Por Nahuel Gomez
Buenos Aires, julio 22 (Agencia NaN-2013).- La amistad, como toda relación afectiva, encierra tensiones y puntos oscuros que no son sencillos de asimilar. Se la supone como un valor supremo que subordina todo a un segundo plano, pero lo cierto es que los celos, la envidia, la mentira o la traición suelen emerger en la superficie de toda relación amistosa. En El amor cambia del director, productor y guionista Ignacio Ceroi se manifiestan esos momentos incómodos, esas situaciones que desmienten la idea de que la amistad “está por encima de todo”.
Marco (Ignacio Rogers) y Patricio (Julián Larquier Tellarini) comparten una relación amorosa con Lucrecia (Sofía Romano), amiga de ambos. Para Patricio esto no parece ser un problema; se muestra como una persona dispuesta a un amor líquido. A Marco le toca el rol del neurótico: no se siente a gusto en esta tríada, persigue a la chica e interroga a su amigo, le molesta la relación y muestra su disconformidad. Patricio responde las preguntas de su compañero con evasivas, pero, al mismo tiempo, le cuenta sobre un juego literario que comparte con Lucrecia en momentos de intimidad. Para él parece ser un detalle anecdótico, pero para Marco es un puñal en el pecho. Comienza a entender que perdió a un amigo. Hasta aquí: un triángulo amoroso. Uno más en la historia del cine. El mismo cine que mediante un recurso metadiegético rompe con la geometría y termina por dejar en claro quién es quién en este filme.
La idea del corto surge en 2009, como el desprendimiento de un ejercicio de guión que el cineasta realizó durante su primer año en la Universidad del Cine. Luego de pulir algunos aspectos, el guión se materializó en audiovisual en 2011 y en 2012 recibió una distinción especial en el BAFICI.
El realizador juega con los vértices del triángulo, mueve la estructura y resuelve la narración de una manera cuanto menos ingeniosa. La música y la fotografía alimentan un clima que perturba y los planos fijan la vista en las miradas de resentimiento mutuo de los protagonistas. La amistad y “los códigos” se ponen en cuestión. Feliz día, amigos.