Por Sergio Sánchez
Fotografía de Sebastián Klein (El Farolito Records)
Buenos Aires, marzo 10 (Agencia NAN-2009).‑ Manu Chao y Radio Bemba son una máquina musical que transmite energía, integrada por una multiplicidad de ritmos, lenguajes y sonidos globales ¿Acaso el ex Mano Negra es verdaderamente un “ciudadano del mundo”, como se autodefine? Por lo menos no desentona cuando sube a escenarios de culturas diferentes como Brasil, México, España o Argelia. Además, su mensaje es claro y universal: “unidad, respeto y diversidad”. Será por esa coherencia que, en el marco del cierre de la gira Tómbola Tour, que sirvió de presentación de su último disco, La Radiolina, reunió a más de 30 mil personas durante casi tres horas, el pasado jueves en el Club Ciudad de Buenos Aires.
Más allá de las empatías políticas, es innegable que la figura (¿mítica?) del trovador franco-español provoca infinidad de sentimientos y sensaciones cuando aparece, con o sin previo aviso, por los rincones del mundo. “¿Qué pasa por la calle?” fue la frase de “Peligro”, clásico de Mano Negra, que dio a inicio al recital. Claro, dio origen al segmento musical, porque antes había subido un “colifato” –integrante del proyecto radial La Colifata, que realizan internos y ex internos del Hospital Borda—para presentar a Manu Chao y su banda y, más cerca de la cordura que de la locura, cerrar su disertación con una frase que rebotó por todo el estadio: “Hay que desmanicomializar el mundo y romper los muros”.
Enseguida, la gran máquina se remontó a los noventa con dos canciones de Mano Negra que suelen integrar el repertorio de Manu Chao: “Mamá Perfecta” y “Casa Babylon”, ambos del disco homónimo editado en 1994. Mientras tanto, la gente seguía ingresando al inmenso recinto al aire libre de Núñez, luego de haber atravesado largas colas para poder entrar. La banda sonó realmente punk y cada una de sus partes se complementó perfectamente. El motor “que nunca deja de rolar”, claro, es Manu Chao. Pero en la batería, David Bourguignon deja sin aliento a más de uno con sus bases desquiciantes; en la primera viola, Madjid “Magic” Fahem combina la música española con riffs punks; en la percusión, Philippe “Garbancito” Teboul parece tener quinientas manos; y todo es acompañado por los teclados reggae-ska de Julio Lobos y el bajo incansable de Gambeat. En ese marco, el reggae-punk “Mr Bobby”, de Próxima Estación: Esperanza, fue arrollador.
Luego llegó el momento de bajar un cambio, recitar y levantar las manos, miles de manos. “La Primavera” y “Me gustas tú” se unieron en un solo reggae. Desde el escenario, el diminuto Manu Chao parecía enorme, y no porque su imagen estuviera siendo transmitida en las pantallas gigantes, sino porque su peso musical es inmenso.
Otros que sonaron juntos fueron “Bienvenido a Tijuana” y “Welcome to Tijuana”, de Clandestino. Con ellos, por un instante todos se trasladaron por la carretera hacia México, con “tequila, sexo y marihuana”. Fragmentos de mundo, quiebre de fronteras, relatos de viajes, experiencias personales. Esos conceptos disparan las letras del trovador franco-español. “El viento viene, el viento se va por la frontera / El hambre viene, el hombre se va sin más razón”, resumió en “El viento”.
Después, Magic Fahem se lució con un excelso punteo flamenco para dar comienzo al muy festejado “Clandestino”. De la mano sonaron “Desaparecido”, “Minha galera” y “Rumba de Barcelona”. De esta manera, el músico recorrió cuatro de sus cinco discos solista —Clandestino, Próxima Estación: Esperanza, Radio Bemba Sound System, grabado en vivo, y el reciente La Radiolina–. Además, interpretó temas de algunos de sus rodajes junto a Mano Negra: Casa Babylon, Patchanka, Puta’s Fever y América Perdida. Vestido con gorra verde y bermudas de jeans, dejó que sus canciones hablaran, porque no se detuvo a bajar línea política como Bono, sino que se limitó a agradecer al público, a Buenos Aires, a los colifatos y a su banda.

“Nos despedimos Buenos Aires”, amagó por primera vez en la noche después del tema “La Despedida”. Trascurrían dos horas de show, pero la cosa venía para largo. Y había mucho repertorio más. Por eso, “Rainin’ in Paradize” se escuchó más acelerado que en La Radiolina y “Hamburguer fields” retrotrajo nuevamente a las épocas de Mano Negra.
Primer corte y todos a vestuarios. Otro amague: el receso duró mucho menos de quince minutos. Entonces, al escenario subió otro “colifato” para decir lo suyo: «Señor presidente George Bush, cuidado, mire que el águila lo está observando cuando vuela alto, muy alto en el cielo». Con el relato bien estudiado, al Maestro Beatnik no le tembló la lengua ni le importó que enfrente tuviera a miles de personas. En respuesta: lluvia de aplausos que reemplazó a las gotas de agua que también amagaron toda la tarde pero nunca llegaron. El clima fue ideal.
Y la máquina se volvíó a encender para tocar más temas de Mano Negra: “Machine Gun”, “Mala vida”, “Sidi H’bibi”, “King Kong Five”. Sin dudas, uno de los segmentos más pogueros de la noche. Luego, interpretaron el tema mexicano “Volver, Volver”, por lo que la despedida empezó a sentirse.
Sin embargo, aún quedaba tiempo para un poco más. Por eso, Manu arrancó solo con su guitarra la reversión del tema “Si me das a elegir”: “Si me das a elegir entre tú y mis ideas / a que yo sin ellas, soy un hombre perdido”, recitó convencido. Por supuesto, tampoco faltó “La vida tómbola”, segundo corte de La Radiolina, dedicado a Diego Armando Maradona.
“Se esfuerza la máquina”, gritó una y otra vez durante “El Hoyo” el músico franco-español. Y parecía que no se iría más. Luego de casi tres horas de un gran show, que ya quedó marcado en el archivo rockero, los acordes de “Pinocchio”, canción francesa incluido en Radio Bemba Sound System, pusieron fin a la historia.
“El viajar es la mejor escuela” supo decir Manu Chao en el documental Clandestino, realizado íntegramente con videos de sus viajes. Y “¿Cuándo llegará?” es la pregunta que todos los mundanos se hacen. No por nada lo llaman “el desaparecido”, que “cuando llega ya se ha ido”. En verdad, el motor de Manu Chao parece no detenerse y tener energía para rato.