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Mate a un tipo en Teatro Liberarte.-

¿Qué le ocurre a un hombre que en un segundo se transforma de ciudadano cualquiera a asesino? ¿El instinto le ganó al contrato social? La obra de Daniel Dalmaroni y puesta en escena por Veronika Echagüe logra tejer con guiños de complicidad, un laberinto de escenas ácidas cargadas de humor negro.

Por Soledad Arréguez Manozzo 

Fotografía Gentileza de Mate a un tipo

Buenos Aires, agosto 6 (Agencia NAN – 2013).- Por indignación, ira, impunidad, angustia o simple aburrimiento. Los motivos, poco importan. Lo cierto es que desde lo más profundo del ser brotan los deseos irrefrenables, casi primitivos, de querer matar a alguien. Claro que las convenciones sociales, las normas y la ley aplacan esos pensamientos al instante. Sin embargo, la posibilidad de dar rienda suelta a esos instintos y convertirse en un asesino hace de Maté a un tipo de Daniel Dalmaroni (sábados, a las 21.30 hs, en Teatro Liberarte) una pieza de humor negro donde la ingenuidad de sus personajes puede esconder el horror.
                                                                     
La luz se enciende sobre el escenario. Parece ser un día común, como cualquier otro, hasta que la vida de Ernesto da un giro inesperado. De un instante a otro, sacudido por un sentimiento irreprimible, mata a una persona en la fila de un banco por no respetar su turno en el cajero automático. Ese hecho, único, aislado, repentino, inexplicable (al menos al principio) terminará siendo la punta del ovillo de esta historia. Es que así de simple, así de rápido, frente a la vista del público, Ernesto se convierte en un asesino serial.

La pieza del dramaturgo platense –con más de 15 versiones en el mundo– logra tejer con guiños de complicidad, un laberinto de escenas ácidas cargadas de humor negro. De la mano de la Compañía Ilusiones Optimas –formada por Veronika Echagüe, Hernán  Bruke, Mercedes Binetti, Micaela Basadoni y Germán Rade–, los espectadores permanecerán atentos en sus butacas, esperando que llegue la aclamada justicia, el peso de la ley y la más dura pena. Sin embargo, nada sucede, y la novedad del crimen es reemplazada por otro asesinato.

En el sillón del comedor, cual diván de psiquiatría, el culpable intentará justificar sus crímenes bajo la mirada inquisidora de su mujer. En esos diálogos, de líneas ingenuas, los personajes logran hacer pasar por desapercibidos los instintos primitivos de querer matar a alguien por el simple hecho de no gustarle cómo les responden.

En esta historia, la música no es necesaria para el suspenso característico de toda escena policial, ya que la simple acción de los personajes, con buenas actuaciones, anticipa lo que está por venir. Las risas de los espectadores marcan el compás sobre el escenario, donde se va develando las complejidades y complicidades dentro del nudo familiar.

Para el final, el reflector echa luz a la sesión de un ingenuo terapeuta que tratará de entender, sin éxito, la conducta de Ernesto y de su familia, la que con el transcurrir de la hora se aleja de los parámetros tácitos de “normalidad” de la sociedad. El desenlace dará otro giro más a la obra, dirigida por Echagüe, en la que nadie parece estar a salvo. Esa premisa se convierte así en el disparador de una duda más profunda, de una reflexión sobre la condición humana, la ética y la conducta social.

Quizás lo que vuelve atractiva a la pieza sea la posibilidad de encontrar un potencial  Ernesto en cualquier familia “normal” o leer el caso de esas víctimas en la sección policial del diario. Es que allí se muestra cómo el crimen se vuelve habitual, rutinario, parte de la vida misma. Podría ser cualquiera, un vecino, el portero, el señor del kiosco. Sólo resta la duda: ¿y si fueras un asesino y aún no lo descubriste?



“Maté a un tipo” se presenta todos los sábados, a las 21.30 hs, en Teatro Liberarte, Avenida Corrientes 1555, CABA