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Pablo Malaurie en Café Vinilo.-

El ex Mataplantas tienta a sus seguidores con más novedades de su nuevo trabajo discográfico, que aún permanece en producción; los acaricia con los viejos y conocidos clásicos de su fructífero debut y los deja con ganas de más.

Por Gustavo Obligado
Fotografía Luna Camargo 

Buenos Aires, octubre 2 (Agencia NAN – 2012).- La primavera llegó hace pocos días. La medianoche de sábado estrena un cielo despejado con una luna redonda y brillante. Enredado en un aire familiero, Pablo Malaurie se apresta para hacer lo propio con algunas de las canciones que integrarán El beat de la cuestión, su segundo disco, un trabajo que anda gestando pero que aún no tiene fecha de alumbramiento. Lo hace en la casona palermitana donde funciona Café Vinilo (Gorriti 3780), en lo que acabará siendo un show íntimo e interactivo que este trovador experimental ofrecerá acompañado de su grupo, entre copas de vino y amigos.

No todo es color de rosas en el Vinilo para este joven músico de 33 años, exintegrante del grupo Mataplantas, a quien el micrófono le devuelve unas frituras molestas no bien comienza a cantar las primeras estrofas. Que la cuerda sol de la guitarra electroacústica que cuelga de su cuello decida, tras los primeros rasguitos, cortarse es algo que completa el cartón de un comienzo complicado. Los inconvenientes, de todas maneras, no arruinarán la noche.

Un típico cuarteto sesentoso acompaña la voz y la guitarra de Malaurie. En una esquina y rodeado de teclas se encuentra Ignacio García, que reparte sus manos entre sintetizadores y un piano de cola. Las bases minimalistas pero precisas van a estar a cargo de Adrián Rivoira y Tomás Molina va repiquetear a pulso de  escobillas su batería.

El repertorio comprende algunas de las diez canciones que integran el primer disco solita del cantante y guitarrista, El festival del beso (2010), que originalmente se grabó con instrumentos inusuales como el ukelele y el banjo, entre otros. Por ese trabajo, Malaurie no solo recibió muy buenas críticas, sino que el director Vincent Moon filmó su música para el sitio francés de videoclips La Blogotheque, fue editado por un sello japonés e incluso actuó y grabó la banda de sonido de la película rumana Loverboy.

Pero volviendo a la velada, el regalo de esta vuelta al escenario de Café Vinilo es el adelanto de temas de lo que será  su nuevo álbum “de aparición incierta”. Luego de atravesar con profesionalidad los problemas antes mencionados, la banda suena afilada y va al frente con firmeza cuando interpreta las canciones que llevan un tempo más rápido, como “Desastres Naturales” o la que se titula igual que el disco venidero, “El Beat de la Cuestión”.

Las que en un principio tienen un carácter más lento se desarrollan con mucha comodidad en vivo, al quedar solos el teclado, la guitarra y la voz, como en “Mañana Bucolica”, donde los músicos se permiten construir una introducción desde la nada para morir en la nada, efecto reminiscente a la música grabada en vinilos. La misma situación se da cuando la voz casi a capella de Malaurie interpreta “Carmencita”, de fuerte aire latinoamericano y decorada con sutiles arreglos de piano y teclado.

Existe una conexión especial que se esta establece con el publico, con la sala en silencio y en escucha expectante, para “Motel Shangai” y “El miedo no”; son dos puntos importantes e íntimos que va ofrecer el show. Ambos temas retrasan un poco el tiempo original para flotar entre los vibratos que emite la peculiar voz del protagonista, que puede simular un theremin y recorrer el registro más agudo en un poderoso falsete. Mención aparte para los gritos que emite su poderosa garganta, que al entremezclarse con las melodías de los sintetizadores provocan psicodélicas y envolventes capas sonoras.

Su original forma de cantar, expresiva por demás a base de una voz impostada, el estiramiento de las vocales y la explotación de todas las posibilidades que ofrece el canto: vibrato, eco y algún otro truquito son sus virtudes más interesantes como cantor. ¿Con qué se lo podría relacionar? Una fusión argentina entre las divas de la chançon francaise como Fregel; con los fundadores del rock nacional Tanguito o Nebbia; la lista puede ser larga y variada si hablamos del estilo de su música, encerrada en la mayoría de los casos en los clásicos tres minutos.

¿Y las letras? La pluma de Malaurie  es sencilla y a veces insólita,  pero funcionan bien. Las letras son directas, hablan de cotidianeidades retratando escenas de desamor o felicidad, recuerdos de la infancia. De las nuevas canciones como  “Interferencias totales” quizás la más provocadora de ellas, reconoce sus preferencias por el blues de Manal o Pappo y no por “la música de plastilina”. Para el acelerado final, al hilo sale un doblete  primero con “No te hagas la lady” y luego cierra con la desgarradora, por momentos flamenca, “Loreley”.

El show es breve y deja al público con las ganas de escuchar un rato más. Malaurie demuestra que las adversidades que la música puede presentar no son motivo para impedir nada. Bien lo puede ejemplificar con una de sus canciones: “Si nunca llegas a donde vas pero seguís, seguís, seguís”. Rienda suelta para él.

http://pablomalaurie.bandcamp.com/