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Ramiro García: “La gente se tiene que apropiar del lenguaje audiovisual”.-

Desde hace 11 años, Cine en Movimiento lleva adelante talleres de video con pibes  del conurbano bonaerense. En sus documentales y cortos construyen otra narrativa acerca de los sectores populares, aunque “los temas más recurrentes son el consumo y el afano”.

Por Emmanuel Videla y Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza de Cine en Movimiento

Buenos Aires, marzo 29 (Agencia NaN-2013).-“Comunicar que un caño se rompió o realizar un cortometraje”. Dos opciones, que no se contradicen, que no se oponen, que no se repelen para los integrantes del colectivo Cine en Movimiento. Este grupo de especialistas de cine, de teatro y de Ciencias Sociales, no escapa a las realidades de sus alumnos, chicos pobres del Conurbano, y los integra bajo una misma misión: “Los pibes tienen que poder devolver el mensaje que producen en algún momento, ser parte de todo el circuito de comunicación y es lo que falta aún hoy”. Ramiro García, uno de los coordinadores de Cine en Movimiento, colectivo surgido en 2002, tiene el desafío día a día de generar este “movimiento”, esta relación entre los objetos y las prácticas de sus alumnos. Ante Agencia NaN, comenta algunas de las reflexiones de sus alumnos sobre los programas emitidos en medios grandes, los temas más propuestos, “que más les copa” para realizar un trabajo y los otros temas que son más reservados, pudorosos. “Los chicos saben muy bien, por ejemplo, que “Policías en Acción” tienen una visión muy particular sobre algunos sectores del Conurbano. Ellos te proponen otra cosa”, detalla el realizador egresado de la Escuela Nacional de Cine.

–Algunos de los trabajos de los alumnos remiten a temáticas de crítica social, como por ejemplo, en los cortos Rescatarme para rescatarUn minuto para mis derechos y  Negro y Blanco. ¿Es así o los pibes proponen otras temáticas?
-En los talleres se trata de trabajar el tema de las miradas, no importa el tema que elijan. Miradas de diferentes personajes y de esa situación en particular. En general, los adolescentes, los pibes del Conurbano, de 14, 15 a 20 años, los temas más recurrentes son el consumo y el afano, el choreo. Trabajamos con pibes de sectores populares. Algunos tienen alguna causa penal o que fueron derivados a algún centro de referencia, digamos, esos lugares donde van los chicos con causas penales más pequeñas. Depende el taller, depende el espacio, tratamos de salir de esos tipos de historias y contar, así otras, pero es lo que más nos cuesta.

–¿Cómo afectan los grandes medios de comunicación la selección de estos temas?
–No hay que caer en lo que la televisión se ve. En una de las mitades (de la historia) que se ve. Nosotros tratamos de trabajar fuerte el tema de los medios de comunicación, cómo muestran los medios a los jóvenes. Reflexionamos con ellos qué ocurren con esas miradas, cuáles son los estereotipos. Lo real es que los pibes lo cazan enseguida, porque lo saben. Entiende muy rápido que el programa “Policías en Acción” solamente está mostrando una cara de la realidad. Entonces, muchas veces, lo que piensan es que la propuesta del taller es contar esa cara que no se ve. Así, pasa que termina siendo el lado que no se ve de “Policías en Acción”, pero no otra cosa. Por ejemplo, nos es difícil que se genere una historia de amor y que se den un beso. Eso cuesta.

–Ahí justamente está el desafío para poder contar otras narraciones audiovisuales más allá de que mostrar el otro lado del Conurbano es válido.
–Nos ha pasado por ejemplo en Florencia Varela, donde tenemos un espacio desde hace seis años continuados, que a muchos chicos los hemos visto crecer, de los 11 años hasta ahora sus 18, y ahí pudimos abrirnos a otras temáticas. Se hicieron cortos de terror, hicieron un documental sobre Malvinas, tampoco faltó la animación. Por ejemplo, hicieron una historia sobre una Caperucita, que en realidad se llama “Caperutransa”. En esta trama, la abuelita tiene una plantación de marihuana. Se pude trabajar sobre muchos puntos de vista, humor, terror, sátira. Se hizo un corto que es como el Counter Strike, satirizándolo. Cuando tenés la posibilidad de repetir el trabajo con los pibes se va creciendo. Cuando narran, van encontrando otras herramientas.

–¿Cómo percibe la relación de las herramientas tecnológicas a la hora de producir en el taller?
–Sabemos que los pibes están en la línea de lo nativo digital, como dicen por ahí. Entonces, tienen lo digital incorporado a la hora de contactarse, de relacionarse con los otros. En el centro cultural la Casona, ahí en Florencio Varela, se está avanzando para crear un centro de producción, como en Brasil tienen lo que llaman “Agencias de Prensa territoriales”, y en el caso de Colombia, se están creando Escuelitas de Cine Populares, donde pibes, adultos pueden convivir en el mismo espacio. En definitiva, es un espacio de producción audiovisual, donde se alfabetiza digitalmente para contar historias.

–Por lo visto, recorren y comparten las experiencias que se realizan en Latinoamérica en relación a una educación popular. ¿Qué le llama la atención?
–En Colombia y en Brasil, no sólo porque Paulo Freire haya sido brasileño, existe una tradición de la educación popular, en lo comunitario. Para mí, en Brasil, los brasileños siempre están un paso más adelantados en el caso de políticas públicas, en el caso de ver la intervención y ellos tienen un festival llamado “Visiones Periféricas”, valga la redundancia, se realiza bien en la periferia de Rio de Janeiro. Allí, participan cortos, que en otros espacios no podrían participar. Cualquiera que quisiera participar. Saben que la tecnología está más cerca y se puede emitir en calidades óptimas. Está hecho a todo trapo. La gente se tiene que apropiar de todo este lenguaje.

A la larga, esta gimnasia audiovisual de los talleres más las experiencias que puedan tomar de otros países, como visiones que suman, genera que los alumnos se desprenden de los talleres y se larguen solos…
Nosotros dejamos a un pibe apoyado en el inventar, en el generar condiciones nuevas para… para lo que sea, para comunicar. ¡Lo que fuese! Hay una experiencia muy linda en Ciudad Evita, donde los pibes montaron un noticiero. Producen contenido por semana, por ahí, pero no es que te producen un corto para dentro de 50 años. Se está ejercitando el producir, con una velocidad profesional. No tienen nada que envidiarle a un programa que se emite semanalmente. Está re bueno lo que están haciendo.

-Antes de largarse solos, ¿cómo trabajan con los alumnos?
–Se trabaja en pareja pedagógica, es decir, siempre va a haber alguien de cine o de fotografía con alguien de sociales, que puede ser un psicólogo, un psicólogo o un trabajar social. Van rotando. También puede caer un coordinador de teatro. Al mismo tiempo, se avanza sobre el trabajo grupal. Le damos mucha importancia. Nosotros siempre decimos cuando arrancamos con un taller: “Empezamos con 20 y terminamos con 25”. Hay veces que las organizaciones que tienen el problema de tirarse para abajo, ante las imposibilidades de poder trabajar. Se hizo común terminar un taller de 20 con 5. A nosotros nos interesan, por eso los vamos a buscar a la casa, vamos a ver en qué andan.

–En la dinámica de grupo, ¿cuáles son las discusiones que habitualmente surgen?
–Creo que casi todos tienen una visión crítica de los medios. Cuando les preguntan, como por ejemplo “Policías en Acción”, sale solo, no les cuesta reflexionar sobre eso. Después hay algunos discursos sobre el consumo. Dicen: “Y consumen porque quieren”. Lo real es que se trata de trabajar, desarmando los discursos, mostrando de dónde viene, quiénes son los que lo emiten, en qué momento, siempre con la intensión de que los pibes sean críticos desde lo que ven. Al mismo tiempo, nosotros decimos que está bueno generar espectadores críticos con respecto a lo que ven, sino también volver el mensaje. Y eso tiene que ver con producir. Y ahí hay que agarrar las cámaras y saber que si uno no devuelven el mensaje, no lo hace nadie.

–La ley de Comunicación de Servicios Audiovisuales jugaría un papel importantísimo…
–Sí, todavía falta un camino muy largo por recorrer. Lo real es que todavía los espacios de los sectores populares no pueden devolver el mensaje por si solos.