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Batalla contra los grandes, cosa de niños.-

Un exempleado del Ministerio de Justicia cargó un par de decenas de discos en un bolso, discos de música latinoamericana para niños, y se las tomó. Pululó ferias por varios puntos del país, se juntó con varios otros locos que estaban en la misma y nació Músuca Nuestra. Hoy, además de la itinerancia, hicieron cayo en un pequeño local de San Telmo.


Por Carla Perelló

Fotografía gentileza de Música Nuestra


Buenos Aires, abril 3 (Agencia NAN 2013)-.“Cualquier disco que te haga escuchar te va a gustar”, desafía Martín Devicenzi a la cronista de NAN señalando una pared del local —Balcarce 1053, San Telmo— atestada de discos de música folklórica argentina y latinoamericana para niños. Aquel espacio que ocupan hace ocho meses se asemeja bastante a una disquería cualquiera, pequeña. Pero no. Es un eslabón más de la batalla que el proyecto autogestivo Música Nuestra lleva adelante desde 2005, a partir de que reconocieron un problema: cómo difundir artistas autóctonos mientras “la disquería más grande de Argentina vende heladeras”, a costas de la desaparición del disco físico en pos de un mundo cibernético que gana terreno junto con la televisión y configura al mercado hegemónico de la cultura infantil en lo audiovisual. Más aún, en una sociedad que tiene una particularidad, sostiene el entrevistado, “el problema de mirar siempre hacia afuera y aceptarlo como lo mejor”.


Devicenzi se transformó en el mentor del proyecto la vez que recopiló los discos que tenía y se lanzó a una feria. Fue en Tandil: “No tenía idea de que en el micro no se podían llevar tantas cosas y me encontré con que tampoco tenía claro cómo exponer el material en el stand”. Al cabo de unos cuantos viajes por las provincias de todo el país decidió dejar su trabajo “formal” —dice— en el Ministerio de Justicia de la Nación y se lanzó a cada feria o festival en donde consideró que la poesía cantada pudiera tener un lugar.


La iniciativa nació de la afición personal-individual hacia la música infantil y se unió a otros que confluyen en un colectivo con el objetivo de que la sociedad argentina “reconozca y acepte la diversidad musical que existe en el país”, aferrada a los sonidos de la tierra del bombo, tambores, maracas y palos de lluvia. De esa manera, intentan romper con el “sistema armado”: discográfica, televisión, dibujito animado, teatro, merchandising. Luchan contra “los padres cautivos de la televisión que no se animan a explorar otros sonidos”, se indigna Devicenzi.


A lo largo de una extensa charla con NAN, el impulsor de Música Nuestra reconoce un momento histórico-político que se dio luego de 2001 que le dio el empujón para jugársela por el proyecto, que va más allá del nostálgico propósito por sostener lo material por sobre lo virtual: el disco físico con su gráfica de tapa, los colores, la magia de poder tenerlo en las manos. Los viajes, finalmente, le dan lugar para afirmar que “Argentina es el país con más música para chicos en el mundo”. Lo que comprueba con un catálogo de 140 producciones: Luis Pescetti, Caracachumbas, Palmito y la orquesta de Juancho Sifón, son algunos de ellos.


Música Nuestra se autofinancia y se apoya en un convenio con el Ministerio de Desarrollo de la Nación para comprar instrumentos a artesanos de todo el país. Viaja para descentralizar el mercado de Buenos Aires y su próximo paso es participar del Undécimo Encuentro de la Canción Infantil Latinoamericana y Caribeña, que se realizará luego de mediados de año en Bogotá, Colombia. Poco a poco, el uno pasó a ser muchos y cada quien que quiera participar puede hacerlo. Así fue que se sumaron Xoana, Héctor, Pablo, Irma, Valeria, otra Valeria (Ciudad de Buenos Aires) y Angie (Los Toldos), María Marta y Marcos (Nogoyá y Concordia, Entre Ríos), Miguel y Sofía (Unquillo y Villa Allende, Córdoba), Cecilia (Córdoba capital) y Stella Maris (San Juan).


De alguna manera, fue arriesgarse por un ideal dejar el trabajo formal, ¿por qué lo hizo?

Estamos en una etapa en la que se revaloriza el debate y la discusión y encontré en este espacio mi lugar de militancia. Me costó tomar esta decisión, porque pensaba que no se podía vivir de la música para chicos. Empecé a viajar a ferias del libro. No había espacios, entonces había que imaginarlos, imaginé y empecé con ferias del libro, porque me parecía lógico que en un lugar donde se consumía cultura vean esto que es poesía cantada y grabada.


¿A qué responde que Argentina sea el país con más músicos para chicos?

La gran inmigración. El tango por ejemplo. Todo el paquete de notas coloridas culturales de tantos lugares del mundo que vinieron a parar acá. Argentina tiene un ruido permanente de todas las músicas del mundo. El Chango Spasciuk hace chamamé y en sus discos participa la comunidad ucraniana. Es un genio. Argentina tiene mucho músico y muchos músicos para chicos. Cosquín es un ejemplo.

¿Música Nuestra es una batalla contra las discográficas?

Sí, en cuanto a que las discográficas grandes para sostenerse apuntan a otro tipo de estética musical como Justin Biever (N de R: Piñón Fijo o Panam). Con las discográficas pequeñas, es más una sociedad. Nosotros necesitamos que ellos reediten los discos que existen y ellos necesitan que nosotros garanticemos la venta.


Armaron un circuito paralelo…

A travesamos la cadena horizontalmente. Desde el artista, discográfica, la disquería, la librería, eventos culturales, estamos como tapando los baches, metiéndonos donde se necesita. Una sociedad a veces funciona cuando hay una relojería donde están las distintas partes coordinadas. En este caso la cadena está rota.


¿Colaboran con la producción de discos?

El primer disco generalmente es el más caro, por la gráfica y las cuestiones de producción que conlleva. Entonces si podemos nosotros le aseguramos la compra de 200 discos, así ellos pueden hacer mil. Nos encantaría poder tener dinero para editarlos nosotros y resolver la cuestión económica, sería fantástico. Pero no. Esto es un a pulmón.