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La joven promesa de los fanzines

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Sobre todo a fuerza de buenos dibujantes, claramente influenciados por el manga, “Purple Comics” es una de las autoediciones más interesantes del panorama comiquero. Imagen: PC

Por Andrés Valenzuela

A primera vista, Purple Comics es un fanzine como cualquier otro: una tapa más o menos llamativa, el anuncio de varios autores prácticamente inéditos y hasta el simpático cartelito que promociona la inclusión de algunas páginas a color. Sin embargo, basta pasar a la ligera las hojas para darse cuenta que entre manos hay una de las autoediciones más promisorias e interesantes del circuito comiquero actual.

En primer lugar, lo que se advierte muy rápidamente es la presencia de buenos dibujantes y la influencia clara del manga en la narrativa y el estilo gráfico. Lo del manga no debe asombrar. Los productos de Oriente figuran entre los más vendidos del noveno arte en la Argentina desde hace una década y media, y la muchachada de Purple no es la primera camada que revela su influencia: allá lejos y hace tiempo existía el fanzine Bloom!, compuesto sólo por señoritas y del cual salieron, entre otras, talentosas como Sole Otero y Sabrina Florio. Autores ya establecidos, como Salvador Sanz, también llevan la impronta narrativa del Sol Naciente y a esta altura del partido son pocas las voces serias que pueden denostar esa denominación de origen.

Lo que sí permitió el paso del tiempo fue que los modos narrativos del manga se integraran con la narrativa argentina (que también tiene influencias europeas, norteamericanas clásicas y norteamericanas contemporáneas, claro) y que las páginas de la muchachada emergente ya no se sientan forzadas ni en las secuencias ni en su pertinencia a lo que se cuenta en la historia.

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El dibujante que destaca muy rápidamente es Franco Viglino, autor de “Las aventuras del chico aguaviva”. Imagen: gentileza de PC

El otro descubrimiento agradable que ofrece Purple Comics es que en esta revista hay buenos dibujantes. El que destaca muy rápidamente es Franco Viglino, autor de Las aventuras del chico aguaviva, quien más allá de algún cambio de enfoque resuelto con fórceps, narra bien y tiene un dibujo muy expresivo, particularmente detallado y con muy buenas ideas, sobre todo al momento de incorporar los elementos fantásticos a su relato.

El fanzine incluye otros dibujantes conocidos en el circuito, como la autor Fer Gris (publicada varias veces por el sello patagónico La Duendes) y Lea Caballero, suerte de militante del shonen (manga de acción y humor para varones adolescentes) vernáculo. De ambos, vale celebrar la evolución de Caballero. Aunque su trabajo tiene altibajos, en algunas de sus páginas se advierte su crecimiento como dibujante y la energía puesta en cada viñeta.

El plantel de la revista se completa con Marce Marti, quien muestra un estilo más caricaturesco, sencillo, y énfasis narrativo en la agilidad; y Diego Bo, que se concentra en la acción que quiere contar, pero descuida la construcción del ambiente.

Más allá de las falencias esperables de cualquier grupo fanzinero que recién da sus primeros pasos en la disciplina, Purple Comics muestra gran proyección para sus responsables. Una publicación para mantenerle un ojo encima.