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Sin poesía no hay ciudad.-

De una mañana para otra, las paredes de Tucumán despertaron envueltas entre versos. Las frases, cargadas de peso, cobraron vida hasta multiplicarse y fueron ganando las calles de todo el país. En silencio, el Movimiento Acción Poética desembarcó en Argentina y cada vez tiene más adeptos. Queda claro, los barrios pueden transformarse en un lienzo o un libro en blanco para que fluya el arte.
 
Por Soledad Arréguez Manozzo
Fotografía gentileza Acción Poética San Juan
 
Buenos Aires, mayo 1 (Agencia NAN-2013).- Ladrillos gastados, pintura añeja, paredes descascaradas. El monótono escenario cobra vida con los pequeños versos que se descubren en los muros de la ciudad. La pared sacude al transeúnte distraído, interpela la rutina. Y así la poesía despierta al barrio, viaja en colectivo, compra en los negocios y se pasea por doquier. Esta es la esencia del Movimiento Acción Poética, una iniciativa del mexicano Armando Alanis Pulido, que hace 15 años comenzó a pintar paredes de la ciudad con textos poéticos y que, desde hace unos meses, se diseminó por los paredones de la Argentina. “La iniciativa plantea otra relación con el espacio público, reivindicando la palabra, tan bastardeada. El mural es un disparador. La palabra en sí es inocua, la cuestión es cómo se la carga”, resume Fernando Ríos Kissner, gestor cultural y coordinador de Acción Poética en el país, en diálogo con Agencia NAN.
 
«Sin poesía no hay ciudad». Esta primera pincelada con tinte local quedó plasmada en la pared del fondo de un negocio en Tucumán. Luego, la poesía saltó a las calles del barrio y desde allí, las palabras cobraron vida hasta multiplicarse, en tan solo nueve meses, en miles de muros de ciudades, en todas las provincias del país. “Nunca habíamos hecho algo parecido. No sabíamos escribir ni pintar en las paredes. Lo hacíamos de noche, casi de forma clandestina”, recuerda Ríos. De a poco, aparecieron ladrillos dispuestos a la pintura, los pinceles mostraron su arte de día, los vecinos se acercaron y la idea creció. La tapia del barrio se convirtió en un espacio, donde lo que empezó como ventana de autores reconocidos, desencadenó creaciones populares. “No nos convierte en poetas, tan solo nos permite hablar desde otro lugar”, explica el coordinador.
 
–Si se trata de expresarse, ¿por qué eligieron como soporte una pared y no un lienzo?
–Este soporte convive con el espacio público, nos permite resignificarlo. Las paredes pueden hablar de otras cosas, más allá de la oferta política y la publicidad. No es la bidimensionalidad de la pared, se trata de un espacio más amplio, la belleza está en el transitar hasta allí. Acción Poética se trata de escribir desde, para y con los vecinos.
–¿Puede convivir la poesía con el espacio público y la dinámica propia de la ciudad?
–Al principio no se entendía qué era, pero hoy nadie discute el valor que tiene. Aportamos un cambio de paradigma: pintar una pared antes estaba asociada a ensuciar la ciudad, a actos de vandalismo. Logramos que la gente quiera tener un mural. No hay que tener una acción violenta en el espacio público, ni utilizar palabras que hieren o provocan, para llamar la atención, puedo lograr desde un lugar amable. Es una herramienta para hablar desde diferentes lugares, de lo que tienen para decir.

–¿Todas las paredes pueden ser pintadas?
–No todas las paredes son iguales. Pensamos la frase de acuerdo a la proporción de la pared, su dimensión. Pensamos que tenga la mayor visibilidad posible, para que el que viaje en colectivo pueda leernos. Por eso, proponemos un máximo de ocho palabras, organizadas en dos renglones. La idea es decir mucho, con poco.
 
Los impulsores de esta iniciativa también trabajan el proyecto artístico en escuelas de la provincia, brindando talleres de poesía para adolescentes. “Los chicos no lo viven como una tarea, porque no nace de ‘arriba’, sino de abajo, de sus intereses. La idea es –según explican– que de ese espacio generen sus propios textos, que por medio de Acción Poética hablen, griten, digan lo que tienen ganas».
 
De esa primera pared en Tucumán, surgieron murales bilingües, en braile y hasta recorridos poéticos de varias cuadras, que conectan barrios enteros. Como si la ciudad fuera una resma de papel en blanco, la acción artística desencadenó a otra y otra, y al final, el barrio de Ríos se volvió un libro de poesía.