Entre cuatro escenarios y más de 30 bandas distribuidas en dos jornadas, La Caverna inauguró el festival que organizó un programa de radio para que “suene la calle”. Sobre el parque que se despliega tras los andenes de Centro Cultural Estación Provincial y a fuerza de reggae, ska y rock fusión, la banda de Gonnet logró despertar y preparar a los espectadores para la fiesta que luego continuaría.
Por Carolina Sánchez Iturbe
Foto de The Dark Flack
La Plata, diciembre 6 (Agencia NAN-2011).- El sábado por la tarde se presentaba prometedor. Frente a un cielo despejado y un barrio entero dispuesto a recibir a más de 30 bandas en 48 horas, el Calita Fest se presentaba como el mejor plan del mundo para un caluroso fin de semana de diciembre. La banda indicada para dar largada a la maratón de dos días, era La Caverna, la agrupación de Gonnet que le rinde culto al rock fusión desde hace casi doce años. Así, y con un par de horas de retraso típicas de los eventos monumentales, la banda se trepó al escenario que se había montado sobre los andenes de Centro Cultural Estación Provincial y dio inicio a la fiesta.
De pie a un costado del escenario, el animador del festival, Caio Armut, anuncia la llegada de La Caverna. A los gritos, pide aplausos. Un público tibio aún mueve apenas sus manos, como si le preocupara más el viento que suele correr por el parque que da a la Circunvalación en La Plata que el evento que está por presenciar. Dispuesta a calentar un poco la situación, la banda arranca con una de sus canciones más contestatarias: “De a poquito”. Mixturando sonidos, un ska acompaña a la letra que repite una y otra vez “a ver si nos matamos de a poquito y hacemos sus deseos realidad. Les ahorramos leyes, les ahorramos disparos. ¡Y nada de ponerse a protestar!”. Entonces, la tibieza cede un poco y son varios los que celebran la llegada del septeto de músicos.
Pronto aparecen las “Historias Suburbanas” que, en tono fiestero, cuentan las andanzas de uno de esos personajes típicos de cualquier barrio; todo para luego dar paso al reggae de “Bicho de pasto”, en el que los vientos se lucen a la par que Diego, el cantante, entona “Cuando la batalla nos destruya por completo y el alma comprenda la vejez de nuestros cuerpos, moriremos en Gonnet, City Bell o Villa Elisa como una risa que se dispersa con el viento”. La localía ayuda a desterrar aún más la distancia del público que, por fin, se atreve a mover su cuerpo de acuerdo a las sonoridades.
Cuando suena “Culpables de no morir”, una rubia empuja la silla de ruedas de otra muchacha que, sonriente, eleva los brazos al ritmo de la música hasta que la rubia la acerca a alguno de los espectadores y ella –que al día siguiente ¿milagrosamente? caminaba entre la gente– distribuye folletos que informan sobre una ONG que lucha por la inclusión. Arengando al público, la muchacha festeja la presencia de La Caverna y, como si se hubiese tratado de una visión, desaparece de la escena con el fin de la canción. Caio entonces vuelve a pedir aplausos para la banda que, pisando el sonido de las palmas de los concurrentes al festival, da paso a la ultra percusiva “En manos del agua”.
“¡Si no hay amor, que no haya nada, loco!”, exclama Diego desde el escenario y pronto resuenan los acordes de “El tesoro de los inocentes”, la popular canción del Indio Solari, que ésta vez es versionada en plan roots. Explotando las fusiones que la banda bien sabe manejar, el tributo al ex líder de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota funciona como antesala de la chacarera que luego la banda interpretará en un homenaje “Por el nombre del rock”.
“¡Si no hay amor, que no haya nada, loco!”, exclama Diego desde el escenario y pronto resuenan los acordes de “El tesoro de los inocentes”, la popular canción del Indio Solari, que ésta vez es versionada en plan roots. Explotando las fusiones que la banda bien sabe manejar, el tributo al ex líder de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota funciona como antesala de la chacarera que luego la banda interpretará en un homenaje “Por el nombre del rock”.
Cerca del final del recital de apertura de Calita Fest, es el turno de “Ese o ese”, uno de los caballitos de batalla de La Caverna gracias al estribillo pegadizo que reiteradamente se pregunta “Quién puede solo, quién te necesita, quién acompaña, quién ya no da más?”. La situación se torna irreversible mientras el público, al fin, demuestra la calidez por la que la banda abogó desde el inicio. Los aplausos se multiplican mientras algunos aullidos los acompañan.
“Nos vamos. No sé qué seguirá después”, anuncia el cantante provocando que Armut escupa la cerveza que hasta entonces degustaba para poder gritar: “¿Cómo qué no sabes, querido?”, a la par que el público lanza una carcajada. Los vientos y la danza de los espectadores vuelven a ser protagonistas cuando suena “Ahora qué le digo a la vida”, canción tras la cual la gente está dispuesta a pedir a los gritos un bis. Caio, entonces, interpela a la banda diciéndoles: “¿Después de doce años se siguen haciendo rogar?”. Los músicos se sonríen y abandonan la huída del escenario.
Una chica pide insistentemente “Cuatro de copas” y sus deseos se hacen realidad. El reggae mixturado con el ska vuelve a invadir el parque sobre el que se montó uno de los cuatro escenarios del festival. “Una copa para el cuore, dos para soltarse más. Tres para salir de pobre, cuatro pa’ quedar gagá”. Tras el último verso de la canción, la gente celebra el paso de La Caverna, que se despide triunfal tras haber cumplido con creces la tarea de abrir la fiesta que continuará.