Por Luis Paz
Buenos Aires, marzo 21 (Agencia NAN-2009).‑ Atravesando, tercer disco de la banda porteña Imperio Maltés, contiene tres representaciones de la gota: una inmoral que suda una turba famélica; una de metal que se afila cuando te despertás; y la panzona blanca que gotea el helicóptero de la portada de la placa más reciente del cuarteto nacido en Almagro en 2003. Amén del habitual giro autorreferencial que le aporta gratificaciones a quien interactúa con una obra, la aparición de la Gota como entidad en este álbum no tiene mayor carga que la curiosidad. La importancia del disco radica, como debe ser, en la música de Imperio Maltés, un reflejo de las influencias brit pop de sus integrantes (Daniel Sacroisky en voz y guitarra, Santiago Maíz en bajo, Ramiro Sofía Aguirre en batería y coros y Emilio Oliveiro en teclados y sintetizadores), pero releído desde el pop indie argentino de la década pasada.
En rigor, se trata sólo de seis temas, pero la multiplicidad de interpretaciones que surgen de las letras (en este caso, verdaderas poesías en formato canción) y los repentinos cambios de intención y dirección de su música dan la sensación de mostrar bastante una vez terminada la escucha. Claro que sería interesante apreciar otros estados productivos para la banda, escucharlos en un tempo acelerado, salir del 4×4, cambiar los arreglos de cuerdas por distorsión y todo aquello que, en definitiva, define en buena parte al indie de la década actual.
Pero por el otro lado Imperio Maltés es una banda más que se suma a la frondosa lista de colectivos musicales actuales con basamento en el rock independiente británico y estadounidense de comienzos de los 90, algo que en Argentina siempre terminó siendo replicado de mejor forma que el pop rock independiente del 2000 (Strokes, Arctic Monkeys y después), aún un déficit local.
La escuela vernácula de Jaime Sin Tierra y Suárez es desde donde se entienden sus letras, rebosantes de imágenes y doble sentido tanto como las de Rosario Bléfari, Mariano Esaín o Juan Stewart. “Ha nacido un bebé enfermizo entre sus brazos y peligra su viejo poder”, la línea lírica de “El hijo del zar” que abre el disco, cierra perfecto con el “Si va a reír tose después” del final del mismo tema, pero presenta también una referencia a la pérdida del poder en otros ámbitos, que se retoma en “Reencuentro”, cuando Sacro recuerda que “alguna vez yo fui un ángel que tocaba el piano demasiado bien, también la bandera llevé hasta que un animal, una bestia, me hizo perder toda mi sensibilidad”.
No obstante, el reino de la sensibilidad no está perdido para ellos. Basta revisar algunos versos acertadísimos: “Dios no baja la mirada, ¿sabés? Por eso no nos ve” ó “Ni el terco puede evitar el giro del huracán”; y también “Aunque no quiera mirar el cuchillo sigue estando ahí”, que cierra otro círculo referencial con el título de la placa y el “Atravieso el techo así, y me volvió a mí” del track 03.
Así podría definirse este tercer trabajo de Imperio Maltés (tras su demo homónimo de 2004 y Rebaño de corderos, de 2005): letras cargadas de simbología sobre segmentos musicales que se suceden con liviandad y gracia, sin ser livianos ni una tomada de pelo. Porque en definitiva se trata de un disco responsable y serio que aporta más novedad desde la escritura que desde la interpretación.
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