/Archivo

Iván Nogales: “El teatro es un fluir de vida completo, integral“.-


El integrante de la compañía teatral Trono, que funciona en El Alto boliviano, le dice a Agencia NAN que la creación artística –-o la vida, que son lo mismo– implica “mandar a la mierda al capitalismo” y utilizar el “cuerpo como lente para ver el mundo”. Aunque el entrevistado esta vez sea él, sus palabras hablan en nombre de lo colectivo. “El cuerpo en la modernidad está infectado y atravesado, en una esclavitud continua, permanente. Se ha convertido en el epicentro de la colonia moderna. Tenemos que abrirlo, liberarlo”, enfatiza, quien está atravesado por un paradigma que entiende a cada elemento como parte integral de un todo.

Por María Daniela Yaccar

Buenos Aires, julio 12 (Agencia NAN-2013).- Iván Nogales, que habla en Skype desde La Paz una mañana –audio, no cámara–, va a contar una historia que se llama Teatro Trono (1989-actualidad), y que funciona en El Alto, una zona precisamente altísima de Bolivia, a muchísimos metros del nivel del mar, donde todos, todos los extranjeros terminan a los vómitos y dolores de cabeza y clavándose píldoras para no morir en el intento de caminar por una calle recontra inclinada (o dormir). Una zona que allá está tan estigmatizada como nuestras villas, pero que parió, ni más ni menos, al hombre secuestrado por Europa hace tan poquito. Acuérdense del Octubre Negro.

A ese día, el 17 de octubre, Evo Morales quiere establecerlo como el Día de la Dignidad Nacional: “por los efectos de la revuelta popular de 2003”, que se opuso a la exportación de gas a Estados Unidos por un puerto de Chile y que se saldó con la huida del país del ex presidente Gonzalo Sánchez de Losada, que “impulsó una política de saqueo y de masacre al pueblo boliviano”. Bueno, sin más preámbulo. Esto es lo que dice Iván Nogales.

*El Alto era la ciudad de la vergüenza, de los marginales y sucios. Esa era la mirada de La Paz. Ahora hemos pasado a una etapa maravillosa. El Alto, en diez años, le cambió la historia al país. Es la ciudad que se ha inmolado en beneficio de todo el país. Tenemos presidente indígena y Estado Plurinacional gracias al Alto. El Alto es la ciudad orgullo, la capital ideológica y morfológica de Bolivia. Estamos altamente orgullosos de ser alteños.

*Siempre en Trono trabajamos con sectores marginales. Al principio, me fui a vivir a mi casa con siete chicos de la calle. Vivíamos en un pedazo de la casa en la que estamos ahora. Antes vivíamos en un pequeño pedacito, en 3, 5 metros por siete viví con ellos. Muchos años. Y fue una época muy complicada, linda, poética, heroica, honestamente humana. Me marcó mucho como persona, y también a los chicos. Ganamos la admiración de los vecinos, del municipio, la gente, las instituciones. De esos chicos de la calle algunos murieron, porque volvieron al mundo de la delincuencia. Algunos hacen teatro.

*A partir de ahora no necesito nunca más decir que eran “chicos de la calle”. Ese es un estigma. Ahora son miembros del grupo y se acabó la historia.

Iván es una persona que no esconde nada. “Ellos –se refiere a los adolescentes y jóvenes de la compañía– no sólo son actores. Son constructores y creadores de socialismo. Somos artistas de la ‘sobrevivencia’. El Teatro Trono es uno de esos escapes, un burlarse, sacar la lengua y mandar a la mierda al capitalismo. Y decir, a pesar de todo: ‘miren, hacemos unas piruetas de payaso’ y así exigimos con dignidad. Eso solo, ¿no?”.


Trono significa “me jodí”. Es lo mismo decir “me jodí” que “me troné” en el país vecino. Y el trono es el sillón de los reyes. Cuando aquellos chicos llegaron a la casa, cuenta Iván, dijeron sentirse como reyes. “Con los años resignificamos la palabra”, recalca. Y la resignificaron para el lado de la potencia que el teatro adquirió en la zona. La calle donde está fue nombrada la primera calle peatonal de la cultura, por ejemplo.

El Trono tiene hoy esa sede, la misma casa de la que habla Iván, ampliada con mucho esfuerzo. Un gigante edificio colorido. Hermoso. Hay otras dos sedes de Trono en El Alto, una en Cochabamba, un grupo trabajando en Santa Cruz y una sucursal en Berlín.
Lo indígena marca el quehacer de Trono, su funcionamiento, su origen. “La presencia indígena, por estar encerrada prácticamente entre las montañas en esta parte andina, ha generado una especie de reserva, no muy abierta a las costas como en el caso de ustedes que siempre están mirando más a Europa, tienen un flujo migratorio y cultural y conexión permanente y eterna. Nosotros también lo tenemos, pero sobre todo las clases privilegiadas. 

Hay un grupo de aristócratas que vive en París o en Miami, física o espiritualmente. Los centros más interesantes de La Paz vieja son una réplica de pedacitos europeos… Ellos han negado rotundamente a los indios. Pero la realidad es contundente. Somos aplastante mayoría indígena. Y por el encierro nos hemos quedado siendo una de las reservas morales más importantes del planeta. No es casual que aquí se haya generado, en Los Andes, el primer presidente indígena, el primer estado plurinacional. Y Teatro Trono.”.

Continúa Iván: “En Bolivia, el mundo indígena está brotando todo el tiempo, lo ancestral se abraza con lo contemporáneo. En nuestras ciudades seguimos peleándonos con el exceso de modernidad, de shopping, de consumo. Nuestros cuerpos están colonizados pero al mismo tiempo están en proceso de descolonización. Nos han avasallado pero la cultura ha sido el factor de resistencia más importante. En eso hemos triunfado. Nos han cambiado, pero también nos hemos cambiado un montón. Nos sentimos muy orgullosos de lo que hemos logrado. La humanidad está buscándose un paradigma, nosotros lo tenemos hace mucho tiempo”.


–¿Cómo vivió el hecho de hacerse cargo de la vida de aquellos chicos? Su compromiso ha ido más allá de lo teatral. Mucho más.

–Fue complicado. En esa pregunta veo algo de Occidente. Porque vida y teatro no son cosas separadas.

–¡Tiene razón! Es así.
–La vida se ha parcializado, economía y cultura están separadas, todo está separado. Nosotros vemos de manera más integral todo. Cuando hicimos teatro hicimos creaciones colectivas todo el tiempo. Nos apoyamos en maestros como Boal, ellos han sido inspiradores, pero nosotros la creación colectiva la tenemos en la sangre y todos los días de nuestra vida. Nuestro teatro es altamente indígena, nativo, auténticamente alteño. Nos preguntan “¿en quién se han inspirado, en Foucault?” Nos hemos inspirado en nosotros. La gente está acostumbrada a pensar que si no piensas como francés no has pensado adecuadamente. Es una basura en todo sentido. Hacemos un teatro nacido de estos cuerpos, que tienen ganas de expresar y de decir. Para nosotros el teatro es un fluir de vida completo, integral. No es casual el pueblo de creadores que estamos construyendo, es un proyecto teatral, una comunidad de vida (es en Mururata). El teatro para nosotros es exactamente eso: una práctica de construcción, de convivencia. Es encuentro.

–¿Qué temas surgen de la creación colectiva?
–Los temas de interés comunitario son lo central. Hay temas políticos y duros, pero también temas como la alegría, fábulas… de todo. No tiene que ser todo explícitamente político. Eso otro también es político, porque es una política de la construcción de convivencias. Hemos hablado de mitos, personas concretas, del barrio, del carnicero… hemos ido rescatando memorias, historias de la gente de la calle, esas historias que parecen invisibles e insignificantes, pero la verdadera historia está en lo que ellos cuentan. Hemos hecho cuentos de autores latinoamericanos, también Romeo y Julieta. Pero era una versión altamente alteña. Sencillamente lo único que ha hecho este hombre inglés es lo mismo que hace Trono. Ha contado las historias de un montón de gente y nosotros hacemos exactamente lo mismo ahora.

Iván Nogales cuenta quién fue Shakespeare. Ahora falta saber quién es Iván Nogales. Nació en La Paz hace cincuenta años. Su padre se fue a luchar a favor de un hombre llamado Ernesto Che Guevara, justo después de cuando nació una hermana de Iván. Dice Iván que su padre el día del nacimiento lloró, pero como despidiéndose. “La historia de la guerrilla del Che en Bolivia es una historia alternativa. Es eurocentrista cree que el Che es una especie de Jesucristo Superstar. Es maravilloso, lo adoro. Pero también tenemos héroes maravillosos como mi padre, que no entran en la historia”, sugiere Iván. El papá de Iván murió en 1970, en la guerrilla. Iván vive en El Alto desde los cinco años. El dinero que había en su casa era apenas para el día. “Todos los días inventamos maneras de conseguir algo para comer. Esa capacidad de mi madre siempre me llamo la atención: el mejor arte es ese tipo de sobrevivencias. Esa fue mi mejor escuela. Mi primera cátedra maravillosa fue la vida, la marginalidad, mi padre y la vida cotidiana de mi madre, que fue una artífice de prácticamente todo lo que soy. Estudié Sociología para explicar un montón de cosas. Nunca expongo eso porque no me interesa mucho. Mi mejor título es que soy un soñador.”

–Por estos momentos escribe La descolonización del cuerpo, ¿de qué trata?
–Creo que el lente para ver el mundo es el cuerpo. Así como Marx encontró la célula de la mercancía para explicar el capitalismo, o Freud encontró la libido, nosotros decimos que nuestra lente es el cuerpo. El cuerpo de los actores en escena significa pasado, presente y futuro. El cuerpo en la modernidad está infectado y atravesado, en una esclavitud continua, permanente. Se ha convertido en el epicentro de la colonia moderna. Tenemos que abrirlo, liberarlo. Es posible encontrar códigos de descolonización del cuerpo. Por ejemplo, la vida está campamentizada, todo está cuadriculado, ordenado, cada cosa en su lugar. Hay que abrir las fronteras, desfronterizar. En el espacio mágico que es el teatro rompemos. Y por eso las casas que tenemos son como son: porque queremos otra forma de ordenamiento espacial. Yo quiero que cada lugar de mi casa sea mi lugar preferido. Cada casa en el fondo es cuatro líneas, y lo demás es un depósito de cosas. La cabeza debe volver al cuerpo. El espacio teatral restaura estas relaciones y hace que volvamos a la integralidad.

–¿Y el tema de la Cultura Viva Comunitaria? ¿Cómo va avanzando en Bolivia? (se trata de ese reclamo del 0,1 por ciento que vienen alzando países latinoamericanos. Se pide que ese porcentaje de los presupuestos nacionales se destine a la cultura viva comunitaria).
–Es muy lindo el gobierno de Evo, pero en ciertas cosas es muy conservador. En estos temas no se ha avanzado mucho, por omisión o porque no hay expertos que quieran abrirse a este tema. Ahorita hay diálogos muy fructíferos con la alcaldía paceña, que es la oposición a Evo. También con el Gobierno, puntualmente con l Ministerio de Culturas. Tenemos un vínculo muy bueno con Educación y el Ministerio de Transparencia. Estamos satisfechos con los logros del Congreso (se realizó en mayo en La Paz un Congreso de Cultura Viva, con representantes de diecisiete países de América latina). Estamos en un momento óptimo para avanzar. El Congreso es mucho más de lo que se ha logrado en toda la historia de la cultura viva.