Un grupo de jóvenes personajes circulan por un universo entre uno natural y otro mágico. La genialidad de la historia se encuentra en cómo está narrada./ Por Andrés Valenzuela
¿Qué hace el gobierno si aparece un pulpo gigante en medio de la ciudad? En una película norteamericana, envía aviones y un equipo de científicos lo meten a un laboratorio súper secreto. Si hace falta, las tropas destrozan el barrio y masacran a sus habitantes para mantener el silencio de radio al respecto. En El aneurisma del chico punk, pasa otra cosa:los vecinos organizan una gran paella solidaria que, además, termina de un modo… particular. Ya en ese detalle se advierte el humor oscuro y cínico que desarrolla Renzo Podestá en el libro co-editado por Dead Pop y Ediciones DelRevés.
Pero quedarse en la anécdota del pulpo es injusto e insuficiente. Es, en última instancia, eso: una anécdota dentro de una historia más amplia y con más aristas para analizar. El aneurisma… cuenta la historia de un grupito de marginales cuya vida oscila entre las peleas callejeras, el robo de libros y los piresde cada uno. El protagonista, por ejemplo, no sale a la calle sin su máscara puesta y el lector jamás conoce su rostro. De cojer, ni hablar: su capacidad para relacionarse con una señorita es más bien limitada. Su hermana vive pendiente de su bienestar y oficia un poco de líder del grupo. Otro de los muchachos sólo consigue excitarse con una buena sesión de sadomasoquismo y si lo cuelgan de las argollas que tiene cual piercings en el cuerpo (sí, hay gente que realmente se cuelga de ganchos en la vida real y lo disfruta).
Estos personajes circulan por un mundo tanto o más marginal que ellos mismos. En definitiva, al menos ellos intentan acceder a la paella comunitaria, aunque sean vigorosamente rechazados en la entrada. Cuando ese mundo marginal se combina con uno sobrenatural y empiezan a pasar cosas extrañas, la trama suma densidad. De pronto la historia no es más la de un hatajo de vándalos sino que empiezan a intuirse proporciones épicas.
En el fondo el nudo del relato no es el más original del mundo: algunos de los protagonistas llevan dentro de sí fragmentos o seres místicos que desconocen y que son culpables de los eventos extraños que los rodean. Tarde o temprano ese cosmos mágico golpea la puerta con énfasis y se va todo al cuerno. Lo que es interesante es cómo Podestá narra todo esto, porque pone el énfasis en el desarrollo de los personajes y en la construcción del universo ficcional que despliega. Para cuando la nube de moscas se cierne sobre el Chico Punk, el lector ya sabe cómo vive y cómo siente, y resulta inevitable no comprometerse con su bienestar.
Tampoco se puede dejar de lado un dato fundamental: El aneurisma… originalmente se publicó en la web a razón de una página por semana (entre noviembre de 2011 y junio de 2012) y eso impacta necesariamente en los ritmos de lectura. El largo desarrollo que le imprime Podestá significa que al concluir el primer volumen (las 224 páginas que se reseñan aquí) el universo “estalló”, el conflicto está planteado, pero aún no hay un camino resolutivo delineado más que en insinuaciones. Y sin embargo, las páginas pasan volando. No hay tiempos muertos. Con la libertad creadora entre manos, el autor se lanza a la deriva, se permite rodeos (que lo son sólo en apariencia) y se extiende en pequeños episodios dentro de capítulos más largos.
El resultado es la conformación de un mundo amplio, con una estética muy bien lograda –haría falta un pequeño ensayo para distinguir todas las influencias que se cruzan en sus páginas- y personajes atractivos. Lo único que le falta es el volumen dos.
