En vivo, una nube sonora envuelve y atraviesa cada canción de la orquesta comandada por Maximiliano García, que se pasea por el pop, el swing y la canción romántica. En ese trance, es fácil colgarse hasta sumergirse y quedar hipnotizado por completo. Antes, el cuarteto Suena Olivia inauguró la noche con su propuesta bailable.
Por Gustavo Obligado
Fotografía: Flow Eliz
Buenos Aires, abril 30 (Agencia NAN-2013).- El soundtrack ideal para cualquier playa caribeña podría conformarlo, sin lugar a dudas, Suena Olivia y El Hipnotizador Romántico: ambos compartieron un acusticazo que no dejó un centímetro de espacio sin ocupar. La escena inusual pero atractiva se instala desde el centro de un living familiar. Hubo baile, cuelgue y amigos. Dentro de alguna callecita de Colegiales, Despierta Martínez funciona como una casa de familia y como un espacio ideal para tocar en formato acústico. El encanto pasa por un patio con mucho verde y una pileta. Hay comida casera y hasta la posibilidad de adquirir una recomendable cerveza artesanal. Panza llena, corazón contento.
La luna llena acompaña y un fresco agradable se le suma al viernes. El público espera en rondas mixtas a la espera de que alguna de las bandas programadas inicie su show. El primer turno fue para Suena Olivia, un cuarteto que puede girar el timón abruptamente y pasar de un ritmo súper bailable como en “Marinero” a pisar tierra firme junto a la hawaiana “Delfín”. Pero también puede sorprender y bajar los decibeles a una pequeña pieza como “Sirena”, emotiva y atrapante. Tanto es así que la gente llegó a improvisar algunos pasos de baile, en un espacio ínfimo en el que no había que perder el equilibrio si no querías terminar encima de alguien. El escenario quedó, entonces, a pura vibra.
A continuación se prepara El Hipnotizador Romántico y su conjunto. En este caso, la aventura viene por el lado del multiinstrumentista Maximiliano García, que se embarcó por una travesía en compañía de una verdadera orquesta de salón. Los integrantes conocidos como “Los Gitanos” son amigos cercanos de agrupaciones como Les Mentettes, Hermanos McKenzie o Cosmo. Y ellos son Rocio Maquieira en voz, Pablo De Caro en guitarra eléctrica, Marina Pérez en trompeta, Diego Chamorro en batería, Leandro Bone en bajo y Nacho García en piano rhodes.
La agrupación deriva, como tantas otras, de la nostálgica historia de Mataplantas. Se podría decir que es la historia de una banda que dejó de existir físicamente pero que espiritualmente no dejó de sonar nunca. De aquel importante semillero de músicos, se desprendieron una lista interesante de proyectos nuevos. Ya disueltos, sus miembros se abocaron a sus composiciones, a su búsqueda, y así salieron a tocar y a grabar bajo el lema de “Compartir es amar”. En ningún momento compitieron entre sí, sino que, efectivamente, se acompañaron los unos a los otros.
De esta manera, el novedoso septeto sale con una instrumentación inusual: trompeta, vihuela mexicana, que es como una pequeña guitarra y matracas. La combinación de este armamento conforma un sonido que se asemeja a un espectro viajero sobre un colchón de acordes de teclado. Así, una nube sonora envuelve y atraviesa cada canción, en la que es fácil colgarse hasta sumergirse y quedar hipnotizado por completo. Pueden pasar varias canciones atrapados entre las modulaciones de la voz de Maxi García o en tratar de reconstrutir los versos de los temas. O bien, flotar con los coros que suenan “a la Beatles” pero como si estos hubiesen nacido en Bahamas.
Los estilos que se relucen son el swing afrancesado de “La visión del amor”, el pop confesional de “En mi placard” y la canción romántica en “Navegantes de energía”. Aunque, en realidad, el gran hipnotizado de esta historia es el mismísimo Maximiliano García, quien convierte en versos su sensación acerca del amor y lo confiesa en uno de los primeros temas. En “Movimiento Floreado” cuenta cómo el vestido de una chica controla su baile, como si estuviese bajo el efecto de alguna droga.
Cuando el sonido ya esta ajustado por completo a la banda, suena una aceitada versión de “Radio Romance”. En “Isla bonita” la voz cristalina de Rocío Maquieira pasa más al frente y conforma un dialogo cuasi teatral con la primera voz. Entre tema y tema, Nacho García improvisa micropiezas jazzísticas para no cortar con la onda.
Otra particularidad proviene de la artista Johana Wilhelm, quien montó unos minuciosos trabajos en papel. Sobre una pared blanca y con la ayuda de una ampliadora se dedicó a anunciar los títulos de canción a canción, como también a proyectar distintas escenografías que podían ir desde la profundidad de un bosque hasta el efecto de movimiento de unas olas, todo en diálogo directo con la temática de las letras.
Como si se tratase de un espectáculo teatral, el público presta atención, se amontona y rodea a los músicos sin dejar una baldosa libre. Muchos se quedaron afuera sin poder pasar. Para el último tema suena “Salvajes”, que lleva al oyente directo a otra realidad. Como bien describe Maxi cuando canta: “Hoy ando hipnotizado y sin poder salir, me pierdo en un viaje con vos”.
