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Un templo para la música under

MERCURIO_ENTRADA
La disquería Mercurio, local a cargo de un grupo de “agitadores culturales”, difunde sonidos independientes y recupera la entrañable figura del “disquero amigo”.  Fotografía: Agustina Prato

Por Esteban Lavezzari

El Patio del Liceo aparece a simple vista con una forma laberíntica en la que conviven numerosos locales de diversas disciplinas donde el arte es el único resultado. En sus pasillos coexisten jóvenes pintores, galeristas, diseñadores y tiendas de indumentaria que, al mejor estilo de una comunidad, comparten el tiempo entre charlas, mates y algún que otro cigarrillo para cortar el trabajo. Subiendo las escaleras (una de las tantas), llegando hacia el fondo del primer piso, el caótico e indescifrable ruido proveniente de la avenida Santa Fe comienza a ceder lentamente y, como una aire fresco, llega de a poco el sonido reconfortante de la música, que se impone sobre ruido hasta hacerlo desparecer por completo. De repente, el blanco de una tiza lanza toda una declaración de principios sobre un pizarrón: “Mercurio. Música es pulso de universo”. Bienvenidos a la trinchera de la música independiente.

Mercurio Disquería es el resultado de la romántica idea de cinco jóvenes músicos que se propusieron apostar a la difusión de músicos independientes en formato CD en pleno auge del MP3. Lucy Patané (guitarrista en Las Taradas y La Cosa Mostra), Marina Fages (solista, voz en El Tronador y artista plástica), Lucas Caballero (guitarrista en Guauchos), Diego Bulacio (DJ Villa Diamante, cofundador del sello ZZK Records) y Lolo Anzoátegui (creador del sello Dengue Dancing Records), conocen en primera persona las dificultades de la producción, distribución y difusión de la música autogestionada. Son ellos los que llevan adelante desde 2012 ese único refugio para los artistas independientes sin buscar un rédito económico y con la sola consigna de difundir el arte. El local es un ambiente cálido en el que los dibujos de Fages decoran las paredes con tonalidades ocres y, si bien es pequeño, aprovecha de manera armoniosa todo su espacio con discos, vinilos, cassettes, libros y posters que invitan a revisar las bateas en busca de sonidos y artistas nuevos. Dos de los “mercurios”, Diego y Lucy, cuentan de la aventura cultural.

–¿ El proyecto nace del sueño de tener una disquería propia o por la necesidad dentro de la movida independiente de que exista un lugar para su difusión?
D.B.:– Ambas. Cada uno de los cinco que conformamos el proyecto teníamos el problema de que las grandes disquerías no tomaban nuestros discos, y aunque los aceptaran tampoco nos servía de mucho estar en sus bateas porque estás en medio de otros monstruos que te comen. Sabíamos cómo era la problemática de ser artistas argentinos, tener un disco hecho y no tener dónde venderlo por la falta de espacios. Y obvio que también nace del “sueño del pibe” de tener una disquería propia.
L.P.: Todos inconscientemente sabíamos de la necesidad de que un lugar como este exista. Desde luego que la idea entusiasta del local propio fue lo primero que nos sedujo a todos para sumarnos al proyecto.

–Una de las características que sorprende de Mercurio es la finalidad no lucrativa que tiene el proyecto. ¿A qué responde esta filosofía?
D.B.: –Nosotros queremos que los discos lleguen a manos de la gente a un valor razonable. Tenemos una comisión módica, buena onda, que es nada si la comparás con las grandes disquerías. En estas por cien pesos te llevás un disco de cualquier banda que suene en la radio y acá por esa misma plata te vas con dos o tres discos. No es nuestra prioridad la venta en sí de los discos, sino que la gente venga y la flashee con el hecho de conocer nuevas bandas y nueva música. Pero es innegable que necesitamos un número determinado de ventas para poder seguir resistiendo en el local.
L.P.: –Es un local cero lucrativo. Y es ahí donde Mercuriotermina siendo una apuesta a la difusión de música independiente muy fuerte. En el Facebook de la disquería colgamos los discos enteros de las bandas para que la gente los escuche y luego puedan comprar el disco que más les gusten. Si alguien de las grandes cadenas de discos vieran nuestras ventas se cagan de risa pero para nosotros es mucho porque es lo que permite que el local se pueda autosustentar y seguir existiendo.

–¿Cómo fue recibida la apertura de Mercurio en el circuito independiente?
L.P.: –Súper positivo, los mismos artistas apoyan al local y se va generando un agite que va y vuelve. De repente existe un orgullo para los músicos de que la disquería exista y haya nacido de una iniciativa de colegas.
D.B.: –Está buenísimo porque los músicos que vienen se encuentran con discos de bandas conocidas, no es como en otras disquerías que su trabajo está al lado del de Ricky Martin, acá se encuentran entre bandas con las que compartieron fecha en algún momento. Se sienten cómodos, como en casa por así decirlo.

–¿Cómo llegan las bandas a las bateas de la disquería?
D.B.: –Los músicos se acercan y nos dejan los discos, no ponemos ningún tipo de trabas. Me pasa a menudo que llegan músicos con sus trabajos y me dicen “mirá, al disco lo grabó tal, lo mezcló mengano, al arte de tapa la hizo este otro” y yo les digo siempre lo mismo: “no me lo vendas, te tomo el disco de una”. Ni siquiera los escuchamos para ver si pueden estar o no en la disquería, simplemente los aceptamos. Nosotros sabemos lo complejo que resulta grabar un disco de manera independiente, el esfuerzo y el tiempo que hay metido en el trabajo, entonces no darle el espacio a una persona que hace su disco por amor a la música sería como medio ridículo de nuestra parte. Nos gusta darle el espacio a todos, ese mismo espacio que en su momento no nos dieron a nosotros.

Mercurio puede presentarse como una metáfora de lo que acontece en la movida independiente. En la actualidad existe una química muy particular entre los músicos que no se veía tiempo atrás y que se materializa en la permanente solidaridad y camaradería que media entre ellos a la hora de grabar, producir y presentar un disco. “Antes todo era mucho más mainstream y las grandes bandas se peleaban por plata, por convocatoria y por la venta de discos. Hoy, aunque la movida independiente creció, no existe un mercado por el cual tengamos que competir por algo”, comparó Bulacio, que ofreció, además, razones: “Tiene que ver con el hecho de que se ha perdido el prejuicio en cuanto a estilos musicales, ya no es como antes que alguien del folk no puede tocar con otro del rock, del punk o de la cumbia. Yo soy DJ y he tocado con músicos que no tienen nada que ver conmigo desde los musical, pero con quienes estoy unido por otro tipo de vivencias como la de luchar por difundir nuestra música”. Para Patané, “la brecha que antes era tan grande para llegar a las revistas y a ciertas radios se está achicando y todos estamos en todos lados en realidad. La escena independiente es bastante saludable y adulta”.

La aventura romántica de los cinco mercurio no se agota en la difusión desinteresada de la música independiente. Busca también rescatar del olvido la figura del disquero para que la experiencia de comprar un disco no sea solamente un acto mercantilista. Guían y aconsejan a sus clientes en su búsqueda, les abren las puertas a otras músicas, a otros artistas. Esta particularidad de brindarles tiempo y conocimiento los aleja inmediatamente de la figura del empleado de las grandes cadenas modernas, que sabe más de multiprocesadoras que de música. “Nos resulta muy copado cuando alguien entra a la disquería para que le recomiendes algo. Con el fácil acceso que brinda internet para bajar y escuchar un disco, la consulta al disquero medio que se había perdido”, contó Patané.

“La gente que viene a la disquería para que le recomendemos discos se va con un papel con el nombre de diferentes bandas para escuchar y después vienen a llevarse el disco que más les gustó”, añadió el DJ. El slogan de la disquería escondida en Patio del Liceo es ‘Escuchalo online, cómpralo en Mercurio’: “Con eso jugamos a que la gente conozca varias bandas y termine apoyando a una, a dos o a tres con la compra del disco”, resultó.

Mercurio es, cuanto menos y después de todo, una apuesta a la reinvención constante de la música a partir de las ideas y sonidos de los nuevos artistas. Por eso mismo es que se vuelve un espacio absolutamente necesario.