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CLDSCP: “No queremos ser la banda que toca con juguetes”.-

Calidoscopio graba de manera casera, y en los últimos discos toca con juguetes infantiles. En su última etapa, Andrés Andiñach y Leopoldo de Sarro eliminaron la batería y casi no usan guitarras. Los cambiaron por el charango y el beatbox. “No somos estudiosos de los instrumentos”, aclaran, y aseguran que “se avanza desde las limitaciones”.

Por Paula Sabatés
Fotografía de Sergio Parrella

Buenos Aires, junio 17 (Agencia NAN – 2011).- Se formaron en 2008 y ya tienen once discos: dos lanzados durante el primer año, siete durante el segundo (!), otro de 2010 y el último, Niños azules, grabado en la primera quincena de este año. Andrés Andiñach y Leopoldo de Sarro, o Andy y Leopo, los CLDSCP (Calidoscopio sin vocales, porque querían ser “los dueños absolutos de una palabra que no tuviera nadie y Calidoscopio ya estaba muy usada”), aseguran que “se comen los codos” para no sacar más temas porque después en los shows no les da el tiempo para tocarlos. Por eso mismo, para hacer las canciones que sus pocas fechas dejan afuera, tuvieron un programa de radio y planean hacer, dentro de poco, “transmisiones online-tipo tele”.

Los CLDSCP graban de manera casera y en los últimos dos discos tocan con juguetes infantiles tipo Hasbro o Mattel (en el medio de un tema puede llegar a sonar un “Barbie es una princesa”) y con instrumentos poco vistos en la escena under, como un beatbox o un charango. Tienen seguidores en Rusia y un sello de Polonia les financió su anteúltimo trabajo. “Nos mandaron veinte discos y con el resto no sabemos qué pasó”, cuentan los muchachos de zona sur del gran Buenos Aires a Agencia NAN. Pero no les importa mucho, porque aseguran que, por sobre todo, les interesa llegar al público de Argentina.

— ¿Cómo surgió la idea de tocar con instrumentos poco convencionales?
Andrés Andiñach:– De la forma natural. Nos conocimos y empezamos a tocar con guitarras, que es lo que los dos veníamos haciendo. Y Leopo cantaba. Pero de a poco empezamos a pulir cosas y a sumar instrumentos, a descubrirlos. Aunque en realidad fue al revés: ellos nos eligieron a nosotros, y nosotros les dimos el uso que podíamos. Tampoco es que somos estudiosos de los instrumentos; los agarramos y los adaptamos para que sean funcionales a nuestra música. Más no, el resto no nos importa, porque saber de más en procesos artísticos a veces es un problema. Ser un poco ignorante en algunos casos es un límite copado.

— Suman instrumentos pero no músicos…
Leopoldo de Sarro:– Sí, es que es una cuestión de comodidad, de laburar entre los dos. Nos conocemos mucho, entonces nos ponemos de acuerdo fácilmente. Si hubiera cinco personas más sería todo un debate gigante.
A. A.:– Y es que cuanta menos gente hay, menos democrático es todo, y cuando menos democracia hay más sencillo es para la persona que toma la decisión. Además es un formato que nos gusta. No queremos una música llena de detalles por todos lados, nos gusta una cosa más cruda, y eso lo lográs de a dos.

— ¿Qué estilo hacen?
A. A:– Es raro eso. Hoy los géneros están todos un poco licuados entonces uno toma algo de todos y termina haciendo algo medio único. Nosotros lo que hacemos son canciones y la diferencia con el resto de las canciones que se escuchan está en los arreglos. En nuestra última etapa decidimos anular casi la guitarra, que es un instrumento que se usa en el 98 por ciento de todas las canciones, y eliminar la batería, que es típica del rock. Y en cambio usamos el charango, que es un instrumento que está súper atado a una cultura, y al que intentamos desatar, sin faltarle el respeto pero sí sacándolo un poco de contexto.

— ¿La decisión de no usar guitarra y batería tiene que ver con una cuestión formal y estética o con una forma de transgredir las convenciones?
A. A.:– Con ambas cosas. Por un lado, nos criamos escuchando las guitarras de Radiohead y las veces que quisimos hacerlas sonar de esa forma fue imposible, entonces, para que no nos quede algo de medio pelo, decidimos omitirla y después resulta que por no imitar a nadie nos encontramos haciendo algo muy diferente a todo lo demás. Por otro lado, a veces uno avanza en un espectro artístico porque le surgen ciertas limitaciones desde el lugar del que quiere hacer las cosas. Donde grabamos nosotros no podríamos grabar una batería como quisiéramos, porque no tenemos la plata, no tenemos la acústica, no sabemos tocar batería y no queremos llamar a un baterista. Entonces pensamos “bueno, hay que hacer ritmo, ¿con qué lo hacemos?”. Y ahí surgen la pandereta, el beatboxing y los detallitos electrónicos.

— ¿Y los juguetes que lugar ocupan?
L. S.:– Generan una estética, es eso. Llaman mucho la atención porque cualquier cosa que rompe mucho lo hace. Pero tampoco hacemos una música infantil ni que tiene que ver con los sonidos que traen esos juguetes. El uso es más macabro, es como que aparece una cosa que no tienen nada que ver y descoloca.
A. A:– Claro, el sonido tiene que, estéticamente, ver en el contexto de la canción, pero no la melodía que trae el juguete. Igual tampoco queremos ser “la banda que toca con juguetes”. Hoy somos un poco eso pero mañana, qué se yo, seremos la banda que toca con animales de granja y va a una granja y le pega a las ovejas.

— Su último trabajo es comercializado en formato de cassette. ¿Esa también es una forma de romper con los esquemas?
A. A.:– No, eso es porque nuestra forma de difundir la música es por Internet y de forma gratuita. El que quiere tener nuestro disco con el audio exacto a como lo grabamos se lo baja de Internet. Todo el resto es merchandising, algo que vos vendés porque la gente quiere tener algo tuyo. El fanático que compra el CD seguramente ya se lo bajó antes, pero quiere el objeto. Entonces, a la hora de hacer merchandising, ¿cuál es la diferencia entre una remera, un CD o un cassette? Es solamente estética y a nosotros, de todas las formas estéticas de hacer merchandising, nos gusta más el cassette. De hecho, el CD es lo último que haríamos.

–Parecería que en los últimos tiempos el under está ganando un terreno mucho más amplio del que tenía. En este escenario, ¿sigue siendo un lugar de transición hacia lo masivo o puede ser, para algunas bandas, un lugar de pertenencia, de elección?
A. A.:– La elección es la música que uno hace. Después, el nivel de comercialización que puede llegar a tener ese arte es una eventualidad. Si vos podés comercializar tu producto y que te deje mucha guita sin tener que cambiar nada de lo que hacés, bienvenido sea. Ahora, si el comercio te va a venir a modificar, ahí nos encontramos con una disyuntiva. Y ahí, bueno, podés negociar o no.
L. S.:– Hay toda una estética particular y un público al que le gusta esa línea y sigue esas bandas. Pero a veces también es la única salida. Hay bandas del under que prefieren quedarse en el lugar en el que están antes de que les digan cómo tienen que peinarse para hacer un video.
A. A.:– Estaría buenísimo que la gente que tiene plata y quiere invertir en música lo haga para mejorar los shows y no para cambiar a la banda. Y eso pasa, porque, si bien el under tiene una estética que atrae, es una pérdida de guita. Hoy se trata de ser remisero para después poder tocar. De todos modos, está empezando a crecer y en algún momento va a ser un negocio fuerte, sin la necesidad de capitales. Claro Va a haber un under del under, que en cierto punto ya existe. Hoy tenés que pelear para estar en el under. Hay cinco o seis sellos independientes más o menos conocidos que se jactan de ser la movida independiente. Ellos hacen su negocio y está bien, pero parecería ser que el indie son ellos y el resto no.
L. S.:– Alrededor de 2020 suponemos que se va a dar un proceso por el cual el under va a ser, sí, un lugar de pertenencia y no de transición. Muchas de las bandas están apostando a eso, a bancar la situación porque ven un futuro más allá. Eso no lo sabe nadie, pero esperamos que sea así y vemos mucho crecimiento.


–Y mientras tanto, ¿qué beneficios le encuentran a estar en ese circuito?
A. A:– Todos. Putearás porque tenés que mover los amplificadores y por carencia de producción, pero en la artística tenés todos los beneficios.
L. S.:– Principalmente la libertad. Querés ponerte un cono en la cabeza y tocar una tarantela y lo hacés. Eso sí, tenés que tener mucha constancia, porque si no le ponés huevo no va.

–¿Y las desventajas?
L.S.:– Que la difusión está a cargo de nosotros. Y que te planteás como artistas y en realidad sos manager, diseñador, todo. Todo depende de nosotros: si lo movemos funciona, sino no. En el mainstream eso es lo primero que está asegurado, y eso te marca otra cosa.

–¿Los modos de producción con los que cuentan condicionan el producto estético?
A. A.:– Sí, pero creo que para mejor. Por algo estamos haciendo la música que estamos haciendo, por las condiciones que tuvimos. Nosotros sí o sí tenemos que poder meter nuestras cosas en un baúl para poder ir a tocar adonde sea, entonces tenemos cinco cosas y con eso tenemos que tocar. Eso te obliga a ser práctico y esa practicidad se muestra en tu música. Te obliga a ser original, y eso es beneficioso.

–¿Y porqué no pensar que el under imitará los vicios del mainstream cuando crezca como sistema?
A. A:– Es que eso va a pasar. Hoy el under tiene un discurso de hago lo que quiero y el mainstream es criticado por ser careta, por hacer las cosas por la guita y trabajar para un grupo de personas que no lo va a escuchar. Lo que no quiere decir que el día en que el indie sea redituable no se convierta en eso. Pero cuando eso pase van a existir otros pibes que nos peguen una patada en el orto a nosotros y nos digan “no, loco, la posta la hacemos nosotros”. Pero hay que separar, tampoco todo el circuito comercial tiene que ser una basura. Si un día nos piden hacer el tema del mundial, lo haremos, porque por algo nos llamarán y eso quiere decir que les gusta.

–¿Creen que son la mejor banda del mundo?
A.A.:– No, es que no somos una banda.

–¿Cómo que no?
L.S:– No nos pensamos con banda, nos da muy empresita. Esto es muy sincero, nosotros hacemos canciones y listo. Lo que funciona es la idea final, el conjunto.

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