Lejos de las grandes marquesinas de la calle Corrientes y distantes de los grandes festivales de marcas famosas, la poesía, la música y el goce por el arte se encendió al calor de plumas y músicos emergentes en el Festival de Arte de Verano.
Por Esteban Vera
Fotografía gentileza de Arteva
Buenos Aires, diciembre 27 (Agencia NAN-2011).- Jueves por la noche. El Club del Arte (Corrientes 3439, Abasto) es una casona de dos pisos, repleta de arte en sus paredes: murales, fotografías y pinturas. Ese día fue tomada por un grupo de artistas emergentes, muchos aún desconocidos fuera de los pequeños círculos de seguidores, para despedir el año con el Festival de Arte de Verano (Arteva). Ellos desplegaron en sus rincones, cuartos y terraza sus cosmogonías artísticas. No fue un festival más en la Ciudad de Buenos Aires: no hubo gaseosas, cigarrillos, promotoras de empresas de telefonía celular patrocinando el encuentro. Tampoco pulseritas para invitados vip. Pero sí, sandías gratis para todos. Con lecturas de poesías y música hizo pie el evento, un cóctel de arte under organizado por la agencia de publicidad alternativa Arteva y la editorial independiente Nulú Bonsái. Así, durante 12 horas, desde las 17 hasta las 5 del viernes, la casona respiró y latió cultura under, cien por ciento autogestionada, al margen del canon festivalero.
En el hall de entrada, un cartel de fondo blanco con letras negras anunciaba “Todo sucede en la terraza”. Allí, ya en la noche, el grupo de percusionistas Afrofilia arengaba a bailar al ritmo de sus tambores. “Música para ahuyentar a los malos espíritus”, alentaron, mientras un puñado de chicos bailaba al frenesí de los compases africanos, iluminados por luces navideñas amarillas, verdes, y ultravioletas.
Y cuando los ecos de los redobles se extinguieron, Ivana Berenstein (myspace.com/ivanaberenstein), joven cantautora, guitarra en mano y micrófono averiado, siguió el festival con sus canciones lúdicas y agiles, con bases juguetonas de música popular, pop, bolero y jazz. Así cambió la atmósfera sonora en la terraza, el lado b del festival. Con un breve repertorio de humor sutil, Berenstein se lució cuando cantó “Ahora”, single de su álbum debut No te duermas: “Ahora que soy complicada te gusto más/ ahora que no me ves te acordás/ ahora que sos complicado me gusta más/ ahora que no te veo y que no estás/ Ahora que estamos juntos no me hablás/ ahora que yo te busco te escapás/ y eso no me sorprende ni me hace mal/ Yo hice lo mismo un tiempo atrás”. Y no naufragó con “Danza de mosquitos” o “Adicción”, a pesar de las dificultades técnicas del sonido.
Acto seguido, la periodista y poeta Cecilia Martínez Ruppel, recitó algunas poesías “cursis” de (des)amor, como “La primavera”: “Sos hermoso/ de repente estamos hablando/ me doy cuenta y te lo digo: sos hermoso/ vos te reís y me contestás/ qué boluda que sos/ como si te estuviera/ haciendo un chiste, / pero la verdad es/ que es la pura verdad: / sos hermoso”. El librero, poeta y editor Francisco Garamona; y el periodista, editor y poeta Sebastián Goyeneche, también fueron de la partida.
En paralelo, a pocos pasos del pequeño escenario se montó una feria de editoriales independientes, entre ellas, Pánico el Pánico, Mansalva y Ñasaindy Cartonera, por nombrar algunas. La reciente antología Atada a la reacción, de Nulú Bonsái, fue uno de los libros más destacados con sus 80 poesías urbanas de una oleada diversa de 40 poetas.
Ya cerca de la medianoche, Coco Nuts (myspace.com/eggohlove), joven cantante y compositora cerró el lado b. Fueron canciones acústicas e íntimas de amor adolescente, como “Cada vez” (“Si cada vez que yo pienso en vos, siento que brilla el sol, no puedo controlar y empiezo a delirar”) o “A tu alrededor” (“No me gusta ver tus labios cuando me dicen adiós, si pudieras ver mi dolor”). También se destacó con un cover logrado de “Otherside”, de Red Hot Chili Peppers. En el escenario principal, ubicado en el primer piso, pasada la medianoche, tocó el cuarteto psicodélico Rascolnikoff (myspace.com/rascolnikovv). Integrado por Lola Prun (coros), Emmanuel Bayúgar (guitarra), Jirí Alvri (voz y teclados) y Francisco Larpin (batería), la banda, que prepara su segundo EP, se despachó con un buen repertorio experimental e instrumental, pero monocromático.
El recital de Monstruito! (monstruito.com.ar) le puso punto final al festival, pero dio inició a la fiesta, con su propuesta de ska, reggae, reggaetón, cumbia y tarantela. Amontonados en el escenario –en realidad, delante del público, al mismo nivel– el grupo, un crucero de ocho músicos (trompeta, saxo, bajo, guitarras, armónica, teclados y percusión) y una vocalista de Villa Devoto, desplegó un cancionero bailable, efectista, con temas como “La marea”, “Boletos”, “Fuego caliente” y “La receta”. Frente a ellos, una treintena de personas entregadas al éxtasis de los cuerpos.
