la Argentina y, finalmente, lo bautizó La Petisa Babilonia. Pero sobre todo fue entonces cuando consiguió que sea “multiétnico e itinerante”, con elencos que tienen actores de diferentes países y porque, a fuerza de autogestión colectiva, se las arreglan para ser uno de los grupos independientes que más viaja por el sur del continente. La readaptación de la obra Fractales (en la geometría humana del caos) fue la excusa para que Agencia NAN se acercara hasta la casa de Jeremy en San Telmo y charlar junto al actor argentino Gael González Costa, quien con Mercedes Mastropierro y Lisi Dikof protagonizan una obra que se atreve a poner el foco de atención en las soledades de tres personas marginadas: una mujer que pasa sus días como “mula” (quien utiliza su cuerpo para traficar droga), una mujer que es el primer clon humano y un joven de una tribu urbana.
EL ORIGEN Y LA BÚSQUEDA
Antes de ahondar en el contenido de la obra, Vagabundo recordó la génesis de la compañía: “Desde un principio, la idea estaba definida: hacer un teatro itinerante. Pero faltaba que fuera un teatro multiétnico, que es lo que me interesaba”. Por eso, en los primeros años de La Petisa el grupo contó con gente de Austria, de Alemania, Francia, Estados Unidos, Colombia, Argentina y Chile. Algo que no deja de repetirse.
-¿Hay diferencias en la manera de encarar el trabajo entre actores de diferente nacionalidad?
Jeremy Vagabundo:- Hay una diversidad en cada país. Cuando yo llegué a Argentina pensé que el teatro argentino era muy textual, pero también encontré posibilidades de emocionalidad y corporalidad. Es el camino que uno elige. En Colombia, hay un teatro muy corporal para la calle y, en las salas, un teatro más gestual. La clave es desarrollar la propuesta que tenemos en La Petisa… de hacer un teatro en el que la corporalidad también cuente una historia. Por eso, trabajamos en las obras muchas imágenes sin texto. En cómo decirle al público algo sin caer en el error de darle todo masticado. Que sea claro lo que le queremos decir pero que el espectador lo desarrolle.
En esta búsqueda de trabajar con elementos que cuenten más allá del texto, el actor Gael González Costa destacó que “la música de las obras siempre es compuesta por músicos de La Petisa”. En el caso de Fractales…, por Mariano Godoy. “Tratamos de no usar las luces de las salas sino las nuestras. Es un experimento de cómo hacer teatro desde todos lados”, agregó González Costa.

-Entonces, ¿cómo definirían las obras de La Petisa…?
J.V:-Una obra de teatro para mi es una pintura, no puede sobrarle un color. La dramaturgia no es solamente el texto sino que hay una dramaturgia también de la imagen y de lo corporal, de la luminotecnia y de la musicalidad de la obra. Esas dramaturgias en la medida en que uno las tenga trabajadas van a enriquecer la obra.
G.G.C:- Creo que eso tiene que ver mucho con una de las cualidades más fuertes que tiene La Petisa…: hacer teatro borrando fronteras.

-Gael, ¿qué sentís que te aportó trabajar en La Petisa…en relación a las obras argentinas en las que estuviste?
-G.G.C:- El primer trabajo que hice con La Petisa fue Box Peleas Perdidas, en 2011, y me encontré con una manera de hacer diferente a la que venía experimentando. Había cosas de la puesta en escena que tenían que ver con armar secuencias de imágenes en donde el cuerpo contaba la historia del personaje, algo que no había trabajado nunca. Éso va marcando la manera de hacer teatro y te da la posibilidad de elegir. Para mi, hay un antes y después de haber trabajado en Box… No solamente en la manera de encarar un personaje sino también porque posibilitó mi primera gira fuera del país. Conocer la cultura del teatro en Colombia, en Ecuador, te abre mucho la cabeza. Me queda un gran aprendizaje y estoy acá para seguir haciéndolo. Otra cosa que destacaría fue la de trabajar una obra a través de Internet, por ejemplo, la iluminación de Box… fue hecha a distancia. La obra se presentó en Buenos Aires pero las luces se trabajaron en conjunto desde Bogotá.
-¿Cómo es eso?
J.V:- Pasó con todas las obras. Son kilómetros de charla, bocetos, ver cosas y ahí va surgiendo. Nos pasó con Lilith (2009). El músico componía viendo la obra a través de Skype. O, por ejemplo, la tercera función de Fractales…, la transmitimos online desde nuestra página (www.lapetisa.tk). Uno entra en la dinámica de si es o no teatro porque el teatro es en vivo, pero permite que la gente tenga otras formas de ver.
G.G.C:- Como actor, sabés que no solamente te está viendo el público del teatro sino que tenés que ser conciente de que te están viendo del otro lado. Es una experiencia muy impactante.
J.V:- Es la sensación de no tener intimidad. Con el público de la sala, hay intimidad. Pero, cuando tienes un ojo que te está viendo afuera, la intimidad se rompe.
-Además, toda esta producción es autogestionada, ¿cómo gestionan las giras para ser una compañía itinerante?
J.V:- Autogestionadas parte y parte. Por un lado, siempre busco que se vea como un producto artístico que se pueda vender en otros lugares. Algunas veces ha funcionado, otras veces no. Casi siempre no. Pero cuando nos toca a nosotros invertir asumo que no es una pérdida sino una inversión. El dinero que se gasta en otro país es el mismo que se van a gastar acá. Lo ideal sería poder decir que este ente o esta empresa o este gobierno nos van a pagar. Pero, mientras eso no se dé, estoy convencido de que hay que seguir. La experiencia me ha demostrado que, en América del Sur, es extremadamente complicado conseguir financiamiento para un viaje.
-¿Por qué?
J.V:- Si no es un grupo muy conocido, muere en el intento. De casi todos los grupos que arrancaron al mismo tiempo que nosotros, de varios países, me atrevería a decir que no hay más de tres que viajan y creo que somos los que más viajamos. Mi mayor satisfacción es que la gente de La Petisa… entendió que una parte del actor es estar en escena, pero también está la otra parte que es la gestión. Ser cuatro o cinco haciendo gestión hace que se vayan viendo los resultados. Eso es una figura importante: no el productor como una sola persona sino como colectivo.
LA OBRA
Con esta experiencia en los bolsos y sobre las espaldas, el colectivo “multiétnico e itinerante” lanzó la primera temporada de Fractales… que retoma la obra homónima, estrenada en 2006 sobre siete monólogos que ahondaban en otros mundos indviduales y universales a la vez, en la que actuaba Vagabundo, cuando aún se hacia llamar Fernando Prieto y La Petisa… era una idea. Ahora, la historia recorre tres monólogos, aborda historias dispares con un común denimonador: la soledad.
-Las historias que abordan en la obra son universales, ¿notan diferencias en la reacción de los públicos de diferente nacionalidad?
J.V:- Uno de los grandes logros que se viene gestando en La Petisa… es que las obras se están volviendo universales. La primera obra que montamos era muy propia del grupo. La gente sentía: “esto está bueno o malo pero no me involucro. Es una cosa ajena a mi”. Pero los últimos trabajos se volvieron universales. Nos damos cuenta porque hemos presentado, por ejemplo, Lilith en Argentina, Colombia, Ecuador y en todos lados funcionaba. Con Lilith, con Fractales… o Los Muertos Olvidados (2012) uno ve que la gente destaca las mismas cosas. Eso me parece muy interesante. Los Muertos que ahora está de gira, es una obra que yo la escribí a partir de una realidad colombiana, pero la identificaron con la realidad argentina. La asociaron a los desaparecidos. En Ecuador, pasó lo mismo. Tenemos realidades compartidas tanto políticas como sociales. Fractales… es más social que política, más del individuo mismo.
-En un momento de la obra, un personaje dice que son cosas que la gente sabe que están pero que no las reconoce…
J.V:– Para mi los tres personajes tienen que ver con esa cotidianeidad invisible. Está ahí, uno la ve, la percibe, pero no la confronta.
-¿Por eso tantos periódicos en la escenografía?
J.V:- Claro. También los periódicos involucran un poco esa cotidianeidad vista a través de los medios de comunicación. Uno ve a un chico de una tribu urbana y lo cataloga, pero no se da cuenta que también es humano. Así como yo me enamoro y sufro, él también se enamora y sufre. Como la “mula”… ¿Por qué hizo lo que hizo? Porque tiene un deseo de salir adelante, como todos. Por último, el clon tiene que ver con la genética, con la evaporación del ser humano como individuo. Uno lo ve todos los días. Se van a poner tetas, se van a cambiar el cuerpo. El planteo es desde la clonación, pero también está esto otro que me es parecido. Al querer ser perfectos se nos olvida que está la parte emocional que nos liga al otro.
*La obra podrá verse este viernes a las 21 en el Teatro Macondo, Av. Garay 460, Ciudad de Buenos Aires.