La compañía de teatro Barquitos de Papel, nacida en el Hospital de Clínicas para pacientes del área de Salud Mental, construye un paisaje urbano desolado por el egoísmo, el individualismo y la falta de sueños.
Por María Daniela Yaccar
Fotografía gentileza de Sandra Rojo
Buenos Aires, agosto 20 (Agencia NAN-2013).- La obra se llama Ciudad y, en el centro porteño, habla íntegramente de eso. El paisaje que nos muestra es la desolación misma. Nos muestra el egoísmo, el individualismo y la falta de sueños con muy pocos elementos; apoyándose, sobre todo, en el cuerpo de los actores. Usan cajas de pizza, bolsas comunes, blancas, de supermercado chino, música poco conocida y otra fácilmente reconocible (por ejemplo, Pink Floyd). La obra nos muestra que en la ciudad estamos todos locos. Y los que la hacen son, justamente, personas a las que la sociedad condena por tal padecimiento, usuarios del servicio público de salud mental, devenidos, simplemente, en actores.
La compañía se llama Barquitos de Papel y nació en el Hospital de Clínicas, para pacientes del área de Salud Mental. En 2008 comenzó a trabajar en la calle, y hoy sus integrantes ensayan y hacen funciones en el Ift (Boulogne Sur Mer 549). Por estos momentos, el grupo lo integran Laura de Luca, Alvaro Murias y Francisco Polycretis. Los dirige y coordina Valerio Cocco, un italiano que es clown, zanquista, mimo, actor y director. Y que, además, es psicólogo. Cocco cree profundamente en la función social del teatro, en los efectos transformadores que puede generar, y lo pone en la vereda de enfrente de los psicofármacos, que generan sobrepeso, trastornos en la memoria y la atención y dificultades al hablar, entre otras cosas. Remedios peores que las enfermedades. Claro: el teatro exige un camino inverso.
En Ciudad los roles están distribuidos. A De Luca, que es la mujer del equipo, le tocan los fragmentos más ligados a la danza; Murias es el comediante del grupo, el actor más realista, el que tira gags como cuando dice que esa ciudad de la que están hablando es la que gobierna Mauricio Macri; y Polycretis es más surrealista, su lenguaje se apoya más en la poca información de la poesía, en los sueños. Ciudad es una mezcla extraña, pero que, aún así, funciona: por momentos estamos ante una comedia realista, y en otros tramos, es más lo que no se nos dice que lo que sí. La obra está hecha de pequeños cuadros, diálogos e imágenes, que en su totalidad nos dan una idea de lo que es vivir en una ciudad. Es como un mosaico.
Momentos que a uno le quedan en la cabeza: al principio, después de un baile en conjunto, los actores juegan con las bolsas y el paisaje urbano que construyen es eso básicamente: bolsas desperdigadas por todo el escenario. Un hombre queda tirado en el piso, tapado con bolsas. Y entonces viene otro, un barrendero, y quiere barrer todo: hasta al hombre. En esta misma escena, una mujer da a luz en el medio de las bolsas –¡en medio de la basura!– y allí mismo, en el chiquero, amamanta a su criatura. De la mezcla entre realidad y poesía, esta cronista recuerda especialmente una escena que comparten Murias y Polycretis, como empleados de un supermercado chino. Murias, que es el más grande, le dice al chico que labure, que se acostumbre, que acomode las cosas rápidamente, antes de que el jefe llegue. Pero el otro se desconcentra y sueña, desea; su deseo no entra dentro de esa maquinaria infernalmente productiva. Polycretis se mete en unas cajas y su mente viaja hacia otro lado. Un momento muy bien logrado, como el final, en el que se luce mucho De Luca, emocionando a la platea con la danza (no toda la obra es taaaaan densa como aquella escena de la basura, hay un resquicio de luz en el final).
El teatro off porteño, hay que decirlo, es mucho y variado, pero… a veces se duerme. A veces, incluso, no dialoga con los problemas que presenta y eso se le nota. Sí, hablen un montón de la “locura” y del “capitalismo”, pero dialoguen con sus víctimas directas, a ver qué sienten, qué dicen, qué opinan, qué es lo que quieren contar. Si no, el teatro sigue siendo para unos pocos y se apoya en conceptos abstractos y cerrados. No sé bien para qué nació el teatro, pero estoy segura de que no solamente nació para eso. Así que, esta cronista agradece profundamente al elenco de Barquitos de Papel, por un producto tan logrado, y por animarse a salir a un escenario, venciendo muchos obstáculos que, en plena función, ni siquiera se notan.
