El letrista y compositor de La Filarmónica Cósmica viaja por el universo musical que lo rodea para describir cómo las etapas artísticas de este colectivo mutante va del clásico al rock y del solista al grupo.
Por Ailín Bullentini
Fotografía gentileza La Filarmónica Cósmica
Buenos Aires, septiembre 21 (Agencia NAN – 2012).- Musicalmente, Tres es el nuevo disco de La Filarmónica Cósmica. Psicoanalíticamente, es la fotografía de un nuevo paso madurativo en la vida del grupo de músicos que, si bien individualmente son miembros de la nueva ola de cancionistas que inundó la escena independiente, colectivamente se consideran una banda de rock. Cada disco de La Filarmónica marcó una nueva etapa de su propia historia o, por lo menos, una nueva formación. Desde su nacimiento, en 2007, el proyecto que ejecuta las canciones compuestas y escritas por Martín «Gnomo» Reznik tuvo una característica distintiva: respetar la libertad de sus integrantes. Hoy, los seis tienen proyectos solistas, como el caso de Ezequiel Borra (guitarra), que está subido a un ascendente auto individual que seguro lo llevará a buen destino; Manuel Toyos (teclados), que tiene un grupo con el que edita sus canciones, o Juanfa Suárez (trompetas), que también experimenta en Les Amateurs. “Somos un grupo de músicos que se ayuda mutuamente, colaborando. Vamos tirando todos juntos de nuestros proyectos, aliados. Ayudándonos”, define Reznik, el que comanda la batuta y rema desde siempre.
El estado de La Filarmónica… es el “rock electrónico”, define «Gnomo». Sin embargo, en sus comienzos, “la amante de la música universal”, como él explica el significado del nombre de su proyecto colectivo, era una mini orquesta de cámara formada con percusión, chelo, trompeta, piano y guitarra criolla, más las voces. “Era la época post Cromañón, donde muchas bandas pasaron al formato acústico porque era muy difícil conseguir lugares para tocar en formato eléctrico”, señala. Sin embargo, los cables metieron mecha en el primer disco, un año después. “Ahí mismo ya se empezó a gestar Tres”, recuerda Reznik. A horas de presentar esa fotografía actual (sábado 22 a las 21 en Uniclub, Guardia Vieja 3360) y en diálogo con Agencia NAN, reconoce que les costó un perú editar este segundo disco que comparten con músicos amigos –y colegas de la nueva ola– como Botis, de La Manzana Protoplasmática, Sofía Viola, Tomi Lebrero y quien abrió las aguas para todos: Lisandro Aristimuño.
–En un momento en el que todo pasa por internet, ¿por qué editar un disco?
Martín Reznik:—Me pregunto lo mismo. Pero está bueno sacar discos… Está bueno cerrar ciclos con un disco en la mano. Creo que voy a seguir haciéndolo, que no murió el disco. Si bien es más cómodo laburar por internet, sobre todo por el nivel más amplio que adquiere en difusión, el disco sigue teniendo ese algo… No tiene mucha lógica, pero ocurre. Siento que si hacés internet y nada más, te quedás un poco en el camino, te quedás inconcluso. Tenés que tener un disco. Un disco es un cumpleaños, es la cristalización de un proceso, es plasmar. Lo virtual es distinto, tiene otro sabor.
–¿Qué ciclo cerró La Filarmónica Cósmica con Tres?
M.R:–Somos otros después de Tres. Seremos otros. Estamos en un proceso de cambio. Arrancamos en 2009 con la banda que grabó este disco, pero para la fecha de mañana el baterista es otro. Sabemos que estamos mutando. Probablemente sea la última presentación con Ezequiel (Borra) en la formación porque está con su proyecto personal muy al mango y a veces cuesta. Mutar es algo bastante característico de La Filarmónica. Yo sigo adelante y el resto del grupo está ahí como siempre, pero a medida que van pasando los discos siempre hay uno o dos que se van y a parece nueva gente.
–¿Porqué la insistencia de seguir construyendo una banda y no lanzarte solo?
M.R:–Y la verdad es que no sé… Por un lado es más complicado trabajar en grupo porque es un desgaste el armar, desarmar y rearmar, pero, a la vez, las experiencias de trabajar con otras personas son muy enriquecedoras en lo humano. Además, cuando vos tocás con gente con la que estás comprometido realmente arriba del escenario se genera una energía más fuerte que cuando sos vos y tenés un par que te están acompañando desde otro lugar. Me gusta formar parte de un grupo. Es algo que genero, pero también se da solo. Yo hago, yo voy para adelante.
—Tres es la unión de muchos ritmos y los temas tienen reminiscencias a algunos, pero resignificados en un estilo propio. ¿Por qué hacer una unidad de estilos tan distintos?
M.R:–Ésa es la idea. Inyectar de esas influencias a temas para que suenen nuevos. La confluencia de ritmos diferentes es algo que naturalmente me pasa y que repito en Tres. Las canciones me surgen un poco así. En todas las cosas que hice, en realidad, pasa eso: diferencias estilísticas y rítmicas marcadas. Lo pienso como si fuera una broshette: un montón de elementos distintos unidos por un pinche o un hilo que los mantiene juntos. No es que me pongo a hacer una canción “al estilo Charly” y entonces arranco a componer. Al haber mamado esos ritmos, el de Charly, los Beatles, Eduardo Mateos, Spinetta; al haber escuchado esa música, al haberla tocado y estudiado, es algo que inevitablemente late en mí y que surge cuando una canción aparece. Claro que nace resignificado porque no es algo pensado, sino adquirido y plasmado en el inconsciente. Es algo propio.
–¿Cuál sería el hilo conductora de la Filarmónica…?
M.R:–Es una necesidad de expresión en la que las canciones son el móvil. Una necesidad de decir cosas. Cada disco es el reflejo de una etapa de la vida, de momentos que uno va a travesando. Yo hago canciones desde que soy muy chico; es mi forma de expresarme. Ese hilo que une las canciones creo que viene de ahí, de ese sentimiento, de esa necesidad de ser canal, de comunicar. Y los estilos y la diversidad están buenos que existan. Es algo que suma. Cuando escucho algo que suena siempre igual y monótono me aburre. Necesito, prefiero, jugar con la diversidad y también jugar a ser otro. Entonces, de repente escuchás un tema que te remite a Dylan y otro que te remite a Charly. Me gusta jugar a ser la música que a mí me gusta.
–La experiencia previa es el denominador común tanto en tus letras como en tu música. ¿Por qué?
M.R:–Todo viene de cosas que me pasan. Siempre trato de hacer mis experiencias previas algo alcanzable e interesante para los demás en lenguaje de canción… A todos nos pasan las mismas cosas, así es la vida… No ando cantando “yo hoy me lave los dientes”, sino cosas que creo son relevantes para los demás. Este disco habla mucho del amor, de estar copado con la vida, de estar conectado con la energía positiva.
–La Filarmónica cósmica integra ese nueva ola de cancionistas populares que está copando la escena independiente nacional y que se caracteriza por recuperar ritmos latinoamericanos en su música. ¿Cómo analizás ese movimiento?
M.R:–Creo que nosotros no recuperamos ritmos latinoamericanos. Siempre los tuvimos adentro. Es la sociedad la que los está perdiendo. A nosotros nos sale natural hacer esta música. Por otro lado, encontrarnos está bueno, porque nos animamos entre nosotros a seguir, nos ayudamos a avanzar en esto que amamos hacer en nuestros proyectos. Cada uno tiene su propio estilo, entonces, nos encontramos y aprendemos siempre algo nuevo del otro.
–¿No temés que en un punto comiencen a repetirse entre sí?
M.R:–No. Noto que cada uno tiene un estilo marcado. Borra tiene un estilo, (Lucio) Mantel tiene un estilo. (Tomi) Lebrero, otro. El hecho de que seamos gente que tenga la misma edad y que esté haciendo lo mismo va a hacer que en algún punto nos unamos. También rescato que somos amigos entre todos. Compartimos la música, nos encontramos constantemente en conciertos o nos juntamos a tomar mate y a componer una canción. Nos gusta compartir la música desde lo genuino, desde hacer lo que nos gusta. Está bueno que de eso nazcan discos.
–¿Qué elemento distintivo aporta La Filarmónica Cósmica a ese colectivo?
M.R:–La Filarmónica es una banda de rock y no hay mucho de eso. En general son todos solistas y mucho de todo ese colectivo pasa por lo acústico.
