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La imaginación teatral al poder territorial

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Una veintena de salas autogestivas del barrio porteño de Montserrat presentó al público su flamante red, que ya ofrece una tarjeta de descuento para sus obras. “El teatro es bastante endogámico. Queremos romper con eso, salir al barrio y legitimarnos en nuestros vecinos”, sostuvieron. Fotografía: Marcos Drago

Por Ailín Bullentini

Dicen que en el barrio porteño de Montserrat hay más de 20 salas y centros culturales, espacios que sostienen y hacen resistir —algunas hace décadas, en un vínculo de doble vía continuo— al teatro que elige ser por fuera del circuito comercial de la Ciudad de Buenos Aires. Dicen que la mayoría de ellos no conocía la existencia de los otros o que, si la conocía, la relación no pasaba de eso, de saber que existen. Dicen que las cosas empezaron a cambiar desde que un puñado de ellos se juntó para crear Proscenio Sur.

“Este es el puntapié inicial”, avisó Daniel Di Cocco, miembro de La Ranchería, uno de los espacios fundadores de la flamante red de salas del sur de la ciudad. No hubo manera de borrar la sonrisa de su cara la mañana del viernes pasado, cuando representantes de la mayoría de sus integrantes abrieron al público las asambleas que compartían ya desde hacía algunas semanas. El espacio elegido fue El Calibán, la sala dirigida por el actor Norman Briski. De la ronda de sillas que formaron en el centro del escenario también participaron Pompeyo Audivert, de El Cuervo; Dalila Real y Leandro Rosatti de Medio Mundo; miembros de El Popular, Silencio de Negras, Apacheta, Raíces y El Espión. La energía circuló con el vino, la gaseosa o las aguas saborizadas y algunas empanadas. El futuro se abrió grandioso por delante.

Proscenio Sur es un gran refuerzo, una inyección de hierro a los huesos que conforman al teatro independiente del sur de la ciudad. Algunos síntomas que varios de sus integrantes comenzaron a observar en la realidad compartida empujaron a juntarse para el diagnóstico: el aporte que con su trabajo todos lograban respecto de la difusión del teatro independiente se veía debilitado por la falta de unidad y también la falta de relación con la comunidad. “Coincidimos en la existencia de un escollo que nos afectaba a todos. ‘¿Cómo hacer para superarlo?’, nos preguntamos. Y acá estamos”, definió Briski.

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Fotografía: Marcos Drago

Muchas de las salas que integran esta nueva red forman parte de otros colectivos relacionados con el teatro independiente. La red Escena y el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA) son hitos en la intención de los espacios artísticos autogestivos porteños de agruparse para fortalecerse. Los caminos planteados durante las reuniones previas a la presentación en público de Proscenio Sur —que contó con el aporte del dibujante Rep en la elaboración del logo del colectivo, un mapa citadino con los nueve espacios que lo integran coloreados en rojo y ubicados cada uno en su domicilio— fueron muchos que, aunque diferentes, confluyeron en una idea: “Definimos una tendencia a la unidad en cuanto a la cuestión territorial, nuestro centro neurálgico”, puntualizó Audivert. Ahí la particularidad de este nuevo montón de piernas avanzando hacia un mismo lado: el territorio.

“El teatro es bastante endogámico. Nosotros queremos romper con eso, salir al barrio, darnos a conocer y legitimarnos en nuestros vecinos, los que conviven con nosotros”, amplió Candelaria Sesín, de Silencio de Negras. Ya pusieron algunas estrategias en funcionamiento para avanzar en este fortalecimiento: cada vecino que así lo desee podrá tramitar una credencial de Proscenio Sur que lo beneficiará con entradas al 50 por ciento para todas las obras que se expongan en las salas de la red. Entre los sueños a delinear —que son muchos, por lo que propusieron seleccionar algunos para empezar a ponerlos en práctica en la próxima asamblea proscénica—, flota el de hacer una maratón de 48 horas de teatro gratuito montserratino.

Para sanar esa otra fuente de debilidad, la falta de unidad, Briski propuso “tender puentes de solidaridad”. “El camino es la solidaridad frente a los tiempos que vendrán, que serán difíciles. Necesitamos estar juntos, trabajar ayudándonos entre todos y compartir esta pasión (por el teatro) para fortalecer nuestro sistema defensivo y seguir haciendo lo que nos gusta con mucha más polenta”, subrayó el actor. Compartir los equipos, dar una mano con los montajes, comprender las diferentes características de cada sala como una ganancia a la hora de desarrollar diferentes propuestas artísticas y varios otros ejes enumeraron los teatreros de Proscenio Sur para apuntalar esa gran base sobre la que empezaron a trabajar. “Quien tiene una sala de teatro independiente es porque es un fanático de lo que hace. Si esa sala sobrevive más de una década, como casi todas las que integramos este grupo, es porque hay 30, 40, 50 fanáticos más que ayudan. Sólo tenemos que abrir la mirada y vernos las caras: somos muchos”, concluyó Briski.